sábado, 1 de septiembre de 2012

Cosas para leer: El Cazador del Desierto por Charles Gallenkamp

portada
Biografía del paleontólogo y explorador Roy Chapman Andrews, centrada en sus expediciones centroasiáticas, qué prácticamente pusieron Mongolia, y el desierto del Gobi,  en el mapa de la paleontología, durante la década de los 20. Entre sus hallazgos más recordados se cita a menudo el descubrimiento de los primeros huevos de dinosaurios reconocidos como tales y la localización de algunos de los yacimientos paleontológicos más importantes del mundo. Se trata, además, de uno de los múltiples personajes que ha sido considerado como una inspiración de Indiana Jones (aunque como siempre Lucas niega ninguna influencia directa) 

Andrews, aventurero y explorador antes que científico (llega a decir que el trabajo de investigación le aburre), representaba en los EEUU de los años 20 y 30 el aventurero por excelencia: carismático y atractivo, capaz de convencer a algunos de los hombres de negocios más duros de Norteamérica para invertir en sus expediciones científicas, codearse con las estrellas de cine o de aparecer en portada de la revista TIME.   

A menudo el libro peca de demasiado complaciente con la figura que retrata, pasando por alto   los puntos oscuros de su héroe, como su tendencia a la fabulación,  y cargando las tintas contra aquellas instituciones o personajes que su oponían a sus objetivos.  Cierto es que el libro está realizado en colaboración con el museo Americano de Historia Natural, institución con la cual llevó a cabo sus exploraciones Andrews y que no está para nada interesada en empeñar los éxitos del que, además, fue su director. Si incide algo más, aunque sin hacer sangre, en el sustrato racista que subyacía en la obsesión de una parte de la comunidad científica, entre ellos Andrews y su mentor Osborn, en encontrar la cuna de la humanidad en Asia y no en África.

caravanLa información sobre las exploraciones centroasiáticas y sus descubrimientos, incluidas magníficas descripciones de unos espacios nunca investigados por la ciencia antes de él, ocupan la mayor y mejor parte del libro, mientras que sobre otros momentos de su vida el libro pasa casi de puntillas. Los detalles sobre su infancia y juventud son mínimos, y apenas cuenta nada sobre su relación con los grandes plutócratas y figuras de la alta sociedad que financiaron gran parte de su carrera o da poquísimos datos sobre su papel como agente del servicio secreto durante la I Guerra Mundial, mientras que su condición de presidente del Explorer’s Club se resuelve en apenas un párrafo. 

Donde destaca el libro es el narrarnos el día a día de las expediciones y las dificultades organizativas, y políticas en muchos casos, a las que se tenía que enfrentar el explorador. Recordemos el ambiente cargado y enrarecido de las relaciones diplomáticas en Extremo Oriente durante el periodo; con la Unión Soviética y el Imperio Japonés extendiendo su influencia y una China dividida entre diversos señores de la guerra y facciones enfrentadas. Su, por entonces, innovadora forma de plantear las expediciones, combinando caravanas en camello y automóviles, resalta el papel de bisagra entre dos épocas de los años de la era pulp en que los medios de exploración tecnológicos van desbancando a la tracción animal. 

El libro viene ilustrado por una serie de fotografías en blanco y negro, que van de lo meramente ilustrativo a lo casi imprescindible,roy-chapman-andrews y un mapa del desarrollo de las expediciones, que resulta quizás demasiado abigarrado para ser útil. También acompañan al texto algunas ilustraciones representando algunas de las especies descubiertas o definidas por el equipo de Andrews en estas exploraciones.  Un apéndice intenta aclarar la situación actual de las teorías de Andrews y su equipo con respecto a la ciencia paleontológica de la época de escritura del libro (lo cual significa que a su vez sería necesario otro apéndice explicando el desarrollo de dicha ciencia en estos últimos treinta años)

Se trata de un libro que tiene algunos puntos de contacto, geográficos y biográficos, con el ya comentado aquí Demonios Extranjeros en la Ruta de la Seda, apareciendo referencias  más o menos anecdóticas a personajes como Sven Hedin o Aurel Stein. Si he de elegir, sin embargo,  el libro de Peter Hopkirk, por su enfoque más general y su análisis menos personalista, resulta una lectura mucho más interesante. 

Andrews puede convertirse en un personaje no jugador interesante como asesor o como conocido de algunos personajes, especialmente aquellos relacionados con el Museo Americano o con la alta sociedad americana o pequinesa (como tal aparece por ejemplo en la Guía del Investigador de los años 20, para la Llamada de Cthulhu o en el Hero Pulp ) También Es posible apropiarse de diversas escenas descritas en el libro para nuestras partidas de exploración, donde debemos recordar que el entorno es un oponente tan importante o más que los enemigos humanos.  Es fácil  establecer conexiones entre Chapman, sus expediciones al Gobi y los mitos de Cthulhu (quizás no todos los seres antediluvianos que se encuentren estén realmente muertos) pero también es igualmente fácil relacionarlo, o enfrentarlo, con las maquinaciones del Si-Fan y su líder.
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