Lugar misterioso: Opar


En el corazón de África existen muchas leyendas sobre ciudades perdidas, pero hay una que se repite más que otras, rodeada de promesas de oro, joyas y maravillas sin cuento. Se trata de una ciudad antiquísima, llamada Opar.

Orígenes

Según algunas historias Opar fue antaño una colonia atlante, que quedó aislada de su madre patria hace muchos siglos, a su propia suerte en el interior del continente africano.  Esto se vincula con otras supuestas ruinas atlantes africanas igualmente misteriosas. Solomon Kane encuentra la ciudad de Negari, que también está habitada supuestamente por descendientes de atlantes (aunque mi propia suposición sitúa esta ciudad de Negari muy lejos de Opar).  Como habría llegado a establecerse una colonia atlante en un lugar tan remoto (hoy Opar está completamente rodeada de tierra y muy lejos del océano Atlántico) a llevado a muchos a suponer una conexión con la mucho menos conocida tierra perdida de Khokarsa, un imperio marítimo prehistórico (organizado en torno a un mar interior africano hoy desparecido) del que hablaremos en posteriores entregas y que tuvo su apogeo en torno al 10 000 a.c.

Aunque muchos de los datos narrados por las leyendas parecen difíciles de creer, lo cierto es que en una amplia región del interior de África, ocasionalmente, se han encontrado extraños restos arqueológicos; estos parecen corresponderse con una cultura, similar en cuanto a tecnología al Egipto de los faraones, en una época muy lejana del pasado y confirmar algunas de las afirmaciones más alocadas Khokarsa y sus descendientes. Los pocos que afirman haber visto la ciudad corroboran que se trata de un monumento completamente distinto, en estilo y ejecución, a cualquier otras ruinas antiguas africanas, como si perteneciera a una tradición arquitectónica diferente, más extraña.

Otros han señalado la similitud del nombre con el igualmente legendario Ophir u Ofir, que aparece brevemente en un episodio bíblico, como un estado contemporáneo al rey Salomón. De ser cierta esta identificación indicaría que aún en torno al 3000 a.c. la ciudad de Opar, mantenía una población civilizada y participaba en intercambios comerciales a larga distancia. Sin embargo, la conexión con el Ophir mencionado en las Crónicas Nemedias parece remota, sin embargo hay una posible conexión con el reino de la era hiboria conocido como Punt.


Un autor, al menos, he hecho una firme defensa de que Opar en realidad se trataría de una colonia cretense, pero esto parece contradecirse con todos los datos aportados.  

Las leyendas que hablan sobre esta ciudad maldita, y sus habitantes bestiales que ocasionalmente salen para cazar víctimas para sus sacrificios, se ha extendido por buena parte del centro de África, lo que hace muy difícil aventurar su posición exacta, pero todo parece indicar las tierras orientales de la actual República Democrática de el Congo. 

En la propia narración de sus tradiciones transcritas por E. R. Burroughs (supuestamente de las palabras de La) habla de un gran imperio marítimo y grandes ciudades situadas mucho más al norte, mientras que Opar sería únicamente un remoto puesto minero, la más pequeña parte de esa grandiosa civilización. De ser así, y ante la resistencia y escala de algunos de los edificios, solo podemos maravillarnos ante las hazañas de un pueblo tan remoto.


Construcciones

Según cuentan los escasos testigos que afirman haber visto la ciudad, y la sabiduría popular de la región, aunque la ciudad ha sido asaltada por la incansable selva aún muchas de sus estructuras siguen en pie, una muralla aparentemente inexpugnable rodea todavía sus edificios, algunos de los cuales aún se alzan, con sus torres de gran altura y cúpulas doradas, por encima de los árboles.

La mayor de las construcciones conservadas es el llamado Templo del Sol, rematado con una figura de un ave gigantesca y decorado con tablillas doradas, cubiertas de jeroglificos que nadie ha sido capaz de interpretar, aunque según al menos un testigo guardan cierto parecido con la escritura Tifinagh del norte de África. El interior de este Templo está dividido en varias cámaras y habitaciones de tamaño variable, que parecen seguir una distribución radial. Al fondo del edificio existe una sala llamada la Cámara de los Muertos, donde se cree que los espectros de los oparianos muertos realizan sus propias ceremonias y sacrificios. De esta sala saldría un pasillo secreto que conduce hacia los sótanos, donde se encuentra la Cámara del Tesoro, llena hasta el techo de lingotes de oro, y la Cámara de los Joyas, con gemas en bruto y talladas en cantidades ingentes.

Un testimonio poco fiable afirma que el dios es referido por el nombre Valka, al menos por la sacerdotisa La, nombre atestiguado en algunos supuestos textos atlantes. Según un Himno a Valka (reconstruido a partir del testimonio de un hombre que afirmaba ser un antiguo Atlante reencarnado) este es el padre de los hombres y protector de la civilización. Otros sin embargo lo asocian con Resu, lectura dudosa del nombre del antiguo dios solar khokarsiano (como en otros casos es posible que la confusión entre Atlantis y Khokarsa haya llevado a investigadores a usar el nombre Valka erróneamente en este caso). 

Esta promesa de oro y joyas en cantidades impensables ha atraído a gran cantidad de aventureros y soñadores, pero lo inhóspito del área y la dificultad para llegar hasta ella, han costado la vida a la mayoría de ellos mucho antes de acercarse siquiera a su supuesta localización. 

Pobladores de Opar

La población opariana presenta un visible dimorfismo sexual, los varones son simiescos, con colmillos prominentes y rostros deformes mientras que las mujeres son más ligeras, proporcionadas y, desde el punto de vista de los visitantes humanos, incluso hermosas. Se cree que estas características pueden derivar del cruce con alguna variedad menos desarrollada de homínido presente en la región en el pasado y hoy posiblemente desaparecidos, pero no explica el que estos rasgos sean más visibles entre un género que en el otro. Estudios antropométricos realizados sobre los supuestos restos de una mujer opariana señalan, sin embargo, la presencia de rasgos óseos y morfológicos primitivos, quizás no apreciables a simple vista, pero si ante un análisis osteológico detallado. 

Algunos investigadores afirman que se trata de un proceso artificial de selección. Creen practican la exposición de los niños de ambos sexos que difieren de estos caracteres ideales, es decir las niñas con rasgos simiescos y los niños demasiado humanos son dejados a la intemperie para morir, reforzando los rasgos deseados. Sin embargo esto no explica el origen de esta tendencia cultural o el motivo por el que esta práctica se ha alargado en el tiempo hasta convertir dichos rasgos en endémicos. Es posible que este vinculado con una antigua separación religiosa o tabú de los antepasados de los oparianos, ya que desde que tenemos noticias han sido gobernados por una línea de sacerdotisas (aunque las historias más desaforadas afirman que se trata de una única mujer inmortal) llamadas siempre La. 

Una teoría, polémica en extremo, vincula a la sacerdotisa La con el planeta Barsoom. Incluso es asociada con la misma Issus, divinidad barsoomiana que parece tener una indeterminada pero precisa correlación con el culto egipcio a Isis. La relación entre el culto a Issus-Isis-La y el culto solar imperante en Opar puede resultar paradójica a primera vista, pero recordemos que Isis es en la tradición egipcia la madre de Horus (dios que al menos en alguno de sus aspectos está asociado al sol). 

En los años 30 el número de habitantes es muy escaso, no más de cuatrocientos o quinientos adultos, y en franco descenso, por lo que algunos aventuran que la ciudad quedará prácticamente desierta ha mediados de los 40 (un rumor insistente dice que una columna militar perdida acabó con los últimos habitantes de la ciudad durante la segunda guerra mundial). Los habitantes de Opar no utilizan flechas, se cree que por motivos religiosos y no por ninguna incapacidad biológica, ya que parecen poseer la suficiente coordinación y agudeza visual para poder convertirse en arqueros si lo intentaran. 

Adoran a una única divinidad, el Dios Llameante, y lo hacen de forma sangrienta, ofreciendo sacrificios humanos en la cámara central del Templo del Sol. Según la descripción del ritual que aparece en la obra de Sir Wade Jermyn, Observaciones de las diversas partes de África (no queda claro Sir Wade realmente observó el ritual o solo repite historias llegadas de segunda o tercera mano), la víctima es atada, viva y consciente, a un altar situado bajo una estrecha apertura en el alto techo; cuando el sol atraviesa esta ranura, de forma que sus rayos incidan en el pecho del sacrificio, la sacerdotisa de turno clava en ese punto un puñal de obsidiana. A continuación los hombres y mujeres de la ciudad, con copas de oro, beben la sangre que escapa de la herida y corre por una serie de acanaladuras talladas para este fin en el altar.

La ciudadela de los Bolgani

A escasa distancia de las ruinas de Opar se encuentra otro complejo en ruinas, posiblemente parte del mismo grupo cultural original; quizás un puesto avanzado o alguna clase de refugio religioso, político o militar. Está  también rodeado de una muralla de granito, aunque más basta y menos impresionante, con una única puerta en su lado este y en su interior hay, dejando de lado un puñado de chozas en mal estado y de construcción reciente, únicamente un gigantesco edificio de apariencia fantástica, con multitud de torres de distinto tamaño.

Esta ciudadela está habitada por seres aún más bestiales, al menos en apariencia, que los oparianos. Están divididos en dos tipologías claramente diferenciadas: una muy similar a los gorilas (pero evidentemente con una inteligencia muy superior), que gobiernan la ciudadela y forman la clase dirigente; y otra, que por las descripciones recuerda a las reconstrucciones de austrolopitecinos, más pequeños y estilizados, que actúan como esclavos de los primeros.

Los bolgani (palabra que en otro contexto se ha utilizado para referirse a los verdaderos gorilas) adoran a un dios-león, aunque puede mencionarse posibles restos de una tradición totémica y que el león sea, posiblemente, el totem de una antigua dinastía real o gobernante.

Los oparianos y los bolgani, pese a su cercanía, parecen vivir mayormente unos a espaldas de los otros, aunque ambas poblaciones se encuentran en franca decadencia.  


Ubicación

La ubicación de la ciudad perdida, y la ciudadela, es difícil de precisar pero la mayoría de indicios señalan hacia la parte más oriental del territorio conocido en los años 30 como Congo Belga, en la región oriental del mismo y por tanto cerca de las posesiones británicas y alemanas en África Oriental.

Algunos precisan aún más y señalan a la región de Virunga (que hoy es un parque natural) como su ubicación más probable.

Conexiones con otras localizaciones

Otras tierras perdidas del interior de África se han conectado directamente o indirectamente con Opar. La ciudad perdida de Zinj, mencionada como fuente de diamantes en periodo histórico, o los asentamientos conocidos como Athne y Cathne o la misteriosa ciudad de Opak-Re, y por supuesto la ya mencionada Zu-Vendis y la mítica Kôr, hogar de otra sacerdotisa pretendidamente inmortal, la sin par Ayesha.



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