domingo, 9 de julio de 2017

Cosas para leer: Omega Men de Tom King, Barnaby Begenda y Toby Cypress


Tom King ha trabajado para la CIA, como agente antiterrorista durante siete años, este dato, puesto así de pronto, puede parecer intrascendente para hablar de la carrera de un guionista de comics, y lo cierto es que es algo que no comenté en la anterior reseña de otra de sus obras, la Visión. Pero leyendo este Omega Men ese dato se hace necesario  por que esta serie es, ni más ni menos, que una serie sobre terroristas.

Los Omega Men originales fueron creados por Marc Wolfman y Joe Stanton en 1981 como un grupo de luchadores por la libertad en el sistema de Vega, un sistema planetario que por antiguos tratados estaba fuera de la jurisdicción de los Linternas Verdes y gobernado con mano de hierro porlala Ciudadela. Esta miniserie recrea el mismo concepto, y reutiliza varios de los personajes originales, pero de forma totalmente diferente en sus conclusiones y en la forma utilizada. 

Al abrir el tomo una breve introducción que nos cuenta que Kyle Rayner (ahora convertido en Linterna Blanca... no me preguntéis, me perdí hace tiempo) ha sido enviado a negociar con la Ciudadela para intentar conseguir la pacificación de la región. Y justo a continuación nos presenta una escena, con evidentes paralelismos en el mundo real, en que los terroristas Omega Men realizan la ejecución televisada de un prisionero.  ¿Son héroes luchadores por la libertad o sólo un grupo de fanáticos violentos? Ante nosotros vemos un sistema planetario dividido por visiones maniqueas de blanco y negro, pero que precisamente destaca por lo difícil que se hace de distinguir unos de otros. Pero al contrario de lo que podría parecer, y lo que algunas reseñan señalan, también hay espacio para la heroicidad o el idealismo, aunque sea desencantado, pero contrariamente a lo que estamos acostumbrados en el género este se encuentra en el difícil camino gris y no en la división radical entre blanco y negro, encarnada por el Alfa (la ciudadela) y el Omega (los Omega Men)

El guión gira en medio de la trama de entuertos, combates y planes para ofrecer una serie de personajes interesantes, aunque no siempre admirables, pero por el camino ofrece un montón de detalles lógicamente construidos sobre la política, la religión y la economía de ese pequeño reducto del espacio de DC. ¿Habla Omega Men sobre Oriente Medio? sin duda, pero la metáfora permite cierto nivel de universalización, habla sobre la guerra y la resistencia, sobre decisiones difíciles y la corrupción de los ideales pero sin dar tampoco respuestas sencillas.

En cuanto al dibujo no termina de gustarme en exceso el del oficial Barnaby Begenda ni el del sustituto Toby Cypress. Magníficas son, sin duda, las portadas que recuerdan a carteles propagandísticos  o carteles  turísticos de los distintos planetas que forman el sistema de Vega. Carteles que a continuación aparecen retocados por las pintadas de los Omega Men, mostrando de nuevo esta división.  El color y la narrativa también son buenos, consiguiendo resolver de forma elegante algunos enredos de guión planteados por King. Y sin embargo no me consigue convencer del todo, me sigue pareciendo que el dibujo es el punto débil de esta gran miniserie

Puntuación: 8/10

miércoles, 5 de julio de 2017

Cosas para leer: el Castillo del Diablo. Fragmentos, conclusiones y pastiches sobre un puritano inglés


Como todo lector de Howard conoce el texano escribió tan sólo 8 relatos completos, y tres poemas, sobre Solomon Kane, Sin embargo, al igual que sucedería con Conan, pero a menor escala, los fragmentos inacabados han servido para esa clase de colaboración póstuma que inicio L. Sprague de Camp, con diversos autores completando aquello que el autor original dejo inacabado, este tomo es fundamentalmente una recopilación de estas continuaciones, junto con uno de los relatos del Kane de Howard transformado para añadir mayor componente sobrenatural y tres pastiches independientes.

En el caso de las continuaciones la edición ofrece el fragmento original de Howard (Los Negros Jinetes de la Muerte, El castillo del Diablo, Hawk de Basti y los hijos de Asshur) y a continuación las diferentes conclusiones realizadas por Fred Blosser, C.J, Henderson (estos dos únicamente aparecen en Los Negros Jinetes de la Muerte), Javier M. Lalanda (el único que completa los cuatro fragmentos), Ramsey Campbell y Gianluiggi Zuddas (que obvian el primer fragmento y completan los otros tres) 

El relato transformado es La llama azul de la venganza, en el que John Pocsik coge como base un relato completo de Kane escrito por Howard, en el que no había ningún elemento sobrenatural (y que ha sido publicado tanto con este mismo título como con el de Espadas de la Hermandad) y le añade un practicante de las artes oscuras.

Los tres pastiches incluyen dos escritos también por el italiano Gianluiggi Zuddas, una aventura juvenil del héroe titulada La Isla de la Serpiente Emplumada y otra, situada ya en una etapa más crepuscular, titulada La Corona de Asa. El tercero es Espadas de París, un relato escrito por Eugenio Fraile y Miguel Ángel Garrido Gallego, que utiliza la excusa de un viaje temporal para cruzar la hoja de Kane  con la de los famosos mosqueteros creados por Alejandro Dumas. 

El resultado es curioso pero irregular, además de provocar cierto nivel de confusión mental entre las distintas versiones. Con continuaciones que siguen un estilo más o menos próximo al de Howard y otras que se desvían notoriamente de sus referencias literarias. 

Las continuaciones de Campbell son concisas y correctas, pero tampoco un prodigio de originalidad, quizás el sutil ambiente terrorífico que consigue en algunos momentos sea su punto fuerte. Poco se puede decir sobre la de Blosser o la de C.J. Henderson, que realiza un cruce directo entre el espadachín puritano y los mitos de Cthulhu, pero no pasan de la anécdota. 

Las continuaciones, y pastiches, de Zuddas resultan sorprendentemente divertidos pero utilizan un Kane genérico y que en poco recuerda a su modelo, además de demostrar un desinterés en los detalles históricos que habría chocado con el deseo de documentarse, no siempre conseguido, de Howard. Por ejemplo, y como caso extremo, en La Isla de la Serpiente Emplumada, en si un caos de referencias contradictorias, llega a inventarse un rey, Jorge V Tudor de Inglaterra.

Las de Javier M. Lalanda, que aparecieron originalmente en la edición de los relatos de Howard en la colección Última Thule, son por lo general bastante largos y, para mi gusto, llegan a extremos demasiado fantásticos, en comparación con los relatos originales. Sin embargo si se aprecia el esfuerzo de documentación, por ejemplo las referencias a la diosa Bast en su versión de Hawk de Basti dan un nuevo significado a lo narrado (aunque hecho de menos una referencia a Ulthar), y su Kane es posiblemente el que más recuerda a los personajes de Howard, aunque a veces, como en su final de los hijos de Asshur el modelo parezca más Conan que el puritano. 

Espadas de París es un buen relato, una buena historia corta de los mosqueteros en que la aparición de Kane parece forzada y la vilificación del villano exagerada. Me ha llamado mucho la atención la particular grafía Artgnan (en vez de D'Artagnan) para referirse al mosquetero gascón, grafía que no creo haber visto nunca y que, a lo mejor, está completamente justificada pero que se ve extraña.

Resultan curiosas los elementos que reaparecen en distintos fragmentos, como la presencia de elementos de la mitología nórdica, manejados de forma muy diferente por unos y otros o como distintos elementos presentes en el fragmento original son ensalzados o olvidados por el continuador.

En general una serie de historias interesanes, reflejo de un mismo personaje a través de la visión de distintos autores, que demuestran como cada uno percibe un mismo personaje de formas diferentes. Cosas que a mi me parecen totalmente contrarias a la naturaleza o a la historia de Kane que nos trasmite Howard son, como se demuestra, utilizadas por otros autores y lo que para uno es una contradicción para otros es la confirmación de algo que han visto insinuado en una frase o un giro de los relatos originales. 

Puntuación: 7/10

viernes, 30 de junio de 2017

Cosas para leer: A Flame of Pure Fire: Jack Dempsey and the Roaring 20's por Roger Kahn


El boxeo me plantea sentimientos enfrentados, por un lado el deporte en sí no me interesa especialmente, no sigo los combates ni a los luchadores y en general los combates me aburren. Pero, por otra parte, las historias del boxeo y los boxeadores sí que me resultan interesantes, especialmente cuando se relacionan con otros acontecimientos históricos que despiertan mi interés y tal es el caso de este libro, publicado en el año 1999 y que sólo ahora ha caído en mis manos.

El libro traza un constante cambio de foco entre la historia personal y deportiva de Jack Dempsey, campeón del mundo de los pesos pesados entre 1919 y 1926,  y la época que lo tocó vivir y, especialmente, el cambio en los deportes y el periodismo deportivo durante esos mismos años. Roger Kahn es, él mismo, un periodista deportivo (1927-), que además conoció personalmente a algunos de los implicados, incluso con el mismo campeón y enriquece el relato con sus propias anécdotas personales.

La biografía dibuja con detalle los primeros años y el inicio de la carrera de Dempsey, conocido entonces en el ring como  King Blackie, en realidad su verdadero nombre era William Harrison Dempsey. Un vagabundo en busca de combates en un mundo, en proceso de desaparición, de pioneros, jugadores de ventaja, prostitutas y predicadores que aún recuerda al salvaje oeste. 

También describe su ascenso, que fue también el crecimiento  paralelo del mismo deporte del boxeo, desde luchar por unos pocos dólares hasta  los combates multitudinarios y ganar cientos de miles de dólares por cada uno, la fama en Hollywood (el boxeador se casó con una actriz y llegó a participar como actor en varios proyectos, incluso a producirlos) y la pérdida de su título y su retirada del deporte. 

Mientras sigue su carrera intercala información sobre otros otros asuntos directa o indirectamente  relacionados con el asunto, desde el crimen organizado a la vida de los ricos y famosos, la porhibición o la vida política norteamericana. Estos temas no son tratados con profundidad si no más bien en forma de anécdotas, a veces casi leyendas urbanas. Personalmente toca menos de lo que me gustaría el tema racial y el boxeo, como es un deporte dominado por los grupos étnicos marginados  por la buena sociedad anglosajona (irlandeses, italianos, judíos y afroamericanos) o los obstaculos en la carrera para los luchadores de color (tras las victorias del polémico Jack Johnson, campeón del mundo entre 1908 y 1915 los promotores no querían correr el riesgo de que otro negro llegar a campeón). 

Es innegable que el autor se posiciona en todas las polémicas del lado de Dempsey: su juicio por haber evitado el alistamiento en la Gran Guerra (de lo que fue declarado inocente, pero que aún así le persiguió durante toda su carrera), la posibilidad de que trabajara como matón de prostíbulo en su juventud, las acusaciones de haber usado escayola en sus guantes durante el combate con Willard que le dio el título, sus disputas con su manager Doc Kearns... y, por supuesto, la infame Cuenta larga en su combate contra Gene Tunney para recuperar su título en 1927. Pero Kahn siempre ofrece datos y no intenta ocultar dichas polémicas, como posiblemente haría una biografía autorizada. No tiene reparos en afirmar que, por ejemplo, Luis Firpo debería haber conseguido el título tras su combate de 1923, en que el campeón americano fue arrojado fuera del ring por un puñetazo del gigante argentino y sólo la ayuda, ilegal, de los periodistas al pie del cuadrilátero le permitió volver a entrar en este a tiempo.

Un libro muy interesante, lleno de detalles normalmente ignorados de la época y el deporte, ocupación común de mucos héroes pulp, argumento preferido de los autores de género negro y también trasfondo de algunos personajes de la edad de oro de los comics. 

Puntuación: 8/10

Cosas para releer: Vida en la Gran Ciudad (Astro City) por Kurt Busiek, Brent Anderson y Alex Ross

He pensado que con el tiempo transcurrido y, ya que los nuevos tomos van recibiendo reseñas según van saliendo, quizás sea el momento para hacer un repaso a los recopilatorios anteriores.

El lío de las ediciones merece un comentario. Estos números (del 1 al 6 de la edición original) aparecieron en 1997 de la mano de Planeta en 1997, que también realizó una edición en tomo en el 2000. Más recientemente fue reeditado primero por Norma en 2011 (que es la edición que tengo delante ahora mismo) y de nuevo por ECC en 2014, en su colección de Astro City aún en marcha. La confusión, ya que las ediciones de ECC y de Norma no suelen compartir portada, se hace evidente cada vez que un nuevo tomo de Astro City aparece en los estantes  y toca saber si contiene algún número nuevo, si es igual que la edición anterior... ya que mi colección está a medias entre estas dos últimas ediciones (los comic-books los vendí para comprar la de Norma, no pienso repetir la jugada para hacerme con la de ECC) espero que eso no signifique ningún desaguisado en cuanto al contenido.

Este primer tomo es el paradigmático de la colección, con historias independientes centradas en distintos personajes de la ciudad, ofreciendo visiones distintas de algunos temas y arquetipos del comic de superhéroes. Cada uno de los seis números cuentan con un narrador en primera persona muy variados: un superhéroe que juega con el concepto de Superman (el Samaritano), un periodista en el periódico más importante de la ciudad, un matón de poca monta que descubre un secreto demasiado importante, una chica del barrio más extraño y misterioso de la ciudad (Colina Sombría) y un alienígena infiltrado en la tierra para reunir información sobre su población superhéroica.

Sólo el Samaritano repite como narrador en la primera historia, En sueños que es el relato de un día cotidiano del gran héroe y de sus sueños , y la última, Cena a las ocho en que nos cuenta una cita entre él y Victoria Alada, personaje que toma elementos de Wonder Woman. Es quizás por ello el personaje que aparece más definido, sus poderes, su aspecto, parte de su trasfondo y de su personalidad recuerdan a su modelo, el Hombre de Acero, pero Busiek introduce una diferencia fundamental, el Samaritano ha elegido una vida de sacrificio a todas horas que el de Krypton no. Ha renunciado a una vida personal, casi a su identidad secreta, en una creencia de que su deber es demasiado importante para distraerse, y por ello su sueño, su sueño recurrente, es simplemente tener tiempo para volar, sin preocupaciones, sin una alerta que responder o un villano que detener. El otro número, el de la cita, es quizás menos icónico, menos trascendente pero nos ofrece la historia de su origen y comienza a perfilar el papel de Victoria Alada y la polémica en torno a ella.

La historia del periodista en el segundo número, Noticia bomba, no implica una profundización tan completa en la mente de un personaje, ni una revisión de un modelo, pero si es muy interesante en cuento a la construcción de la falsa continuidad de este universo. La historia se sitúa en la misma ciudad durante los años 50 y ofrece vislumbres de ese pasado. Nos presenta al Agente de Plata, figura que aparecerá repetidamente en la colección como una fuente de vergüenza para la gente de Astro City durante años, aunque su historia no termine desvelándose hasta mucho después. 

La tercera historia, Algo de conocimiento, escoge el punto de vista de un matón de tercera, uno de esos personajes normalmente anónimos que se lanzan contra nuestros héroes siguiendo las órdenes del villano de turno y a los que normalmente no se presta más atención. Además profundiza en el tema de la identidad secreta, demostrando que, en realidad, no hay mucha gente que pueda aprovechar esa información. Es una historia divertida en que Anderson se luce dibujando distintos ambientes y también nos sigue presentando distintas facetas de la ciudad.

A continuación la siguiente historia, Talismanes, se centra en una persona normal, un observador de la ciudad no desde el punto de vista de un héroe, un villano o un criminal, si no de un civil... aunque proceda del extraño barrio de Colina Sombría, donde cosas oscuras se arrastran huyendo del amanecer o tradiciones antiquísimas mantienen a raya a informes amenazas. Una historia de aceptación y madurez cuya moraleja quizás resulte un poco decepcionante.

El narrador de Reconocimiento es, pese a su apariencia también común, quizás el más extraño de todos los personajes de este tomo, un infiltrado reuniendo información sobre el planeta Tierra y sus superhumanos. Infiltrado que decide fijarse en el más peculiar de los muchos héroes que viven en la ciudad, Fanfarrón (o el Figura, depende de la traducción) como paradigma de la humanidad. Esta historia sirve además como semilla para acontecimientos posteriores, sirviendo como contrapunto entre lo aparentemente menor del inicio y la escala del final.

Puntuación: 10/10


domingo, 25 de junio de 2017

Cosas para ver: Wonder Woman de Patty Jenkins


Decir que esperaba con ganas el estreno de esta película es decir poco, ya comenté en su momento que Gal Gadot era lo mejor de la insufrible Batman vs. Superman, además las posibilidades míticas de un personaje como Wonder Woman obligaban en cierto modo a romper con el tono siniestro de las producciones anteriores de la Warner. Por otra parte la posibilidad de que un personaje femenino tuviera, al fin, el protagonismo absoluto de una superproducción del género. 

El resultado ha sido un poco irregular, tosco en la combinación de distintos tonos y elementos. Las escenas de acción, rodadas de forma algo convencional, contrastan en exceso con la dirección más clásica del resto de la película. Especialmente el enfrentamiento final contra el gran villano cae en el mismo efecto anticlimático que otros combates similares en películas del género. Igualmente los momentos cómicos se integran de forma algo forzada con los dramáticos. 

Gal Gadot hace un papel con el que resulta en ocasiones difícil de relacionarse pero que consigue trasmitir el contraste entre las distintas facetas de la heroína, inocente y decidida, una guerrera embajadora de la paz, pese a hablar, en realidad, más bien poco.  Habla mucho más Crhis Pine, como Steve Trevor,  que en algunos momentos se convierte en protagonista por encima de la cabeza de cartel. Quizás la forma en que su relación se maneja, en forma de relato romántico convencional, resulte un poco previsible pero, supongo, inevitable desde el punto de vista comercial.  Los diversos personajes secundarios, desde las amazonas a los compañeros de misión de los protagonistas o a la desaprovechada Etta Candy (Lucy Davis), tienen poco tiempo y ocasión para lucirse.

Como lector de comics me ha parecido un fallo que hayan elegido establecer la continuidad del personaje en la versión de los nuevos 52, versión que ya ha sido de nuevo reescrita recientemente, y que ni es la más representativa ni ofrece ningún valor adicional a la historia del personaje. Igualmente la historia de su origen, y el pasado de las amazonas, resulta un poco confusa. De la misma manera la  película hace pocos esfuerzos por aclarar la situación bélica y traza una visión simplificada de la época en que las referencias a luchas sociales y políticas están prácticamente ausentes (dejando de lado algunas referencias de pasada, a la discriminación racial de un personaje o a la lucha por el voto femenino de otra). 

Mención aparte merece el terrible doblaje en la versión castellana de las amazonas, incluida la protagonista, con un acento y una dicción que a mi personalmente me parecía demasiado forzado y falso.

En defnitiva creo que es la mejor película hasta el momento que nos ha ofrecido DC desde el Batman de Nolan (al menos las dos primeras películas) ofreciendo un estilo diferente que las anteriores y abriendo la posibilidad de unas producciones futuras menos lastradas por la visión oscura y hueca de las anteriores. 

Puntuación: 7/10