Localización: La Atlántida en Ahaggar


La Atlántida es la mayor y más importante de las tierras perdidas en occidente. Desde el relato de Platón han sido cientos de investigadores, más o menos respetables, los que han intentado demostrar su existencia o localizar sus restos, en los lugares más variados. Hoy mi intención es hablar de lo que, según consta en un oscuro documento militar francés (que el novelista Pierre Benoit utilizó como base para una novela), pudiera ser la más sorprendente localización para la misma, nada más y nada menos en el corazón de las montañas de Ahaggar, en Argelia. Para ser más precisos se señala la cercanía de la montaña conocida como Garet-el-Djenoun ("montaña de los djinss"), un pico de 2300 metros, que las tradiciones locales consideran encantado, habitado por espíritus de toda clase.

El macizo volcánico de Ahaggar, también El Hoggar, es una región inhóspita, con grandes variaciones de temperatura y muy poca lluvia durante todo el año. En ella reside la confederación tuareg conocida como Kel Ahaggar y, según las leyendas de este pueblo, en estas montañas fue donde la legendaria reina Tin Hinan unió por primera vez a los tuareg como un sólo pueblo. 

Esta teoría que sitúa la Atlántida en el Sáhara fue popularizada por la obra del naturalista D.-A. Godren y del geógrafo É.-F. Berlioux a finales del siglo XIX, aunque a menudo se señalaba a la cordillera del Atlas y no a la de Ahaggar como lugar más probable de ubicación de la misma. 


Aunque se hable de ella como la Atlántida poco queda de la gloria de la ciudad descrita por Platón o de su gran puerto concéntrico, siendo lo que encontramos un asentamiento bastante modesto. Esta Atlántida ocupa un valle-oasis, casi completamente cerrado al exterior, siendo la única vía de comunicación una serie de galerías subterráneas. El clima en esta depresión es más moderado que fuera de él, gracias a la influencia del oasis, y es considerado por los escasos visitantes como uno de los lugares más bellos del Sahara. Aunque no muy numerosas, las construcciones son de los más ricos materiales, incluyendo el misterioso oricalco (en este caso identificado con un mineral de aspecto similar al bronce aunque más claro) y el agua subterránea alimenta huertas y jardines espléndidos mientras que los picos que rodean el valle pueden verse gran parte del año cubiertos de nieve. Las huertas y granjas producen frutas sabrosas e, incluso, vino de una calidad aceptable

La comunidad es gobernada por una reina llamada Antinea, que afirma ser inmortal, descendiente de Cleopatra Selene (hija de Cleopatra y Marco Antonio) y no ser otra, además, que la misma Tin Hinan de la leyenda. Aunque a primera vista esto suena increíble (y podríamos pensar en una dinastía de reinas llamadas todas ellas Antinea) debemos considerar la, relativa, cercanía de la llamada Ciudad de los Inmortales y el río o fuente que, presuntamente, da la inmortalidad

Antinea, descrita como una mujer de una belleza fatal, a menudo convierte a los visitantes masculinos en sus amantes, pero sólo durante un breve tiempo. Cuando la veleidosa reina se cansa de ellos,  son asesinados y sometidos a una curiosa forma de momificación: sus cuerpos son sometidos a un baño electrolítico de oricalco y plata que les da el aspecto de perfectas reproducciones escultóricas del finado. Estas siniestras estatuas, junto con inscripciones indicando su identidad y la fecha de la muerte, decoran las habitaciones de la reina, aunque su naturaleza siniestra no es obvia a primera vista.


Pese a su aislamiento geográfico, y al desconocimiento que el mundo exterior tiene de ellos, estos atlantes se mantienen sorprendentemente bien informados de las noticias y avances del mundo exterior y en sus amplias bibliotecas pueden encontrarse tanto antiquísimos manuscritos desconocidos por el gran mundo como libros modernos, se dice que incluso una copia manuscrita de Le Roi en jaune puede encontrarse en sus estantes. La mayoría de estas noticias y bienes llegan a través de los kel ahaggar, con los que mantienen desde hace siglos una alianza firme, que ha ayudado infinitamente a mantener el secreto de su existencia.

Una pequeña comunidad de Europeos, no más de cinco o seis, normalmente miembros de expediciones geográficas capturadas peligrosamente cerca de la ciudad, reside de forma permanente en ella, como invitados forzosos: bien tratados y agasajados pero sin posibilidad real de marcharse. La mayoría de la población de la ciudad tiene la piel, los ojos y el cabello oscuros aunque algunos individuos, como la misma Antinea, tienen los ojos verdes o azules y un tono de piel más claro.

El problema de la identidad real de esta comunidad es algo complejo. A partir de las informaciones dadas por Antinea y sus propias deducciones los investigadores franceses que consiguieron llegar a la ciudad en 1896 elaboraron la teoría de que se trata de la Atlántida original, no hundida como interpreta la mayoría si no que la tierra a su alrededor se habría alzado, quedando la antigua isla aislada en el interior del continente. Para confirmarlo incluso se cita un fragmento, desconocido, del Critias (del que se afirma haber encontrado en esta ciudad la única copia completa existente) que parece corroborar dicha identificación, así como a los atlantes como antepasados de los garamentes (pueblo sedentario de la región que aparece en textos romanos a partir del siglo V a.c.), a su vez posibles ancestros de los tuareg

La versión de estos exploradores, novelada por el escritor francés Pierre Benoit en 1919 como L'Atlantide, fue un éxito total entre el público europeo y existen varias versiones cinematográficas de la historia. Entre ellas destaca la realizada (en tres versiones en alemán, francés e inglés) por  Georg Wilhelm Pabst entre 1932 y 1933, con Brigitte Helm como la reina Antinea. 



Estas afirmaciones sin embargo parecen contradecirse con otras informaciones diversas como el llamado Informe Maracot, o ciertos fragmentos de las aventuras del pirata submarino Nemo, que han situado las ruinas de la Atlántida en localizaciones en el centro del océano atlántico, que parece ser la idea más extendida entre quien defiende su existencia. 

Mi propia idea es que, lo más probable, es que esta se trate tan sólo de una antigua colonia menor y no de la gran ciudad capital descrita por Platón quizás alzada tras la destrucción de la isla madre, imitando a menor escala la estructura de su antigua capital. Por supuesto también es posible relacionar esta ciudad con Khokarsa, aunque las referencias al oricalco parecen contradecir directamente esta identificación, y las similitudes con la ciudad de Kôr (Uganda) y su reina inmortal Ayesha son más que evidentes pese a la gran distancia geográfica.

Comentarios

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  2. Bueno, lo de la fantasía (que principalmente no es mía si no del escritor Pierre Benoit en su libro de 1919) es precisamente la idea. ¿Necesito poner más disclaimers aparte de los obvios? :)

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  3. Qué casualidad que al poco tiempo de producirse el descubrimiento de algún lugar misterioso como son las montañas de Ahaggar o de Tassili, aparezca alguien decidido a explotar una vez más la idea de la existencia de la Atlántida.

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