miércoles, 28 de mayo de 2014

Cosas para leer: Absolute Planetary por Warren Ellis y John Cassaday


Hace ya mucho tiempo (seis años nada más y nada menos) que dedique una entrada a este comic pero, considerando que mi pasado cumpleaños unos amigos decidieron regalarme este tomo recopilatorio, creo que me perdonaréis que aproveche para hacer una análisis algo más en profundidad del mismo, o para que vuelva a intentar convenceros para leeros uno de los comics más interesantes de los primeros años 2000.

Warren Ellis es un guionista británico que ha conseguido una exitosa carrera dentro del comic americano sin entregarse completamente a los estándares del comic de superhéroes, ofreciendo obras extrañas y personales aún cuando se encarga de los personajes más convencionales del género. En sus guiones se mezcla un interés por las teorías conspirativas, la ciencia ficción y, a menudo, una importante carga política subyacente bajo la estructura del entretenimiento.  Sin embargo, a menudo sus guiones caen en ciertas inconsistencias o arreglos de última hora que deslucen el resultado general. También su tendencia a recrear de forma insistente un personaje que le sirve como portavoz en el comic (preferentemente un inglés mal hablado) resulta a veces un poco cargante. 

John Cassaday, por otra parte, es un dibujante de comics con evidentes virtudes en la creación de imágenes magníficamente detalladas, que dan una visión única de extrañas tecnologías y paisajes imposibles, llevándolas más allá de sus referentes más inmediata, pero al mismo tiempo manejando la iconografía de cada era con habilidad. Como defectos, sin embargo, a veces sus figuras humanas resultan extrañamente rígidas o sus escenas cotidianas poco creíbles. Por ello una serie en que lo cotidiano es infrecuente y lo fantástico, y lo extraño, es constante resulta el espacio perfecto para sus habilidades.

Como ya comente en su momento aunque el trabajo más popular de Ellis sea, sin duda, la espectacular (pero algo vacía)  The Authority, personalmente creo que en Planetary, gracias en gran parte al trabajo de Cassaday, es donde consigue su obra más redonda, sin dejar de caer, ninguno de los dos, en esos errores antes mencionados. Sin embargo el resultado final resulta superior a dichos fallos, creando una obra más redonda y, sobre todo, más discursiva y elaborada que su serie "hermana". 

Lo más interesante de  Planetary  es que se puede leer a un doble nivel. En el relato ficticio los personajes principales son unos “arqueólogos de lo imposible”, que se enfrentan una y otra vez a misterios enterrados,  misterios de un mundo donde hay una rica tradición de fenómenos extraños y metahumanos. Pero además es, desde el punto de vista del lector,  también un verdadero trabajo arqueológico sobre los orígenes y fases de la cultura popular “global”,  aunque fundamentalmente anglosajona, en la que vivimos inmersos. Esto permite mantener una serie entretenida, con sus peleas y planes habituales, al mismo tiempo que se juega con la idea de realidad y ficción de forma constante.

Ya en su etapa en Stormwatch, mediocre colección de Wildstorm que revolucionó completamente,  Ellis comenzó a incorporar referencias que daban un pasado más denso al poco desarrollado universo Wildstorm, incluyendo un repaso por distintas eras del comic protagonizado por la centenaria Jenny Sparks (con referencia al estilo visual de Watchmen incluida). Se puede decir que ese número sirve de antecedente directo de Planetary y su aproximación al material de referencia. 

A lo largo de la colección los distintos números van repasando distintos capítulos de la historia de la cultura pop y el comic (incluyendo referencias también al cine de acción de Hong Kong o las películas de monstruos japonesas, por poner dos ejemplos más peculiares) que da ocasión a Cassaday para lucirse en su creación de mundos y elementos fantásticos.  En general Ellis elige darle un tono aún más siniestro a esos mismos elementos respecto a sus referentes más directos, como si el mundo de Planetary fuera una visión más oscura de los mismos temas de lo que son el universo Marvel o DC. Aquí las historias raramente acaban bien y los héroes tienen casi siempre un reverso oscuro, Planetary versa sobre esa historia secreta que hay que desvelar, pero también existe la esperanza de un futuro mejor.

Aunque por momentos los primeros números resultan algo inconexos, el argumento principal se desvela poco a poco; los protagonistas: Elijah Snow (el inglés malhablado de rigor), Jackita Wagner (una superhumana con escasa paciencia para el aburrimiento) y The Drummer (un superhacker bastante desquiciado) se enfrentan a lo largo del comic con la conspiración de un grupo conocido como los Cuatro, astronautas mutados por un misterioso evento espacial que se han convertido en los amos secretos del mundo. Estos son una poco disimulada versión de los Cuatro Fantásticos como villanos globales. Es quizás un poco disimulado ataque a la forma en que Marvel, y los comics de superhéroes en general, han copado el mercado, eliminando o apropiándose de los elementos más interesante de otros géneros. Y es esto mismo lo que intenta Ellis, aprovechar la energía del comic de superhéroes para revisitar esos otros géneros y facetas olvidadas. 

Como ya mencioné en la entrada anterior una parte de la trama gira en torno a un grupo de héroes de los años 30 que son trasuntos de arquetipos de la literatura pulp, pero Ellis va más allá retrocediendo hasta las raíces victorianas de estos personajes, presentando indirectamente un “superequipo” formado por héroes y villanos de esa era, enfrascados también en un plan secreto para llevar al mundo hacia una utopía futura. Curiosamente en este caso, al ser personajes en dominio público, el autor evita utilizar pastiches y presenta a los “verdaderos” Sherlock Holmes, Drácula o el Hombre Invisible. Y Planetary, finalmente, se convierte en herederos de esos mismos planes y visiones de un mundo mejor, pero posiblemente igualmente abocados al fracaso. 

Desde el punto de vista del director de un juego de rol (y no sólo pulp) quizás sea digna de observar la forma en que Ellis coge los arquetipos clásicos y los retoca para ajustarse a su intención narrativa y al tono que quiere trasmitir. Su Doc Brass añade al típico héroe científico a lo Doc Savage un trasfondo siniestro que entronca con la historia conspirativa del mundo de Planetary, mientras que su versión del justiciero urbano combina elementos de la Sombra, the Spider o incluso Green Hornet, con un tinte más oscuro, y vinculándolo estrechamente a la historia de los Cuatro que ha construido. No se limita a hacer un pastiche e imitar lo que otros han hecho, se apropia de esos personajes para su propio discurso.

El tomo en si de Absolute Planetay es una maravilla en cuanto a presentación, aunque sus proporciones, mucho mayores que los comics originales, lo hagan poco manejable como lectura de viaje. Una espectacular portada, protegida por una no menos vistosa sobrecubierta, papel de buena calidad, buena reproducción y con unos cuantos extras es todo lo que el fan de la serie puede pedir en cuanto a la edición física. Quizás se echen en falta artículos en profundidad sobre lo que vamos a leer, más allá de la laudatoria introducción por Alan Moore, o incluso análisis sobre algunas de las referencias más oscuras del volumen.

La traducción del tomo es diferente a la anterior publicación en grapa, mejor en algunos momentos y peor en otros. Siempre me ha parecido que juzgar una traducción es algo complicado, y que se trata además de un trabajo muy ingrato ya que llaman más la atención los fallos que los aciertos; Ellis es además un autor difícil de traducir, que cae en expresiones oscuras o dobles sentidos intraducibles,  pero a veces cuesta entender en esta versión los diálogos o se pierde completamente la intención o el tono del texto original.

Puntuación: 10/10
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