César Borgia (1475-1507), Duque de Valentinois, es una de las figuras más polémicas y, posiblemente, difamadas del renacimiento. Miembro de la influyente, y no menos polémica, familia Borgia (originalmente Borja, originarios de Valencia) César ha sido considerado un modelo de ambición absoluta, depravación completa y crueldad insaciable. Hijo natural del papa Alejandro VI su figura sirvió también, y todavía sirve para algunos apologistas, como ariete protestante contra el catolicismo, retratado como ejemplo de la decadencia moral de la sede romana.
Hay, por ejemplo, una tradición que afirma que tanto Alejandro VI como sus hijos, tanto César como su hermana Lucrecia, formaron parte de un depravado culto extendido entre la nobleza romana (dedicado posiblemente a la adoración de una de las manifestaciones del oscuro Nyarlathotep, bajo la advocación del egipcio Apis, como quizás señale el uso del toro en el escudo familiar) que fueron los responsables de la confección de la máscara. Un panfleto (citado por J. Collin de Plancy) afirma que el Papa poseía un demonio familiar, que sería a su vez heredado por su hijo tras su muerte (producida en 1503).
Otros llegan a verle con cierta simpatía, sin negar su ambición y determinación despiadada, como un político magistral en el despiadado tablero de la Italia de su época; un mosaico de estados y familias enfrentadas en las que sus acciones no desentonan, normalmente, tanto por su naturaleza como por su espectacular escala. Pero, incluso aquellos que afirman estar horrorizados por sus crímenes y excesos, no pueden evitar, en ocasiones, aparecer admirados por su pasión y coraje indiscutible.
En la época pulp César, o una versión casi mitológica del personaje, apareció ocasionalmente en las revistas, protagonizando aventuras históricas, en ocasiones con un tinte sobrenatural. Uno de sus mayores fans fue Rafael Sabatini (famoso autor italo-británico creador de El Capitán Blood, el Halcón del mar o Scaramouche) quien escribió varios relatos, una biografía y otros textos sobre el duque (Diábolo publico en español una antología de estos textos). En Weird Tales podemos encontrar relatos protagonizados, o condimentados, por César de la pluma de Arthur Edward Chapman, por ejemplo The Borgia Ring (1925) o el mismo August Derleth, A Dinner at Imola (1929), entre otros.
El cine también dio lugar a múltiples interpretaciones de los Borgia, rodadas en diversos países, y el duque de Valentinois fue interpretado por rostros tan conocidos como Conrad Veidt (en Lucrezia Borgia, 1922, Richard Oswald) o Orson Welles (en El príncipe de los zorros, 1949, por Henry King).
Por todo ello muchas de las historias más dramáticas (y picantes) que se cuentan sobre este personaje, desde su romance incestuoso con su hermana Lucrecia o su afición desmesurada al uso del veneno, son prácticamente indemostrables, propaganda interesada o producto de la cuidadosa exageración de sucesos reales. Por las mismas condiciones la historia sobre su máscara son igualmente difíciles de corroborar.
El duque enmascarado
Parece cierto que César contrajo en su juventud el mal francés, como comenzaba a ser conocido en aquella época la sífilis, ya que tal extremo parece confirmado por testimonios fiables. Por ejemplo, el valenciano Gaspar Torella, escribió el Tractatus cum Consiliis contra pudendagram seu morbum gallicum, publicado en 1497, en el que incluye cinco historias clínicas sobre la enfermedad y se sospecha que la primera corresponde a César.
Sin embargo, el que llegara a utilizar una máscara cubierta de seda negra, o hecha de oro según otros textos, para ocultar los supuestos estragos de la enfermedad en su rostro es más difícil de demostrar, ya que las afirmaciones en ese sentido son tardías o proceden claramente del lado de sus peores enemigos. Aún lo es más la afirmación de que su última y desesperada carga, en la que encontró la muerte en 1507, fuera motivada por la locura asociada a las últimas fases de esa misma enfermedad.
Otra historia, quizás más siniestra, afirma que la máscara Borgia a la que nos referimos no fue utilizada por César en vida, si no que en realidad fue elaborada sobre una máscara funeraria, y que refleja su apariencia tras la muerte.
Tras la muerte de César
Pero lo cierto es que, poco después de su fallecimiento, la historia sobre la existencia de una máscara atribuida al duque, empezó a circular en diversas cortes europeas. Según esta narrativa la máscara, imbuida de alguna clase de poder sobrenatural, confería a su portador un carisma irresistible, una habilidad para doblegar las mentes más débiles. También, sin embargo, se decía que la máscara estaba maldita y que nadie que la poseyera podría vivir mucho tiempo.
Ya en torno a 1570 en los entornos de la corte francesa, una mujer misteriosa conocida como Fausta Borgia parece haber sido, al menos temporalmente heredera de la máscara. Aunque afirmaba ser nieta de la hermana de César, Lucrecia (1480-1519), los detalles exactos de su árbol genealógico son desconocidos. Aparece como cabeza de una oscura conspiración, de objetivos imprecisos pero innegable poder, y, a menudo, utilizando una máscara para ocultar su identidad (como narra Michel Zévaco en su saga sobre los Pardaillan) Según el autor francés la conspiración de Fausta incluía su pretensión de ser coronada papisa y emperatriz, cabeza de un imperio religioso además de político.
Existe otra teoría histórica completamente alucinada, una mera teoría de la conspiración acrecentada como tantas por internet, que asegura que el rostro (sin marcar por la enfermedad) de César sería el modelo para las imágenes renacentistas de Jesús (y a partir de allí de todas las posteriores), no sólo es absurda, si no fácilmente demostrable como tal.
Otros rumores relacionan la máscara Borgia con la misteriosa figura conocida como el Hombre de la máscara de hierro. Este es un individuo que supuestamente estuvo prisionero durante décadas (1669-1703) en varias prisiones bajo la autoridad de la corona francesa. Su detención se realizó bajo el pseudónimo de Eustache Dauger pero las teorías sobre su verdadera identidad comenzaron a correr casi inmediatamente; rumores sobre que se trataba de una gran figura de la corte, un noble exiliado o (como noveló Alejandro Dumas noveló en su Vizconde de Bragelonne) un gemelo perdido del rey Luis XIV. Las historias más siniestras asocian aún a la figura a misas negras e incluso, pese a los problemas cronológicos, al infame Asunto de los venenos (1677-1682). Pero las preguntas se acumulan en este caso, si era un prisionero peligroso ¿por qué permitirle llevar la máscara en su prisión? ¿por qué no simplemente ejecutarle? ¿es posible que de alguna manera el poder de la máscara fuera contenido o anulado por sus carceleros?
Sea como sea la máscara no reaparece en la historia durante un largo tiempo, aunque diversos rumores sitúan la máscara en los sotanos de la Bastilla (precisamente el lugar donde, supuestamente, murió el Hombre de la máscara de hierro) y perdida durante los eventos del asalto del 14 de Julio de 1789. Otros señalan a diversas organizaciones criminales en el submundo criminal parisino de las décadas de 1860 a 1920 (entre ellos los conocidos como les Habits noirs o Les vampires), como relacionados con la posesión de la máscara o incluso en lucha por su posesión.
La Máscara de los Borgia (para la Llamada de Cthulhu)
Se trata de una máscara completa, que cubre la totalidad del rostro de su portador (excepto los ojos y una fina ranura a la altura de la boca) y que representa unos rasgos andróginos genéricos, está cubierta de terciopelo negro y se sujeta con una banda de seda, también negra, en torno a la cabeza. Parece algo desgastada y deteriorada por el tiempo, incluso presenta algunas grietas.
Cualquiera que lleve puesta la máscara obtiene un dado de ventaja en cualquier tirada de Charlatanería, Encanto, Intimidar o Persuasión. Sin embargo la máscara provoca visiones terribles a su portador (normalmente imágenes terribles de muerte y mutilación), visiones que van provocando una paulatino deterioro de su salud mental. Cada vez que se la ponga, o tras una hora de llevarla ininterrumpidamente, el personaje debe realizar una tirada de Cordura, con una perdida potencial de 1d4 puntos.




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