Cosas para ver: Filmografía pulp (Parte 12º)

Sigo añadiendo películas que, desde mi punto de vista, resultan interesantes para el narrador interesado en cualquiera de las múltiples variedades del pulp, con ejemplos de terror, género, negro y aventuras (principalmente) así como alguna comedia, algún musical y, de vez en cuando, rarezas difíciles de clasificar. 

Los criterios de inclusión, tengo que admitirlo son difusos, algunas lo hacen por su ambientación o rodaje en la época dorada de los pulps, otros por elementos argumentales o formales que de una manera u otra me resultan inspiradores... y a veces es la casualidad (un descubrimiento o una revisión reciente) la que hace que cierta película entre en la lista o no. 

La calidad no es siempre el criterio principal, aunque en general intento no poner películas que considero insalvablemente malas y, a veces, algunos clásicos indiscutibles  se han quedado injustamente olvidados o dejados de lado por obvios (¡y es que en el listado donde voy apuntando todas las que podrían tener un pase llevo 321 películas  y ¡seguro que me faltan muchas!). 

Y aclarados estos puntos, ¡vamos con la 12ª entrega! (si te interesan las anteriores aquí puedes verlas



La incitadora 
(Rope of Sand, 1949, William Dieterle)

Bueno, esta película me ha sorprendido, una de esas sorpresas que realmente uno desearía que pasaran más a menudo, resumiendo: me ha gustado mucho, mucho más que otras que llegaron a mis manos mucho más fácilmente. Se trata de una aventura-negra, o un film noir con trasfondo exótico, rodado en 1949 y que nos sitúa en un territorio poco explorado cinematográficamente como es África meridional (y sus diamantes)

El argumento se centra en la vuelta a la región de Mike Davis (Burt Lancaster) un antiguo guía de caza que fue injustamente torturado por Paul Vogel (Paul Henreid), el sádico jefe de la policía privada de una todo poderosa compañía de extracción de diamantes. La intención era que revelara la ubicación de un yacimiento especialmente rico, descubierto por casualidad en uno de sus viajes. El otro puntal de la compañía minera es el manipulador Arthur Martingale (Claude Rains) que decide intentar usar a una aventurera  de origen francés Suzanne Renaud (Corinne Calvet) para que seduzca a Davis para que desvele el secreto. La disputa a varias bandas por los diamantes, y pronto por el corazón de Renaud, se convierte en el hilo conductor de la trama. En un papel secundario también aparece Peter Lorre, como el traficante de joyas Toady (como nota secundaria ¿tendrá algo que ver con el "Satipo", siempre he pensado que era una errata, de En busca del Arca perdida).

Un rápido vistazo al elenco nos trae a la memoria otra película en la que coincidieron Lorre, Rains y Henreid, también con elementos de cine criminal en una localización exótica: Casablanca (1942, Michael Curtiz), incluso la película se permite un pequeño guiño al final de aquella. Estos personajes secundarios y los villanos, hasta cierto punto, roban la película a la pareja protagonista. Lancaster (que por cierto odió la película con todas sus fuerzas) se limita a una especie de testarudez casi masoquista y Calvet (además de su casi cómico acento francés... no menos cómico por ser auténtico) funciona mejor en las escenas más ligeras que en las dramáticas. Pero Henreid y Rains están simplemente magníficos, si bien algo exagerados, en dos formas de maldad completamente opuestas. 

Algunos elementos que no quedan profundamente explorados podrían haber dado un valor adicional a la película. Por ejemplo la amistad de Davis con el trabajado africano John (Kenny Washington) y algunas notas más iniciales sobre el tema racial en la colonia se disuelven rápidamente, incluso aunque la primera persona que veamos en la película sea un trabajador africano siendo perseguido por las fuerzas de seguridad de la compañía. Tampoco el papel de Vogel durante la guerra, y la reacción horrorizada de Renaud cuando le cuenta la historia sobre como consiguió su jarrón rococó, se explora convenientemente. La sombra del fascismo, caído, herido, quizás, pero aún vivo, sobrevuela al personaje, y la situación en que es utilizado como brazo ejecutor del colonialismo capitalista y pretendidamente, ya, liberal. 

Visualmente la película se beneficia de una fotografía (por el veterano Charles Lang) que utiliza magníficamente el claro oscuro y las sombras, aún en espacios dominados por la luz y el color blanco en los trajes y los edificios. La planificación destaca en algunas escenas, como la tensa partida de póquer que va creciendo en intensidad (y número de espectadores) mientras Davis y Vogel muestran sus personalidad a través de su forma de jugar y apostar. También destacar la escena de la pelea climática entre ambos, en plena noche, iluminados por los faros de un semioruga en medio del desierto. 




Dao huang ling
(1973, Shan-Hsi Ting)

Película de kung fu de los Shaw Brothers Studios, con todas las virtudes y defectos de este tipo de producciones. Incluyendo escenas alargadas innecesariamente, actuaciones imposibles y resoluciones ramplonas pero también un montaje endemoniado, movimiento, ideas originales y total desvergüenza para utilizarlas. También conocida en inglés como The Imperial Tomb Raiders (Saqueadores de la tumba imperial). El reparto incluye a habituales del género como el protagonista masculino interpretado por Jung Wang, el villano Han Hsieh o la heroína, armada con un rifle, Yan-Yung Tso

El argumento, ambientado a finales del siglo XIX, gira en torno a la búsqueda de un tesoro arqueológico, en este caso una magnífica perla que habría sido enterrada junto a una concubina del emperador, en una tumba oculta en las montañas. Pasados cuarenta años del fallecimiento se descubre que una de las doncellas que, supuestamente, habrían sido enterradas vivas junto a la dama para servirla en la otra vida habría escapado y distintas facciones conspiran para encontrarla y así descubrir la ubicación de la tumba. Bandidos, un héroe errante, una banda de mujeres guerreras (cada una con un arma diferente y un vestido de distinto color) y toda una combinatoria de enfrentamientos entre ellos hasta llegar a las escenas finales en el interior de la tumba. 

Tiene también una escena de asedio de las que a mi me gustan, un verdadero ejército de bandidos intenta tomar un caserón donde se han refugiado nuestros protagonistas, así  que no puedo dejar de señalarla. Los villanos forman también una galería colorista, con sus gorros de piel, sus armas tomadas de cualquier parte y su aspecto patibulario y, pese a las diferencias entre la china de finales del XIX y los años 20, no desentonarán demasiado en ninguna aventura que lance a tus personajes al interior de China.

Respecto a la tumba en si y el misterio arqueológico evidentemente no son el centro de interés de la película (como demuestra la resolución final) pero dan lugar a una ambientación peculiar para la pelea definitiva. Con algunas trampas más y un par de vueltas a lo sucedido (¿quizás los espectros de las doncellas sacrificadas protegen la tumba pese a todo?) podría servir como base para una aventura no solo de género pulp pero fácilmente trasladable a la fantasía o a otros géneros. 

Casualmente la película tiene algunas coincidencias argumentales con una partida que dirigí hace relativamente poco (titulada Dragones de Shanghái) que también incluía una tumba imperial y una legendaria perla (aunque en esta ocasión la perla resultaba ser algo más que una simple joya) y que algún día planeo escribir para este blog.

Si hablamos de películas chinas de inspiración indiana jonesca es inevitable hablar de un fan declarado como Jackie Chan, que homenajeo directamente la saga con su serie Armadura de Dios (con tres películas en 1986, 1991 y 2012, y una cuarta entrega a estrenar en 2027).  Las dos primeras, al menos, son películas divertidas, pero argumentalmente flojas y no están entre mis favoritas del actor. Respecto a la tercera Chinese Zodiac: la armadura de Dios (Shi er shengxiao, 2012, Jackie Chan) es, pese a alguna escena de acción más o menos pasable, sorprendentemente torpe narrativamente, inconexa y sin el encanto artesanal de las antiguas. 



Noche sin luna 
(Moonrise, 1948, Frank Borzage)

Un gótico sureño (en su vertiente no sobrenatural) con tintes de cine negro, dirigido por un director increíblemente longevo y prolífico como Frank Borzage (imdb cuenta 107 créditos como director, espaciados entre 1913 y 1961, solo un año antes de su muerte). En el cine de Borzage proliferan las metáforas religiosas, muy influenciado dicen por su propia fe católica (pese a nacer cerca de la capital mormona de Salt Lake City), una visión en que la esperanza (aunque sea por medio de una intervención ex machina narrativamente forzada), nunca está totalmente perdida y la redención es una elección personal.  Por ejemplo en Extraño cargamento (Strange Cargo, 1940) incluso los criminales fugados de la Isla del Diablo pueden soñar con alcanzar el cielo, o en Tormenta mortal (The Mortal Storm, 1940) nos trasmite su convicción en la caída del régimen nazi con una cita religiosa. 

En Noche sin luna, el personaje de Danny Hawkins (Dane Clark) parece condenado por la versión naturalista de una maldición familiar. En el pequeño pueblo de Virginia donde reside su vida está marcada por la muerte de su padre, ejecutado por asesinato cuando él era apenas un niño. Golpeado desde la infancia, marginado y ridiculizado Danny está enamorado de la hermosa maestra Gilly (Gail Russell), pero sus ataques de ira, su odio hacia si mismo y hacia los demás complican continuamente su relación. Cuando durante una discusión golpea con una roca  y mata a Jerry Skies (un brevísimo papel de Lloyd Bridges) su perdición ya parece inevitable. La película funciona como retrato psicológico del maltratado Hawkins, que parece atrapado constantemente entre sus mejores y peores aspectos, y gran parte es argumentalmente simplísima. No existe demasiado misterio y pronto descubrimos que ni siquiera el aparentemente lento sheriff Clem Otis (Allyn Joslyn) tiene demasiadas dudas sobre lo sucedido. 

El ambiente sureño prima en la producción, con la recreación de la pequeña ciudad, de los pantanos o la fantasmagórica mansión Blackwater. Esta, cubierta de vegetación y con sus ricos muebles y pinturas pudriéndose lentamente, sirve como lugar de reunión de Gilly y Danny, pero a su sombra también reside Moses (Rex Ingram) un ermitaño afroamericano que vive, apartado de la sociedad, en una humilde cabaña, a la vista de los ricos salones abandonados de la mansión.  Hay cierta limitación presupuestaria, es evidente, pero Borzage y su equipo consiguen salvar con bastante dignidad los problemas inherentes a este acercamiento y la teatralidad de la iluminación o los fondos pintados ayudan a exagerar ese tono gótico y un punto irreal.

A lo mejor es superfluo decirlo pero hay cosas que no han envejecido demasiado bien. La representación de un vecino discapacitado del pueblo, Billy Scripture (interpretado por Harry Morgan), es bastante tosca, aunque hay una breve y efectiva secuencia en la que el adulto Billy observa, sin que parezca terminar de comprender, la diferencia entre sus pies y la impresión dejada por sus pies de niño, hace muchos años, en el asfalto. El personaje de Moses se tiñe del arquetipo del negro mágico, en su versión secular, pero es defendido hábilmente por Ingram. 

El gótico sureño es un género que ha tenido su manifestación en el pulp (principalmente en la obra del tejano, Robert E. Howard y el norcarolino Manly Wade Wellman) y casi paralelo al gótico yankee de la Nueva Inglaterra de Lovecraft. La continuada decadencia económica del sur durante los años 30, unidos a la historia de violencia y la segregación, crea un ambiente propicio para el horror terrenal (como en este caso) o el sobrenatural, poco explotado quizás por cuanto señala a los males que siguen perviviendo en esas regiones


Jornada desesperada
(Desperate Journey, 1942, Raoul Walsh)

Las desventuras de un grupo de pilotos de la RAF (aunque con la inclusión de un piloto americano y un oficial australiano) derribados sobre suelo Alemán en plena segunda guerra mundial. Aunque la película falla en cuanto a ofrecer profundidad dramática a la historia, precisamente esa ligereza puede hacer que sea perfecta para jugar con ella, lejos de dramatismos que no se transfieren bien de la pantalla a la mesa de juego. Los personajes, aún cuando algunos de ellos mueren, parecen comportarse en todo momento como si estuvieran jugando a un juego o participando en un deporte (¡incluso aunque hay una escena en la misma película en que uno de los personajes se lo reprocha a los demás!)

Protagonizada por Errol Flynn (como el australiano Terrence Forbes) y Ronald Reagan (como el americano Johnny Hammond)  cuanta en papeles secundarios con el incombustible Alan Hale, con Nancy Coleman y, como oficial alemán, con Raymond Massey. Un elenco competente en general, aunque mi antipatía hacia Reagan posiblemente pese en su contra, pero sin verdadero lucimiento para ninguno de ellos. Flynn estaba por entonces significativamente enfermo de tuberculosis, uno de los motivos por los que nunca pudo alistarse en la guerra, mientras que Reagan debía acabar la película rápido para incorporarse, el mismo, a filas (aunque por su miopía nunca sirvió en combate). 

Pese a sus desavenencias con el guion, que consideraba demasiado fantástico, y las prisas, antes mencionadas, Walsh demuestra buen pulso y estilo para dirigir las escenas de acción. Estas incluye una interesante secuencia de bombardeo (rodada con maquetas combinadas con metraje en estudio y fragmentos de noticiarios) casi impecable pese a la limitación técnica, un emocionante asalto nocturno a una fábrica de armas y una persecución vehicular por las llanuras holandesas.  El uso del movimiento de personajes dentro del plano, y de la cámara en torno a este, es magnífico, y algunas angulaciones poco comunes sobresalen en momentos inesperados, como el plano cenital al tren donde escapan nuestros protagonistas (de nuevo una maqueta) mientras el oficial alemán los sobrevuela sin saberlo. 

Ya he hablado otras veces de como esta clase de películas no solo sirven como inspiración para aventuras en la era pulp, si no que de la misma manera pueden adaptarse fácilmente para el entorno de Star Wars. Un grupo de agentes rebeldes que quedan aislados en un planeta controlado por el imperio pueden pasar perfectamente por la misma serie de etapas que los protagonistas del film, con las adecuadas sustituciones de tecnología y escala. 



Revuelta en la India
(The Drum, 1939, Zoltan Korda)

Otra aventura colonial probritánica, en línea con Gunga Din, Tres lanceros bengalíes (The Lives of a Bengal Lancer, 1935, Henry Hathaway) o  Shari, la hechicera (1929, Black Watch, John Ford), por citar solo unos pocos de los mejores ejemplos de un género muy popular en la época. La peculiaridad de Revuelta en la india es, por un lado, que se trata de una temprana producción en color y, por otro, que fue parcialmente rodada en la India (en Chitral, actualmente en Pakistan). Y también curiosidad tenemos a Raymond Massey como villano ¡aunque esta vez encarnando a un cruel tirano indio!

La historia nos sitúa en un ficticio principado de la frontera noroeste, Tokot (que no puedo dejar de hermanar al Pankot de El templo maldito), en que el pacífico khan busca una alianza con los británicos.  Por ello se envía al capitán Carruthers (Roger Livesey) para negociar los detalles del tratado; sin embargo el hermano del gobernante, el siniestro Ghul (Massey) planea una gran sublevación contra los británicos.  Mientras tanto una peculiar amistad se establece entre el joven príncipe Azim (Sabu) y un tambor del regimiento escocés que acompaña a Carruthers, el jovencísimo Bill Horder (Desmond Tester). En medio de las intrigas y atentados también se ve enredada la joven esposa de Carruthers (Valerie Hobson).

Se trata de una aventura entretenida, aunque en general muy poco sorprendente en su desarrollo, con recursos argumentales que veremos una y otra vez hasta la parodia en films como Carry On... Up the Khyber (1988, Gerald Thomas) o en las escenas de película dentro de una película de El guateque (The Party, 1968, Blake Edwards). Pero está resuelta con efectividad y sin florituras innecesarias. La combinación de material rodado en la India con otros planos tomados en estudios remotos (con un buen uso de maquetas y fondos pintados), o incluso en las montañas de Gales, produce a veces yuxtaposiciones curiosas y, por supuesto, el discurso colonial es simplemente absurdo

Pero es un buen ejemplo del género y tiene algunas escenas de lo más aprovechables. El partido de polo (no tan siniestro como el de El hombre que pudo reinar), la representación de los ataques a las columnas británicas en las montañas o la preparación de la trampa para los soldados bajo la apariencia de un banquete de celebración. Massey como Ghul establece un villano tópico, pero efectivo, y la escena inicial en que se nos muestra su carácter maquiavélico en disputa frente al sincero fanatismo religioso del mullah es un ejemplo de como exteriorizar algunos rasgos del personaje en acción.

En el plano de los actores sirva para destacar a Sabu, actor nacido en Mysore que había sido descubierto para el cine con 13 años en Sabu-Toomai, el de los elefantes (Elephant Boy, 1937, Robert J. Flaherty y Zoltan Korda) y cuyos papeles más conocido sean el Mogwli de la versión de 1942 de El libro de la jungla (Jungle Book, 1942, Zoltan Korda) y el Abu de El ladrón de Bagdag (The Thief of Bagdag, 1940, Ludwig Berger, Michael Powell y Tim Whelan). El resto de personajes nativos está interpretado por occidentales, con excepción del egipcio Amid Taftazani como el probritánico Mohammed Khan. 

Tampoco quiero olvidar mencionar una de las mejores películas británicas de la época (y que sin embargo no he mencionado hasta ahora por esos azares de los que hablo en la introducción) Vida y muerte del coronel Blimp (The Life and Death of Colonel Blimp, 1943, Michael Powell y Emeric Pressburger) en la que Livesey, el Carruthers de esta Revuelta en la India, demuestra una capacidad interpretativa que aquí está bastante desaprovechada.




The Yeti
(2026, Gene Gallerano y William Pisciotta)

No todo van a ser películas de antes de que naciéramos y no todo van a ser buenas películas, toca hablar de una producción muy reciente, que durante unos instantes promete un buen entretenimiento pulp pero que lamentablemente queda muy lejos de cumplir cualquier expectativa. 

Lo primero que tengo que decir es que, pese al título, la película no se enmarca en el género de aventuras en el Himalaya que ha dado lugar a películas tan variadas como El abominable hombre de las nieves  (The Abominable Snowman, 1957, Val Guest)  o La maldición de la bestia (1975, Miguel Iglesias) si no que se sitúa en algún espacio poco determinado de Alaska. Lo que técnicamente la situaría más bien en el terreno dedicado a su pariente, el Sasquatch ¿Quizás es más comercial un nombre que otro? ¿Tiene el primo asiático más tirón comercial que el americano? Parece que si, por que al mismo tiempo que esta película se estrena youtube está lleno de horribles "trailers conceptuales" escupidos por una IA con títulos relacionados con el Yeti.

El Yeti, de salida, parece partir de un choque conceptual entre unos personajes que se pretenden arquetipos aventureros y un argumento que apenas les deja espacio para hacer nada, más allá de correr de un lado a otro y sufrir, en muchos casos, muertes ridículas. La primera presentación de los personajes, quizás la parte más pulp del film, como parte de un noticiero cinematográfico promete cosas que luego la película no está interesada en contar.

La historia (ambientada a finales de los 40) sigue a una expedición lanzada al territorio salvaje en busca de los desaparecidos profesor Hollis Bannister (William Sadler) y el magnate petrolero  Merriell Sunday Sr. (Corbin Bernsen). Está capitaneada por la hija de Bannister, la cartografa Ellie (Brittany Allen), cuya autoridad es continuamente confrontada a su vez por el hijo de Sunday, Merriel Sunday Jr. (Eric Nelsen). Junto a ellos un grupito de personajes que incluyen un experto en explosivos no demasiado "refinado" (interpretado por el codirector Gene Gallerano), un veterano de las dos guerras mundiales con medio rostro cubierto por una máscara (Linc Hand), un operador de radio (Jim Cummings), una zoóloga (Christina Bennett Lind) y la secretaria del heredero Sunday (Elizabeth Cappuccino)

Los mejores trozos de la película, incluyendo el prólogo que consigue crear más tensión que el resto de la película, se pueden ver en el trailer. Lo limitado del presupuesto, notorio desde el minuto uno, hace que todas las escenas estén rodadas en estudio, con unos exteriores muy poco convincentes (que priman el primer plano con el fondo desenfocado), por lo que pese a la ambientación agreste gran parte de la acción transcurre dentro de una cabaña. Aunque esto podría haber servido en una película más competente para crear una tensión creciente o un sentido de paranoia no es el caso. El argumento está mal explicado, mal estructurado y los tópicos que conforman el guion son actuados con desgana.


Comentarios

  1. "una banda de mujeres guerreras (cada una con un arma diferente y un vestido de distinto color)"...¡Son las Power Rangers!

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  2. pues un poco si, no te voy a engañar, hasta la líder va vestida de rojo https://static.titlovi.com/img/0343/343280-tt0872248.jpg ¡Gracias por comentar!

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