miércoles, 2 de abril de 2008

Lugar misterioso: Zu-Vendis (Kenia)


Reino africano oculto en un amplio valle en las cercanías del monte Kenia. La mayoría de sus habitantes tienen la piel tostada y ojos y cabellos oscuros, un explorador el siglo pasado los identifico como descendientes de algún pueblo fenicio.

El nombre del país en su propia lengua significa “Tierra Amarilla” debido a los depósitos arcillosos que en ella se encuentran, aunque otros han aventurado que sea por la presencia de yacimientos auríferos. Se trata de un territorio en forma de cuenco, con una llanura central y montañas de altura variable a su alrededor, en el pasado sólo el canal subterráneo, por donde desagua el río que cruza el valle de este a oeste, permitía el paso franco a esta región (que era así fácilmente defendible) siendo las montañas traicioneras, como poco, y completado el aislamiento con densos bosques. Algunos informantes han afirmado que el tamaño del país es similar al de Francia, pero esta afirmación obviamente fantástica debe ser considerada solo como producto de la imaginación del narrador (o el deseo de dar más importancia a sus aventuras) de la misma manera debemos considerar las elevadas cifras de población que esa misma fuente maneja. Una comparativa más realista es aquella que la situa en la misma liga que Leichtenstein (unos 160 Km2)

Durante muchos siglos, este lugar fue sede de una cultura única; con un sistema político y una economía compleja, además de tecnología cercana a las altas culturas mediterráneas. Sin embargo se trataría de una cultura curiosamente anquilosada, sin innovaciones técnicas o culturales de importancia desde hace varios siglos. Ocasionalmente lanzaban contra estos pueblos cercanos expediciones en busca de esclavos que eran destinados a las labores más duras, como la minería. Por lo demás el aislamiento era casi total, lo que puede explicar esos rasgos decadentes de su civilización, incapaz de aceptar innovaciones culturales "extrañas" y limitados por tradiciones ininteligibles.

Según una fuente que consideramos del todo creíble, a la que llamaremos únicamente Sigerson, entre 1870 y 1917 la mayor parte de este territorio fue arrasada por una fenomenal inundación. En ese momento algún desastre natural, quizás un terremoto, bloqueó el antiguo canal de desagüe del río e hizo subir las aguas más allá del antiguo caudal, formando un lago que cubrió la mayor parte del valle. La mayoría de sus habitantes habrían muerto en el desastre original o bien en las terribles hambrunas y enfrentamientos civiles que siguieron al mismo. El resto debilitado del antaño orgulloso pueblo de Zu-Vendis, poco más de un centenar de personas, ha intentado adaptarse a su nueva situación convirtiéndose en pescadores, viviendo del lago bajo el que descansan sus antepasados y sus magníficas obras de ingeniería, siempre dispuestos a recordar su pasada gloria e igualmente aislados y separados del mundo exterior por sus prejuicios.

Se trata de una región rica en vetas de oro, mármol y carbón, aunque hoy día apenas son explotadas. La región sigue siendo fértil, en el pasado sus habitantes habían creado diversos sistemas de zanjas y canales para irrigar sus huertas que hoy apenas sobreviven en las partes más altas y que permiten sobrevivir holgadamente a esa mermada población. La mayoría de la población habitaba en la ciudad de Milosis, la capital, donde se produjeron las más graves destrucciones y saqueos y que hoy está completamente sumergida.

Su arquitectura monumental, hoy inundada, recuerda a la de los asirios y babilionios. Los edificios de granito rojo todavía pueden verse en los días claros bajo el agua y algunos días la antigua cúpula del Palacio de las Reinas, desprovista ahora de su capa dorada, se eleva sobre las aguas. Algunos ricos edificios, pero menores en magnificencia que los palacios de Milosis, aún pueden encontrarse en la tierra sobre el nivel del agua.

Los habitantes de Zu-Vendis adoran al dios sol de manera parecida al culto mazdeista, considerando a los hipopótamos animal sagrado de la deidad, poseen una cerrada casta sacerdotal, que debe hacer voto de castidad (aunque como es habitual este es cumplido de forma irregular), engrosada normalmente por muchos hijos menores de la nobleza o de la casa real.

A la cabeza del estado se encontraba siempre una reina, cuyas descendientes mantienen el poder también como sumas sacerdotisas. Sin embargo hoy la antigua nobleza terrateniente casi ha desaparecido, aunque los antiguos títulos aún se usan como señal de respeto entre sus descendientes, cuando la mayoría de tierras fueron destruidas por la inundación. A mediados XIX un aventurero occidental, para ser más concretos, británico consiguió convertirse en rey consorte de este pequeño estado africano.

Físicamente las gentes de Zu-Vendis son de estatura media, complexión oscura, con rasgos afilados y labios finos que parecen indicar un conexión con poblaciones próximo asiáticas. Los raros visitantes occidentales los han comparado con asirios, fenicios o incluso hebreos, aunque esto puede ser más motivado por una interpretación etnológica sesgada que por otro motivo. Sin embargo también resulta posible, y así se ha aventurado en más de una ocasión, que nos encontremos ante otro resto del casi olvidado imperio de Khokharsa, que algunos estudiosos heterodoxos afirman gobernó gran parte de África en la lejana prehistoria. Ocasionalmente se encuentran individuos con rasgos diferentes, incluso algunos con cabello rubio y ojos azules, si bien dichas características son muy raras y posiblemente estén relacionadas con rasgos recesivos.

El idioma que hablan es de sonidos suaves, eufónico a oidos occidentales (a algunos oyentes les ha recordado al griego moderno), cuenta con un sistema de escritura basado en 22 letras, pero raramente es utilizada más que para inscripciones rituales (escasas hoy en día) o para realizar cuentas y similares. Se desconoce la conexión de este idioma con otras lenguas conocidas.

Utilizan armas de bronce, escudos, lanzas y espadas, así como yelmos con penachos de plumas, fuera de esta protección no suelen utilizar ninguna clase de armadura corporal. 
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