domingo, 15 de enero de 2017

Escocia en la época de Solomon Kane: El Hombre Oscuro



La secta del Hombre Oscuro o simplemente el Oscuro se trata de un grupo cuya existencia es desconocida para la inmensa mayoría de la población local, pese a haber existido en alguna forma en Escocia al menos desde el siglo III.

Por aquel entonces gran parte de lo que hoy es Escocia era como Caledonia y  algo más tarde como Pictia o Pictavia, y sus habitantes, consecuentemente, caledonios o pictos. Desconocemos el nombre que se daban a si mismos, en realidad desconocemos mucho sobre este pueblo: no conservamos los nombres de sus dioses, ni estamos seguros, siquiera, de la lengua que hablaban. El nombre picto tradicionalmente se deriva del latín, haciendo referencia a la costumbre de este pueblo de usar pintura corporal o tatuajes (aunque también es posible que el nombre tenga un origen totalmente diferente). En Irlanda se usa a veces el término gaélico Cruthin o Cruithne para referirse tanto a los pictos de Escocia como a ciertas poblaciones distribuidas en los condados de Antrim, Laois, Galway, Derry y Down a principios de la Edad Media, lo que podría sugerir una conexión entra ambos.

Las Crónicas Nemedias cuentan que al final de la era hiboria los antepasados de los "pictos" forjaron un gran imperio sobre las ruinas de los reinos civilizados, pero que este cayó presa de la división y la barbarie. Otras fuentes cuentan que en un principio los pictos eran un sólo pueblo, gobernados por el rey Cruithne o Albanectus, pero a la muerte de este el reino se dividió entre sus siete hijos, dando lugar a un mosaico de reinos y señoríos. Sea como sea en torno al año 200 había un rey, o un caudillo militar, que destacaba por encima de los demás, que soñaba con reunir a todos los pictos en un sólo reino: la tradición recuerda su nombre como Bran mak Morn.

Bran es una figura elusiva, ya que sólo aparece oblicuamente en las fuentes romanas, como parte o instigador de una rebelión en el norte de Britania, en tiempos del gobernador Tito Sila, y los pictos no han dejado su propia crónica de los sucesos. Una historia, cuya fuente es dudosa, cuenta que deseoso de acabar con los enemigos de su nación Bran pactó con fuerzas oscuras, los Gusanos de la Tierra de la tradición, ligando su destino al suyo. La secta del Hombre Oscuro conserva sus propias historias y leyendas sobre el Gran Rey, pero no comparten esa información con los ajenos al culto.

La Isla del Altar (Eilean na h-altarach)
El centro de sus ritos se encuentra en un islote conocido por sus miembros como la Isla del Altar, marcado por la presencia de un antiquísimo círculo de piedras (que sirve como una especie de calendario lunar) y una caverna, siempre custodiada por siete miembros, elegidos para dicho papel por un periodo de siete años.

En el fondo de dicha caverna, en un lugar donde no llega la luz del exterior pero donde se escucha el incesante sonidos de las olas,  descansa una figura de piedra negra. de unos cinco pies de altura, toscamente tallada en la forma de un hombre. Esta estatua representa a Bran o, si nos atenemos a la creencia de sus seguidores, "es" Bran y en el futuro el Gran Rey volverá a encarnarse o animar esa estatua y volver a gobernar a su pueblo. Es una obligación para todos los miembros peregrinar una vez en su vida a la caverna y postrarse ante la negra escultura, esperando el día que se produzca el regreso de su dios-héroe.

Cada siete lunas (203) días se ofrecen en la cueva sacrificios al Dios sin Nombre, el Gran Gusano y otras figuras siniestras, la sangre de las víctimas (a las que se arranca el corazón con un cuchillo de obsidiana) es asperjada sobre la estatua y en las paredes de piedra y se dice que en los dibujos que forman las gotas de sangre se puede vislumbrar el futuro.

Estas víctimas suelen secuestrarse en las noches anteriores al sacrificio, preferiblemente en las costas cercanas (siendo más sencillo llevar a las vícitmas por mar que transportarlas por tierra), prefieren utilizar el sigilo para llevar a cabo sus planes, cayendo sobre granjas desprevenidas o asaltando pequeños barcos, secuestros que pasan en general inadvertidos o son atribuidos a bandidos y piratas.

Lejos de la Isla del Altar, entre los miembros del culto, los sacrificios en las fechas prescriptivas se limitan a animales, pero aquellos que buscan particularmente el favor de las fuerzas misteriosas para una tarea particular o en busca de mayor poder. Suelen realizarse ante una pequeña figura de piedra, tallada a imitación de la escultura de Bran, pero a escala mucho menor.

Número y fuerza 
Los miembros del culto afirman descender de los antiguos pictos, y se precian de recordar (la trasmisión es oral ya que consideran un pecado escribir los secretos de su religión) genealogías que aseguran llegan hasta los tiempos de Bran e incluso más allá, hasta figuras legendarias como Brule el Lancero que sitúan en tiempos antediluvianos.

Cada linaje se relaciona con una bestia totémica (entre ellas el toro, el salmón, el águila, el jabalí, el caballo, el ciervo y, especialmente el lobo, que se dice que era el linaje al que pertenecía Bran). La pertenencia  pasa de padres a hijos, así como las tradiciones y creencias del mismo, y nadie ajeno al linaje puede ser admitido. La iniciación suele tener lugar en la adolescencia e implica un juramento estricto de secreto, como señal de la cual se les tatúa un antiguo símbolo en forma de creciente, con una flecha partida en forma de V superpuesta. Algunos eligen taturarse signos adicionales, como el tótem de su linaje, pero siempre en lugares fáciles de ocultar.

Para algunos de los miembros de esta secta es poco más que una tradición extraña, una serie de ritos menores, gestos e historias que pasan de padres a hijos pero que poco más afecta su vida. Por ello el número de miembros es difícil de determinar. Posiblemente estemos hablando, como mucho, de un par de cientos en total y la mayoría de "células" estarán formadas por cuatro o cinco miembros, normalmente estrechamente relacionados por lazos familiares. Su número se concentra en la costa occidental escocesa. Un número muy pequeño de los mismos, posiblemente menos de una docena en un momento dado, poseen alguna habilidad mágica innata (Trasfondo arcano: Chamanismo) y son capaces de realizar algunos conjuros, trasmitidos de forma imperfecta por la tradición oral.


En algunos lugares (particularmente en la región de Galloway) los linajes locales mantienen relación con una comunidad oculta de Gente Pequeña, recordando el antiguo pacto forjado por el rey. En estos casos los puntos de contacto suelen localizarse en estelas y túmulos prehistóricos que a veces dan acceso a los complejos de cavernas subterráneas donde estos habitan.

Los cazadores de brujas que se han encontrado con algún miembro no tienen problemas en identificar al Hombre Oscuro con Satanás, y con el Hombre Negro que aparece en muchos juicios de brujería, sin embargo parece necesario aclarar que estas dos entidades poseen características muy diferentes.

Los pictos de Howard y el conocimiento actual
Robert E. Howard tenía cierta obsesión con los pictos: aparecen en algunos de sus primeros manuscritos, también en las historias de Kull y en las de Conan, y son, por supuesto, los protagonistas absolutos del ciclo de Bran Mak Morn, además de parte fundamental de otros relatos situados en la edad media o incluso la época contemporánea. Pero la visión de Howard de este pueblo ha quedado terriblemente anticuada desde la época en que escribió sus relatos. 

En el esquema de invasiones que era el resumen de la historia antigua británica oficial, los pictos representaban el supuesto estrato "mediterráneo", matriarcal y neolítico sobre el que se imponían sucesivamente dos oleadas patriarcales célticas (la primera correspondiente con la tecnología del bronce y la lengua gaélica y la segunda con la del hierro y la lengua británica) antes de la invasión romana, y la posterior sajona.

A veces a este nivel picto (relacionado curiosamente también con los vascos) se anteponía uno anterior "asiático" mostrando así cierta idea de una jerarquía racial y de género, a la vez que histórica, con el hombre anglo-germánico (el sajón, el normando, el vikingo) situado claramente en su cima.

Por la misma época las teorías de Margaret Murray sobre el origen de la brujería en un supuesto culto neolítico mantenido en secreto hasta hoy y las teorías sobre el origen de la creencia en las hadas de David MacRitchie, como recuerdo deformado de un pueblo aborigen "pre-celta", les dotaban además de un elemento ocultista y misterioso que fue bien aceptado por el círculo de Lovecraft. 

Howard había bebido de todas estas fuentes y como en otros aspectos, parecía sentir aquí cierta fascinación a su pesar; una contradicción o tensión aparente entre sus ideas racistas y su apego  por lo bárbaro, la idea de la vitalidad del salvaje frente a la decadencia de la civilización. Los pictos así representados se convierten en vehículo repetido de esta imagen de barbarismo atávico enfrentados a la civilización, de una forma que trasluce quizás otras contradicciones más contemporáneas.

Es curioso, por ejemplo, que en algunos relatos de Conan (especialmente Más allá del río Negro) los pictos adquieran características de los nativos americanos y el autor utilice elementos de los acontecimientos fronterizos muy presentes en la historia de su Texas natal. Sus pictos son pequeños, morenos y  (ha excepción de Bran, Brule y pocos más) casi deformes, comedores de ajo (siempre me ha resultado curiosa la repetición de este detalle gastronómico en varias descripciones) equipados con armas primitivas y, normalmente, sin armadura, aún en plena edad media; un atavismo de un mundo olvidado, que desaparece entre la niebla ante los pueblos más modernos.

Como digo, hoy esta imagen tan particularista ha dado paso a la idea de que los pictos no eran, al fin y al cabo, un pueblo muy distinto de sus vecinos británicos y gaélicos, ni en apariencia física ni en cultura material y, posiblemente, tampoco en religión o en idioma (aunque esto último está muy abierto aún a debate). Las ideas de Murray y MacRitchie son, en general, consideradas erróneas por los académicos (aunque siguen vivas en otros ámbitos).

Los cambios culturales que los arqueólogos del siglo XIX, y la mayor parte del XX, interpretaban como producto necesario de invasiones y migraciones a gran escala hoy se interpretan más en términos de procesos de aculturación (especialmente cuando la genética parece demostrar una continuidad de población inesperada a lo largo de la prehistoria y la antigüedad) y el viejo esquema racial ha quedado prácticamente olvidado.

En la realidad los pictos probablemente no se fueron a ninguna parte, siguen allí, confundidos en el mosaico de herencias que conforman Escocia. 
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