domingo, 16 de noviembre de 2014

Cosas para leer: El rito de Laird Barron


Esta novela no menciona a Cthulhu ni los enloquecedores volúmenes arcanos que tanto conocemos, nunca se  pronuncia la palabra Leng, ni aparecen los tcho-tchos (aunque su sombra está presente en gran parte del relato) y sin embargo el universo que despliega ante nuestros ojos es eminentemente afín al de Lovecraft. También me ha traído a la mente por momentos la magnífica True Detective, con la que comparte algún elemento argumental y un ambiente de desasosiego y podredumbre subyacente. En ambos casos sin limitarse a la imitación o a la copia, si no aportando su propia voz narrativa.
Barron demuestra una gran habilidad para dibujar la cotidianeidad y la extrañeza, lo humano y lo ajeno y la gris zona intermedia. Lo hace usando una estructura cronológica difícil, en que los acontecimientos del pasado y del futuro parecen influirse unos a otros en un bucle imposible; en que los personajes parecen en su mayor parte ajenos a los abismos y terrores que habitan justo más allá de su vista.

El personaje principal,o quizás valga decir el aparente personaje principal, Donald “Don” Miller, es un hombre mayor, casi un anciano que ya no puede fiarse de su memoria pero nosotros, poco a poco, vamos descubriendo lo que él ha olvidado o se niega a recordar.

El libro comienza con una peculiar relectura de un cuento clásico, convertido en un relato sangriento y enfermizo, para luego ofrecernos una viñeta de terror que podría ser incluso un magnífico relato corto. A partir de allí los capítulos se suceden formando poco a poco un mosaico de referencias terribles, un laberinto del que no hay salida y en el que al final todo queda cerrado, atado a si mismo como el símbolo de la serpiente Uroboros (la serpiente que se devora a si misma) que una y otra vez reaparece en la narración.

El libro está lleno de personajes magníficos y sugerentes. Algunos aparecen y desaparecen sin aparente orden ni concierto, otros hacen que sus contadas apariciones sean fundamentales.  Al menos en eso supera ampliamente a Lovecraft, no todos los personajes y, con algunos momentos de absurdo incluídos, me recuerda a algunas páginas de Thomas Pynchon.

La escritura es cruda cuando necesita serlo, pero evocativa en los momentos adecuados, a veces oscura, tangencial, y otras terriblemente directa. El autor no evita la sangre y el sexo pero tampoco los usa como mero elemento de choque, en general sus más efectivos momentos de terror parten más de la ruptura de la lógica y la cordura, de las reglas que esperamos que cumpla la realidad y la mente, que de la sangre o las vísceras.

En algunos momentos la estructura del libro se hace demasiado extraña y la ausencia de respuestas desesperante. Por momentos dan ganas de entrar en el mundo que describe el libro y gritar, desde una sana distancia, increpar y maldecir a unos personajes cuyo destino parece inevitablemente trágico para que reaccionen. Al mismo tiempo nos mantiene enganchados a la página, intentando saber como acabará todo esto, si todo tendrá una explicación al final.

En definitiva un magnífico ejemplo de Horror cósmico, un gran libro y, para mi,  el descubrimiento de un autor del que pronto espero leer más.

Puntación: 9/10
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