martes, 16 de octubre de 2012

Cosas para leer: Los Nuevos 52, el nuevo Universo DC y a vueltas con la continuidad



Supongo que todo el mundo que ha seguido más o menos el mundillo del comic comercial americano, se ha enterado de la remodelación profunda de sus colecciones y su universo de ficción que ha llevado a cabo la editorial DC en los últimos dos años. De un día para otro todas sus colecciones en curso cerraron, algunas de forma muy poco digna, para dar paso a 52  cabeceras (algunas clásicas, otras nuevas) que nos describían un universo diferente al que habíamos conocido desde los tiempos en que Crisis Infinita había acabado con el multiverso de DC (allá por 1986)

A primera vista todo parece muy similar a ese momento. Autores punteros redefinen el entorno e historia de los iconos de la editorial (especialmente Superman), remozándolos para una nueva generación de lectores y desechando gran parte de la continuidad anterior.

Como en aquella ocasión nos encontramos a personajes que siguen sin apenas cambios (la colección de Linterna Verde por ejemplo continúa casi donde se quedó antes del evento) junto a otros más o menos radicalmente alterados, o directamente otros desaparecen de la nueva continuidad; como suele pasar en estos proyectos también sufrimos unas cuantas incoherencias y errores de coordinación, mientras  se eliminan o remodelan aquellos elementos considerados como pasados de moda.

Hay, sin embargo, una diferencia sustancial, mientras que Crisis en Tierras Infinitas fueron un acontecimiento único en su momento, la DC de los últimos años ha estado dominada por una serie de acontecimientos editoriales supuestamente trascendentales, y que a menudo introducían revisiones en la continuidad,  casi sin pausa, Crisis de Identidad, 52, Crisis Infinita y Flashpoint  diluyendo el efecto de este último experimento. Pero ¿por qué necesitaba tan desesperadamente DC una remodelación en este momento?

La continuidad como problema

Pese a que los superhéroes se han puesto de moda en la gran pantalla las ventas de comics están en constante decadencia y las editoriales buscan desesperadamente cualquier forma de reactivarlas. Se escuchan muchas recetas y análisis para señalar las razones de esta situación. Y algunas personas consideran  que uno de los problemas principales es la existencia de la continuidad,  que según ellos sólo  provoca que las historias no se entiendan y sean cada vez más para un grupo de entendidos, que son los únicos que captan las referencias, cada vez más arcanas y enrevesadas. Estos señalan que algunos de los mejores comics del género son ajenos a la continuidad aunque personalmente creo que ese es un argumento tramposo; precisamente Watchmen, una de las obras más citadas en ese sentido, hace un ejercicio consciente y transparente de creación de una “falsa” continuidad para situar la historia.

Para mí, sin embargo  la continuidad en sí misma, y el concepto de universo compartido de DC o Marvel, no son el problema, y en realidad podrían ser herramientas narrativas  muy útiles en un medio dominado por personajes fijos tratados por equipos creativos diferentes, dando una coherencia  externa a dichas historias. El universo cinematográfico de Marvel, en el que las distintas películas se refieren y reconocen unas en otros es un ejemplo de como, bien llevado, esto puede ser un elemento para el éxito, aún con el público general como objetivo. Bien llevada la continuidad proporciona algo de lo que carecen las historias auto-conclusivas, que es la concatenación de causa y efecto que dota de cierta pretensión de credibilidad a las increíbles tramas del género.  En mi opinión el problema con la continuidad es otro, tanto en Marvel como en DC, esta se ha estancado, perdiendo finalmente su sentido mientras los acontecimientos son cada vez más convulsos y poco convincentes.

En su momento leímos como Peter Parker abandonaba el instituto e iba  a la universidad, los Richards (4F) contraían matrimonio y se convertían en  padres,   Robin  (Dick Grayson) crecía desde la niñez a la adolescencia y a la juventud, convirtiéndose  en Nigthwing en el proceso, y Kid Flash tomaba el relevo de su mentor y se convertía en el nuevo Flash, por poner un puñado de ejemplos.

Pero la continuidad requiere, no tiene sentido si no, el paso del tiempo e implica que los personajes deben poder evolucionar y cambiar en direcciones novedosas.  Si Robin está condenado a ser eternamente un niño, o Peter Parker un adolescente, no pueden crecer ni cambiar.

Las editoriales, las dueñas de los héroes,  no quieren que sus marcas registradas envejezcan ni cambien; deben ser icónicas y fácilmente reconocibles. En un mercado que busca al adolescente como cliente potencial, nada atemoriza más a un editor que el temor de que su personaje parezca viejo, y que ya no conecte con la juventud de hoy. Y por eso, en vez de dejar que el tiempo siga su curso, obligan a este a detenerse o incluso a volver atrás.

Se sienten obligados a continuamente someterlos a procesos cosméticos para seguir manteniendolos jóvenes y atractivos para el público. Los héroes son reinventados en versiones más modernas, que inevitablemente se quedan rápidamente anticuadas al poco de salir (cuando no nacen directamente anticuados) para a continuación hacer un “retorno a lo básico” que invalida lo anterior. Se vuelven a contar las mismas viejas historias, cambiando algunos factores anecdóticos (donde dije Segunda Guerra Mundial digo Corea  o Vietnam o  “guerra indeterminada en el sudoeste asiático” o donde dije Unión Sovietica digo Ruisa). Se inventan conceptos como el tiempo Marvel (mecanismo según el cual, en el universo de la editorial, el número 1 de los 4F es, y será  siempre, “hace diez años” colocándose cualquier otra fecha de forma relativa a esta). Curiosamente se les mata y se les resucita, pero nunca envejecen y los acontecimientos, aunque rodeados de mayor bombo editorial, cada vez tienen menos trascendencia y consecuencias a largo plazo.

Estos trucos no aguantan para siempre, llega un momento claro en que esa cronología artificial, esa vida infinitamente alargada (en la realidad) y condensada (en la ficción) se vuelve demasiado densa, demasiado complicada o simplemente los métodos normales de modernización ya no funcionan; es entonces cuando se prueban cosas más radicales:  Marvel lo intentó con su línea Ultimate, una línea anunciada como “sin continuidad” pero en la que en realidad era una continuidad nueva, donde recreaba a sus principales héroes, en principio con una mayor libertad (y han llegado incluso a matar a muchos de los personajes o a crear un nuevo Spiderman) y DC finalmente ha decidido hacerlo con su universo “principal”.

Las nuevas colecciones (que sigo)
Hay cosas de este nuevo universo que no me gustan, principalmente que haya desaparecido el concepto de héroes generacionales que permeaba todo el antiguo DCU;  ahora estos Superman, Batman y demás son la primera generación en la historia del mundo en convertirse en superhéroes. La distinción entre colecciones que realmente son reiniciadas, en que podemos ignorar la continuidad anterior efectivamente (e incluso resulta lo más aconsejable para no llevar ideas preconcebidas), y otros que continúan casi donde lo habían dejado resulta confusa, confusión que se  incrementa al intentar definir qué ha pasado y qué no en esos diez años de actividad (o exactamente cuánto tiempo han llevado determinadas actividades) pero espero que esto se vaya solucionando con el tiempo.  En el fondo hay otra cosa que me preocupa, y es que este cambio no ha eliminado me temo la raíz del problema: dentro de otros 25 años o puede que mucho antes (si es que siguen existiendo comics de superhéroes, y si los seguimos leyendo) nos encontraremos de nuevo con una historia igualmente confusa, caótica, enrevesada y comprimida que obligará, por las mismas razones, a un nuevo reinicio.

Sobre los comics en sí, de las colecciones que he leído con regularidad (aunque he mirado números sueltos de casi todas) me he encontrado con lecturas de calidad muy variable:
Los números de Action Comics de Grant Morrison son correctos y están magníficamente dibujados, en su mayoría, por Rags Morales, pero tras una primera saga que parece más el tratamiento para una película de Superman, con origen y visita a Krypton incluida, no ofrece nada tan novedoso que justifique realmente el cambio (dejando de lado lo de volver de nuevo soltero a Clark Kent, de la misma forma que Marvel decidió devolver la soltería, Mefisto mediante, a Peter Parker en su momento)  y tiene un par de momentos directamente estúpidos (lo de la cabra vestida con ropa kryptoniana que el ejército, y sus científicos, toman por un alienígena durante veinte años, por ejemplo).

El subtexto político, convertir a Superman en azote de políticos corruptos y empresarios explotadores, resulta refrescante frente a un Hombre de Acero que se ha vuelto en exceso conservador, pero parece no haber sido explotado en profundidad hasta el momento.


De la otra colección de Superman, la dibujada por el español Jesús Merino y guionizada por George Pérez,  apenas han aparecido dos números dobles en español y es difícil hacerse una idea, más allá de una historia correcta pero para nada innovadora. Sobre el nuevo uniforme poco que decir, no me entusiasma, elimina uno de los chistes más recurrentes contra Superman (ya no lleva los calzoncillos por fuera) pero me da la sensación de que, como suele pasar en estos casos, se quedará igualmente anticuado en unos pocos años.
En España Green Lantern (han decidido no traducir el nombre, ni en la portada, ni en el interior) aúna dos historias diferentes, una protagonizada por Hal Jordan (el Linterna Verde clásico) junto con su otrora archienemigo Siniestro  y otra Por Kyler Rayner (el que fuera su sucesor); ambas en gran medida continúan con los mismos argumentos que habían caracterizado la última etapa anterior a la crisis: el espectro emocional  y los diferentes cuerpos de portadores de anillos. Se trata de dos colecciones de calidad muy diferente, con equipos creativos de calidad dispar. De Jordan, en una saga que le une a un readmitido Siniestro, se encargan los consagrados Geoff Johns y Dough Mahnke de forma más o menos eficiente, mientras que de Rayner  vive un aventura de escala cósmica, aunque confusa y poco inspirada, guionizada por Tony Bedard y dibujada por Tyler Kirkham.
Flash es otro personaje que se ha visto devuelto a la soltería en esta nueva continuidad (¿empezáis a apreciar cierto patrón?)  y cuya colección brilla especialmente por el peculiar dibujo y coloreado llevado a cabo por el tamdem Francis Manapul (guión y dibujo) y Brian Buccelato (guión y color), el diseño de página y el montaje es realmente espectacular en las escenas en que Flash usa sus poderes.  La historia es moderadamente interesante, intentando dar alguna vuelta de tuerca a los poderes del protagonista e introduciendo con naturalidad algunos nuevos personajes y rediseños de otros antiguos como el Capitán Frío o Gorila Grodd. Una de las colecciones que más ganas tengo de seguir leyendo ahora mismo.   


La siguiente fue una verdadera sorpresa, ya que es un personaje que (dejando de lado la etapa de Peter David) nunca  me ha llamado la atención: Aquaman. Geoff Johns hace aquí un trabajo mucho mejor que en Green Lantern o en la Liga de la Justicia, ofreciendo diálogos divertidos (aunque quizás las bromas en torno a la escasa popularidad del personaje sean algo redundantes) pero al mismo tiempo  también desarrolla una personalidad y expone información sobre este nuevo mundo de forma efectiva. El dibujo de Ivan Reis es simplemente espectacular, lamentablemente falla con las fechas de entrega en algún número, y ayuda mucho a crear la atmósfera adecuada, especialmente en la primera historia, que abarca los cuatro primeros números, con ciertos toques lovecraftianos y terroríficos.
La Liga de la Justicia por el contrario me ha resultado decepcionante, cierto que no soy demasiado aficionado al dibujo de Jim Lee, pero es que aquí el guión de Geoff Johns (otra vez él) resulta de lo más forzado. La historia, que representa la reunión del grupo y la aparición de Darkseid en este nuevo universo, avanza a una velocidad en exceso parsimoniosa,  confiando para su éxito en la espectacularidad del dibujo mucho más que en ofrecer algo en la narración a lo que hincarle el diente. Algunos diálogos resultan divertidos, pero parece que el argumento, de esta primera saga al menos, está hinchado sin ninguna buena razón. La decisión de convertir a Ciborg en miembro de este grupo, y por tanto afectando de formas aún insospechadas al historial de los antiguos Teen Titans es quizás uno de los detalles que más me chirrían junto con la caracterización insulsa, y un poco idiota, de Wonder Woman.


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