Bienvenidos al Kalahari
El terreno es bastante plano, con campos de dunas, zonas de llanura arcillosa (llamadas pan) y algunas colinas y mesetas rocosas, especialmente en la parte más septentrional. Aunque no es, técnicamente, un "verdadero" desierto por su pluviosidad, es igualmente un terreno duro y difícil de transitar. El único rio permanente, el Okavango, es excepcional ya que no descarga en el mar, ni en un lago, si no que se divide en un amplio delta interior, que forma una red de canales y lagunas y cuyo nivel de agua fluctúa significativamente a lo largo del año.
Los estudios geológicos han demostrado que, a lo largo del tiempo, este territorio ha tenido épocas de mayor pluviosidad, que posibilitaron la existencia de otros ríos permanentes y más abundante vegetación, situando el periodo de máxima humedad en torno al 17500 a.p. Por ello podemos observar la existencia de antiguos lagos y cauces de ríos (omuramba), hoy secos, que se inundan ocasionalmente durante la estación de lluvias (por ejemplo en 1934, considerado un año particularmente lluvioso, no solo los ríos volvieron a fluir, si no que se formaron grandes lagunas en algunas zonas). Existen también grandes reservas de agua subterráneas en algunas zonas, pero el acceso a las mismas suele ser complicado y requerir pozos de gran profundidad.
Una fuente adicional de líquido, especialmente durante la estación seca, son los melones salvajes (tsamma), que crecen en abundancia en la región, aunque de sabor amargo; los san también aprovechan la pulpa de sus semillas para fabricar una pasta, que ayuda a proteger la piel de las inclemencias climáticas. La vegetación también incluye diversas especies de pastos, plantas espinosas, matorrales y acacias, y es especialmente densa en la región nororiental.
La fauna es variada e incluye todos los tópicos de la sabana africana: avestruces, elefantes, jirafas, diversas especies de gacelas, ñus... entre las especies cazadoras o que pueden ser un peligro para viajeros humanos podemos incluir los leones, varias especies de hienas, chacales y leopardos. Los babuinos pueden también llegar a ser peligrosos si se les confronta, pero normalmente la mayoría de los animales prefieren huir o ignorar a los humanos. Dentro de los peligros de la región también se suele mencionar la gran cantidad de escorpiones cuya picadura no suele ser mortal, aunque si puede ser extremadamente dolorosa.
Habitantes de la región
Conviven poblaciones de lengua bantú (como los ovambo, los tswana, los kgalagadi, y los herero) y de lengua joisán, fundamentalmente los san (llamados en castellano, tradicionalmente, bosquimanos y en inglés bushmen) y los khoikhoi (tradicionalmente hotentotes). Físicamente, los bantúes suelen ser de piel más oscura y mayor estatura, mientras que los san son de más corta estatura y con piel más clara, casi amarillenta según algunas descripciones (que en la fantasía difusionista llevaron a algunos a buscarles un origen asiático).
Los pueblos bantúes solo se establecieron en la zona a partir del siglo XVIII. En realidad, muchos herero se han establecido en el área noroccidental en tiempos mucho más recientes: escapando del genocidio perpetrado por los alemanes en el periodo 1904-1908. La mayoría son pastoralistas, con rebaños de ganado bovino (cuya posesión es, además, fuente de prestigio social), ovino y caprino, que pasta en semilibertad, y viven en pequeñas poblaciones, de como mucho unos cuantos centenares de habitantes. En torno a estos asentamientos hay magros campos de maíz, sorgo y calabazas.
Los san, en realidad una variedad de pueblos y lenguas, relacionados pero no idénticos, descienden de poblaciones que habitaban la región desde la prehistoria y algunas veces se les ha definido como "el pueblo más antiguo de la tierra". Su forma de vida tradicional, de cazadores recolectores seminómadas, no ha llevado al desarrollo de grandes asentamientos permanentes, ni estados complejos. Los khoikhoi tienden más a practicar la ganadería, aunque también son seminómadas, y muchos se han convertido recientemente al cristianismo y han adoptado más elementos de la cultura europea en su vestuario y costumbres.
Al igual que otros muchos pueblos africanos, los san y khoikhoi han sufrido duramente bajo la administración colonial, que ha intentado en distintos momentos, someterlos, aculturarlos, desplazarlos o exterminarlos (especialmente a manos de los afrikaners, sudafricanos de ascendencia mayormente holandesa). Pero además también sufren a menudo de una consideración de ciudadanos de segunda por parte de otros grupos étnicos africanos, que los han sometido también a periodos de esclavitud y persecución.
Aquí una pequeña galería de fotos tomadas por una expedición antropológica en 1911.
La población de origen europeo es muy escasa, casi inexistente más allá de la franja más meridional, consistente sobre todo en misioneros, patrullas de la policía colonial y, ocasionales, safaris y expediciones de prospección. También hay algunas comunidades de ganaderos y cazadoress afrikaners, pero muy poco numerosos.
Historias de la ciudad perdida
En 1885 el explorador, funambulista y promotor de espectáculos William Leonar Hunt (más conocido por su nombre artístico, Gilarmi Antonio Farini o el Gran Farini) cruzó el desierto del Kalahari y escribió un libro sobre sus experiencias (Through the Kalahari). Junto a él viajaba su hijo adoptivo Lulu Farini (nacido Samuel Wasgatt, se había hecho famoso en su juventud como funambulista, actuando bajo el nombre de Mademoiselle Lulu y luego se había casado con otra de las hijas adoptivas de Farini) como fotógrafo, un comerciante y cazador alemán, Fritz Landwer, y un guía san, Gert Louw. Pero, si por algo es conocido su relato del viaje, es por afirmar que había descubierto las ruinas de una gran ciudad abandonada en el Kalahari. Sus indicaciones son un poco imprecisas, pero en general sitúan la ciudad al este del Nossob, uno de los ríos secos de los que hablaba anteriormente.
Aunque su relato quedó, relativamente, olvidado durante casi cuarenta años, su redescubrimiento en los años 20 y 30 despertó nuevo interés por las ruinas, lanzándose varias expediciones (incluyendo prospecciones aéreas) sin éxito a partir de 1930. Ninguna de ellas consiguió identificar el lugar referido y, ni Hunt (que murió en 1929), ni su hijo (que murió en 1939) volvieron, que sepamos, al desierto, ni dieron más indicaciones sobre su ubicación. Gert Louw, el guía nativo, también había muerto ya en 1915, sobre el destino del alemán Landwer (la cuarta persona presente en el descubrimiento) no hemos encontrado más referencias, sin embargo y es posible que siga vivo durante el periodo pulp.
A lo largo de los años otras personas, normalmente perdidas, afirman haber visto o incluso visitado las ruinas por accidente. Así algunas historias de exploradores afirman haberlas encontrado tras una tormenta de arena, siendo incapaces de volver a localizarlas después. Curiosamente muchos de estos testimonios parecen describir el asentamiento como una antigua ciudad costera (o al menos con un puerto fluvial), lo que solo puede señalar a la fabulosa antigüedad de dichas ruinas (y asociarse naturalmente con las leyendas de Khokarsa). También, al menos un testimonio afirma haber encontrado inscripciones en una lengua desconocida (quizás pictográfica) y cuerpos embalsamados en los subterráneos de la ciudad.
Los rumores sobre la presencia de diamantes y esmeraldas (rumores que serían confirmados algunas décadas después de la era pulp; hoy, por ejemplo, la mina de Jwaneng es considerada la mina de diamantes más rica del mundo) abundan por lo que, algunos, han querido identificar estas ruinas con las míticas minas del rey Salomón. Otros han querido asociarlo con el Gran Zimbabue (situadas muchos kilómetros hacia el este). También se dice que un antiguo mapa portugués, conservado en la biblioteca de la Universidad de Pretoria y datado en 1740, señala la existencia de una ciudad abandonada en el desierto más o menos en las mismas latitudes que la descrita por Hunt.
Las historias de los san a menudo hablan también de ruinas, aunque no parecen tener especial interés en ellas, incluso afirman que las ruinas (y los tesoros que contienen) están protegidas por las maldiciones de sus antiguos habitantes y por manadas de leopardos particularmente fieros. Señalan que estas se encuentran en una región donde las dunas, siempre cambiantes, dificultan encontrar su camino y, a veces, las mismas ruinas son cubiertas (y descubiertas) por la arena. Aunque la mayoría de los relatos nativos no dan nombre a las ruinas, otros le dan el nombre de Odwina.
La realidad es que el grueso de Odwina no se encuentra en la superficie, si no bajo esta; aunque no podemos afirmar cuando sucedió o como, parece que la superficie, y posiblemente los niveles superiores de los túneles, fueron abandonados cuando alguna clase de desastre natural obligó a los antiguos habitantes de la ciudad a refugiarse bajo tierra, provocando con el tiempo cambios biológicos que han permitido una mejor adaptación de estos al medio.
Para representar a los habitantes de Odwina, al menos a los grupos más agresivos que habitan en las cavernas superiores, puedes utilizar en Savage Worlds las estadísticas de Necrófago que aparecen en la Guía de Género: Horror (la versión que aparece en la Guía de género: Fantasía, aunque muy similar, es un tipo de no-muerto y no una especie "viviente", como es el caso)
No se ha llegado a establecer por nuestros equipos de investigación la profundidad máxima de estas cavernas, y algunos especulan que conectan con un sistema más amplio que abarcaría buena parte del globo, o incluso con la legendaria Tierra Hueca. Existen amplias zonas inundadas y edificaciones ruinosas, que muestran una paulatina decadencia de la población y su civilización. Algunos han sugerido que, ya que ellos no parecen darle importancia a los diamantes que abundan en el subsuelo, utilizan estos como cebos para atraer presas desde la superficie.




Comentarios
Publicar un comentario