Lugar Misterioso: Isla de la Calavera


Isla volcánica situada frente en el océano Pacífico (se han manejado ubicaciones muy variadas, desde aproximadamente 12° S, 78º E, cerca del archipiélago de Chagos, a 2º S, 90º E, casi frente a las costas de Sumatra), califica por algunos visitantes como "el infierno", o "el peor lugar de la tierra", para otros es calificado de maravilla geológica y biológica, en la que sobreviven los descendientes de especies consideradas extintas hace millones de años en el resto del planeta. 

Si bien la primera expedición occidental moderna, de la que conservamos documentación ya que insistentes rumores hablan de otros visitantes, no tendría lugar hasta 1932, la existencia desde al menos el siglo XVIII de leyendas e historias de marineros parecen indicar, sin embargo, que ya con anterioridad se habría producido algún desembarco, y posiblemente más de un naufragio, en sus agrestes e inhóspitas costas. Se rumorea que el explorador portugués Pedro de Mascarenhas (1480-1555) pudo ser el primero en escuchar leyendas sobre una isla habitada por "dragones y gigantes" en esta parte del mundo, aunque nunca afirmó haberlas visitado personalmente. 

También es conocida, en diferentes círculos, o por hablantes de otros idiomas, como Skull Island (Inglés) Insel Totenkopf (Alemán) y Palau Mati (Indonesio), incluso un misionero británico del siglo XVI, que describió la isla en su diario, se refirió a ella con el bíblico nombre Golgotha. También se la ha llamado en ocasiones Isla Trueno/Thunder Island (posiblemente por cuestiones meramente legales para permitir su publicación) y, en ciertos informes clasificados del ejército americano durante la II Guerra Mundial, con el descriptivo (pero poco imaginativo) Dinosaur Island.

Isla Calavera es, como ya hemos dicho, volcánica y por ello sufre de numerosos movimientos de tierra a lo largo del año; estos procesos sísmicos, unidos a la erosión constante, provocan una perdida anual significativa de superficie, proceso que lleva en marcha ya varios siglos y que han mermado constantemente el espacio habitable en la ínsula. Ésta tiene, por todo ello, costas escarpadas y rocosas, rodeadas de bajíos y afloramientos rocosos, muy peligrosos para la navegación.

Una barrera de bajíos rodea casi en todo su perímetro la isla, excepto en un estrecho canal en el lado sur este, que es el único que permite pasar a barcos de calado oceánico. Además la actividad volcánica submarina es también responsable, al menos parcial, de la casi permanente cobertura de niebla, que ayuda a mantener Isla Calavera fuera de la vista de los viajeros tanto marítimos como aéreos.


Los dos rasgos "geográficos" más llamativos de la isla, a primera vista, son el Muro, una impresionante construcción de incalculable antigüedad que separa completamente  la península meridional del resto de la isla, y especialmente la impresionante Montaña de la Calavera, la elevación más alta de la misma, que sobresale sobre los árboles de la jungla, con una siniestra semejanza a un cráneo humano y que ha dado su nombre a toda esta masa de tierra. Aunque por su escala he utilizado la expresión geográficos en realidad es muy posible que ambos, sin duda el Muro lo es, sean construcciones humanas, de una antigüedad difícil de calcular. Aunque la función de esta muralla, como veremos, resulta obvia solo podemos especular sobre la razón de cualquiera para esculpir una montaña en forma de cráneo.

La mayoría de la costa es extremadamente escarpada con montañas que parecen alzarse como columnas desde el agua o a los pocos metros de la costa, el lugar más sencillo para desembarcar es la península meridional aunque es posible que otras pequeñas calas y, posiblemente cavernas semisumergidas, existan.

Los isleños

A la sombra del Muro, en la minúscula península que éste aísla del resto de la isla, malvive la escasa población humana insular, que parecen presentar una mezcla de rasgos étnico-culturales y lingüísticos muy diversos. Principalmente parecen relacionados con habitantes del Sur de Asia y la Polinesia (otros hablan de África Occidental y Papúa), pero otros rasgos fenotípicos pueden tener su origen en los varios naufragios sucedidos a lo largo de la historia y la prehistoria de la región. En realidad todo parece apuntar a que la mayoría esta población es, relativamente, una recién llegada a la isla y no desciende de los constructores del Muro a los que conocen únicamente como los Antiguos.

Según un estudio están, o al menos estaban hasta el siglo XIX, divididos en dos castas, los atu más numerosos y belicosos, y la casta nobiliaria y sacerdotal de los tagus (estructura que parece recordar a los "orejas cortas" y "orejas largas" de la Isla de Pascua) pero según un estudioso en tiempos recientes la población tagu desapareció o fue absorbida por sus súbditos, históricamente más numerosos. Las propias leyendas tagus que han sido conservadas afirmaban que solo estos eran descendientes de los Antiguos y los únicos que conocían sus secretos. 

Los atu practican sobre si mismos diversas formas de escarificación y perforaciones corporales, algunos incluso presentan los dientes limados en forma triangular, imitando rasgos de los temibles depredadores del otro lado del Muro. Muy primitivos tecnológicamente, y con escasas materias primas, utilizan herramientas prácticamente neolíticas y son, principalmente, cazadores-recolectores; una parte muy importante de su dieta es obtenida del mar, en especial moluscos recogidos en las costas, acantilados y bajíos. Una pequeña población de bóvidos, muy similares a especies del sudeste asiático conocidas como gaur, con toda seguridad no originarios de la isla, permite una primitiva ganadería. 

Según los datos obtenidos por las escasas expediciones que han conseguido salir con bien de la isla, practican una religión de tipo animista, muy difícil de distinguir de la pura magia, y creen que diversas bestias de la jungla son manifestaciones de los grandes espíritus o de los dioses, incluso los dioses mismos. Muestran también un respeto y temor profundo por las ruinas abandonadas, que creen creadas también por los mismos dioses o bien por los antepasados míticos.


El Muro y otras ruinas de la isla, incluyendo al parecer gigantescas catacumbas repletas de huesos,  que no han sido visitadas por ningún occidental (que viviera para contarlo) y quizás incluso una ciudad completa, cubierta por la densa jungla, indican un estadio anterior más civilizado en la Isla Calavera. Es posible que debido al hundimiento paulatino de la isla más ruinas antiguas estén hoy cubiertas totalmente por las aguas del mar. 

Por cercanía geográfica y por los periodos de tiempo a considerar que estos restos arqueológicos podrían estar vinculados con la antigua cultura muviana o lemuria, lo que significaría el más importante vestigio conocido de dichas civilizaciones.

Las ruinas dispersas por la isla son de estilo monumental, con estructuras que han aguantado muchos años de abandono ante la jungla y las bestias salvajes y que, aún así, aún se mantienen en pie. Se dice que hay una ciudadela particularmente bien conservada en algún lugar del interior del interior de la isla, pero su ubicación exacta es desconocida. 

Corren abundantes leyendas sobre tesoros fabulosos escondidos en la isla, incluido el tesoro del legendario pirata Henrik van der Decken (capitán del Holandés Errante), pero, hasta donde nosotros sabemos, nadie ha conseguido hacerse con ninguno de estas supuestas riquezas. También hay algunos que aseguran que en Isla Calavera se encuentra un acceso directo a la mítica Tierra Hueca.

Bestias de Isla Calavera

Además de por este triste pueblo de humanos, la isla está habitada por criaturas variadas, que parecen surgir de eras geológicas más antiguas. No sólo aparecen bestias a primera vista muy similares, aunque no idénticas (como desvela un estudio concienzudo) a los dinosaurios del mesozoico, si no también variedades de otras especies, igualmente consideradas extintas, pero más modernas, como osos de las cavernas o perezosos gigantes, del  periodo cenozoico.

Un estudio, necesariamente superficial, de algunas de las representaciones artísticas en las ruinas parecen indicar que los visitantes pretéritos del lugar poseían la capacidad de controlar y contener a algunas de  estas bestias, utilizando diversos productos naturales o tecnología hoy perdida.

Entre las especies (catalogadas tentativamente por diversas expediciones a lo largo de los años 30) cabe destacar una especie de primates gigante, capaces de superar los seis metros de altura, llamada por los nativos "kong", sin que conozcamos la etimología ni la lengua de la que procede dicha palabra, pero cuya figura aparece ya representada de forma repetida en las ruinas, siendo muy abundante en la decoración mural y mueble. En términos científicos se le clasifico tentativamente como como Megaprimatus Kong, considerándose los únicos representantes de una "tribu" de la familia homínida (aunque tiene similitudes evidentes con los gorilas) 

Se desconoce si posee formas de organización social similares a las de otros grandes simios, al haberse encontrado tan sólo un ejemplar vivo de la especie. La ausencia de especies similares, de cualquier clase, tanto en la isla como en las tierras circundantes (el único gran primate que habita en áreas cercanas es el orangután y no parece haber ninguna vinculación entre ambos), así como su recurrente presencia de los kongs en las representaciones contenidas en las ruinas, nos hacen pensar que, posiblemente, estos titanes serían traídos a la isla desde otro lugar, con algún propósito claro, pero hoy olvidado.  

También podemos mencionar el saurio para el que se ha propuesto el nombre de Vastatosauro Rex, el depredador más grande y temido de la isla, que puede alcanzar los 21 metros de largo y pesar más de 15 toneladas. 



Otro depredador, tentativamente clasificado como Venatosaurus Saevidicus, mucho más pequeño, es peligroso por su habilidad para cazar en grupos, incluso a bestias mucho más grandes. Entre sus presas se encuentra el Brontosaurus Baxteri, un saurópodo de gran tamaño, o el Liggocristus innocens, un hadrosaurio.

Debemos mencionar también, ya que pueden ser muy peligrosas, las especies de artrópodos y gusanos carnívoros, la mayoría de ellos carroñeros que, aunque demasiado pequeños para atacar a los grandes saurios, podría acabar fácilmente con un grupo de exploradores, incluso aunque estos estén fuertemente armados. Entre ellos podemos mencionaran el arachnocidis (una especie de araña de gran tamaño) o el deplector (artrópodos gigantescos, con un marcado dimorfismo sexual, con hembras varios órdenes de tamaño mayores que los machos de su especie). Se habla también de una especie gigante de rata, cuya implicación en cierto caso de un conocido detective el mundo aún no está preparado para conocer.

Diversas especies de aves, algunas voladoras y otras terrestres, y mamíferos también habitan en la isla. Sin embargo, una de las criaturas más desagradables de la misma es un mamífero volador, similar a un murciélago, al que los científicos han llamado terapusmordax obscenus de tamaño similar al de un humano adulto (aunque mucho más ligero). 

Rumores sobre una instalación de alta tecnología, un laboratorio o zoológico, oculta en algún lugar de la densa jungla no han podido ser confirmados, pero de ser ciertos podrían indicar que alguien ha estado ocultando, concienzudamente, la localización de esta isla al mundo, posiblemente con siniestras intenciones.

El destino de la isla

Los informes sobre Isla Calavera se muestran increíblemente confusos y contradictorios con su sino posterior a 1933 (año en que la isla entró en la conciencia pública debido al conocido incidente en Nueva York); casi todos concuerdan en que la inestabilidad geológica de la isla terminó provocando su total hundimiento, en algún momento entre esa fecha y la actualidad, pero existen grandes discrepancias en la cronología exacta. 

Algunos afirman que la ínsula su hundió ya durante ese mismo año de 1933; otros dicen que su fin tuvo lugar durante la segunda guerra mundial (sin que se pueda precisar la fecha exacta) y un grupo, hoy minoritario, defienden que la isla seguía existiendo, al menos, hasta mediados de los 50 (que parece concordar con los informes, ya mencionados, de la marina americana que detallan varios encuentros con esta isla durante la Guerra del Pacífico).

Sin poder afirmar nada más concreto (nuestros investigadores enviados a comprobar el estado actual de la misma han vuelto con las manos vacías o no han vuelto en absoluto) hemos de dejar abierto ese interrogante.

Por su misma naturaleza no podemos desechar la idea de que pueden existir aún otros enclaves similares, con características análogas a la Isla Calavera o que las historias sobre su destrucción sean parte de esa misma conspiración que ha intentado ocultar su existencia

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