Siempre pensé que una serie que representaba el retorno de Bruce Timm a la franquicia del murciélago sería recibido casi como la parusía, como la celebración del retorno de aquel que nos dio (entre otros, claro) la que sigue posiblemente la mejor adaptación de Batman. En vez de eso me sorprendió la escasa repurcusión general que estaba teniendo esta serie, incluso algunas críticas sorprendentemente amargas y negativas que asaltaban las redes sociales. Ya resulta extraño que la serie haya sido "emitida" por Amazon, en vez de por HBO (donde aterrizan la mayor parte de producciones de DC) y más teniendo en cuanta que Timm no era el único nombre llamativo entre los asociados al proyecto: Ed Brubaker, Matt Reeves, o J.J. Abrahams no son nombres a ignorar en un gran proyecto de estas características.
Como en otros productos recientes pronto pude observar un marcado contraste entre la reseña de la crítica, generalmente positiva o incluso entusiasta, y las reacciones del público y, especialmente, de los comentaristas aficionados en inglés. Es posible pasarse rápidamente por una búsqueda en youtube y encontrar reseñas furiosas, ofendidas, increíblemente negativas, y en imdb se ve el típico patrón absurdo de votaciones, producido cuando los guerreros culturales se empeñan en menospreciar un producto, no por su calidad intrínseca si no por que ofende sus sensibilidades. Y pese a todo aún en esos marcos la serie obtiene una puntuación general positiva, como si ni siquiera el esfuerzo continuado de poner 1s (algo que es evidente que la serie, aún con sus defectos, no merece) hubiera resultado.
Dejando de lado estos comentarios tristemente necesarios sobre la imposibilidad de deslindar cualquier creación contemporánea de estas tristes batallas quiero hablar de la serie en si o, al menos por ahora, de su primera temporada.
El cruzado enmascarado no es una continuación del viejo universo animado de DC y plantea una continuidad propia que, sin ofrecer un año concreto (aunque si algunas referencias históricas salpimentadas aquí y allá), sitúa a nuestros personajes en un contexto general cercano a los años 30-40. El diseño de Batman, con los guantes y la forma de la capucha, también refiera a aquel primer diseño de Batman de los 30, totalmente en línea con los edificios art-deco y el aire noir no solo de su lenguaje visual si no también de elementos argumentales.
Pero al mismo tiempo, y de forma necesaria, introduce elementos modernos en cuanto a representación y presentación de los personajes (precisamente el elemento que ha provocado la ira de algunos). El acercamiento al canón, si es que se puede considerar que existe algo así tras la sucesión de reinicios en DC, es mucho más indirecto que en TAS y si aquella serie pretendía, y conseguía, crear una versión casi arquetípica de ciertos personajes aquí hay giros más inesperados.
Aunque los de siempre han querido fijarse sobre todo en la reasignación de género de algunos villanos clásicos (por ejemplo las versiones de la Pingüina o la Sombrera Loca) o la introducción de variedad racial puntual en sus personajes (con un comisario Gordon, y lógicamente una Barbara, de ascendencia afroamericana) hay, en realidad, todo un esfuerzo para recrear y recontextualizar a ciertos personajes que, en ocasiones, difieren bastante de sus equivalentes de los cómics. Algunos, es cierto, sufren por rediseños que, aunque interesantes, no pueden competir con la perfección icónica de su anterior versión animada. Particularmente Dos caras (cuyo arco es parte principal de la temporada y uno de los puntos fuertes de la misma) y Harley Quinn (desligada completamente del Joker) no consiguen igualar sus diseños anteriores.
Como ya he dicho antes hay una clara influencia del cine criminal y noir de su época de referencia, pero mis episodios favoritos de esta primera temporada, en realidad, añaden una capa adicional, conectando con el cine de terror de la época. La recreación de Clayface en "...And Be a Villain" incluye un homenaje a Jack Pierce (el mítico maquillador del cine de terror de la universal) y a Boris Karloff, mientras que "Nocturne", con su ambientación en una feria ambulante, nos hace pensar en La parada de los monstruos (y hace referencia a los distintos personajes que han utilizado la identidad de Robin) pero sobre todo hay que señalar la más sobrenatural de las aventuras en el episodio "Night Ride".
Estas referencias al terror señalan a otra gran diferencia con TAS, que provoca un problema de tono en ocasiones, la serie es bastante más cruda y directa (sin ser necesariamente exhibicionista) en cuanto a la representación de la violencia y también ligeramente más directa en el tratamiento de otros elementos adultos. También se permite un personaje central más frío y distante, un punto más antipático que el que nos tienen acostumbrados otras adaptaciones del justiciero, Hamish Linklater para mi gusto hace un gran trabajo con la voz de sus dos identidades y mostrando esa dualidad entre su fachada y una oscuridad interna apenas contenida.
La serie impone en este caso una trama general sobre la estructura episódica habitual, y de esta forma se pierde uno de los grandes hallazgos de su predecesora: los episodios autoconclusivos icónicos. Aquí no hay espacio, en apenas 10 episodios de 25 minutos que tienen que hacer avanzar además la trama general, para que podamos ver un episodio sin Batman al estilo del inolvidable The Man Who Killed Batman. También hay menos especio para el desarrollo de los villanos y los personajes secundarios, menos como ya he indicado Dos caras, profundizamos mucho menos en sus personalidades y sus motivaciones y algunos parecen algo desaprovechados. Por ejemplo, el episodio antes mencionado "...And Be a Villain", pese al interés visual y el homenaje al cine de la época, carece de la magnificencia trágica de "Feat of Clay".
En cuanto a la animación hay algunos momentos en que se hecha de menos un acercamiento más dinámico a las escenas, especialmente en la selección de planos y cortes utilizados para las de acción. Comparativamente la animación es, en general, menos dinámica (aunque significativamente más limpia y menos dada a "fallos" en modelos), con una selección más limitada de expresiones y menos deformación de trasmitir dichas expresiones. Los villanos, especialmente, son mucho menos teatrales en su presentación y su gestualidad, quizás buscando un realismo que resulta contraproducente.
Releyendo lo que he escrito, y por una vez no voy a reescribirlo, creo que es evidente el gran problema que arrastra esta serie: la comparación con un estándar inalcanzable como es no la serie animada real, tal y como la vimos en su momento, si no el recuerdo idealizado de la misma. La comparativa tiene un sentido limitado ignorando las diferentes circunstancias objetivos y limitaciones de una y de otra, y además tiende a seleccionar los mejores momentos de una (que llegó a tener más de 100 episodios) con los 10 que componen esta temporada.
Más allá de comparativas y por sus propios méritos creo que la primera temporada de El cruzado enmascarado, es una gran serie para ver con los ojos libres de prejuicios y entrando en su juego, no esperando recrear sensaciones pasadas. El arco de Dos Caras es, en si mismo, una interesante visión de un personaje cuya dualidad es notoria aún antes de su transformación y uno de los puntos fuertes de la temporada.
Puntuación: 7/10

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