Cosas para ver: The Tick (2001) y The Tick (2017)


Cosas de las plataformas de visionado online han puesto a nuestra disposición no sólo la más reciente versión audiovisual del titán cerúleo de la justicia,  creado por Ben Edlund en 1986 (¡cómo mascota de un boletín de una cadena de tiendas de comics!), si no también la fracasada serie de 2001 de la que sólo llegaron a producirse nueve episodio. Antes de sus aventuras en acción real vivió una adaptación a la animación que he de decir que apenas he visto.


La serie de 2001 (que sólo contó con nueve episodios de apenas 20 minutos) sigue el formato común de la comedia de situación, con tramas que se resuelven en cada episodio y un puñado de escenarios recurrentes, en que se juega principalmente con los diálogos absurdos y las relaciones entre el elenco principal. Los personajes secundarios aparecen y desaparecen con las tramas y sólo hay cuatro personajes regulares/recurrentes de importancia.

Estos papeles recurrentes recaen por supuesto en el ínclito guardián de la verdad, la justicia y los monólogos absurdos:  The Tick (Patrick Warburton) junto a su pusilánime, pero bien intencionado, ayudante Arthur, a los que se unen dos héroes más: Batmanuel (Nestor Carbonell), el único héroe que es además su mayor fan, y la patriótica Captain Liberty (Liz Vassey).

Algunos de los argumentos se refieren a los tópicos del comic, como la presencia de los sidekicks o ayudantes juveniles, otros intentan utilizar estos elementos como disfraz para tratar otros temas, la salida del armario de Arthur (contando a su familia que es un superhéroe).

Toda la lógica narrativa, todos los personajes están parcialmente afectados por la locura de The Tick, el héroe más absurdo en un mundo absurdo en el que, pese al desgraciado destino del Inmortal (Sam MacMurray), no hay daños permanentes y lo peor que puede pasar es que Apocalypse Cow te chamusque con sus ubres que escupen llamas. Técnicamente es el típico producto televisivo, en que la acción es muy escasa (por límites presupuestarios) y la inmensa mayoría de la acción sucede en sets de rodaje en interiores.


La nueva versión, en cambio, es evidentemente un producto de esta edad dorada de las series en que se nos dice que vivimos.

Se ofrece una trama general, un gran argumento que hilvana la serie en un único gran relato. El tono absurdo, excepto en los geniales diálogos del más poderoso idiota de la galaxia The Tick (Peter Serafinowicz),es más reducido y se proporciona a Arthur (Griffin Newman), que se convierte en el verdadero protagonista, un pasado trágico y una vinculación con el principal villano de este universo, el Terror (Jackie Earle Haley) y con sus sicarios, Miss Lint (Yara Ramirez) y Ramses IV (Michael Cerveris).  Otro personaje que cobra importancia en esta versión es Dot (Valorie Curry) la hermana cuerda de Arthur, que se guarda algunos ases en la manga. 

Al contrario que en la serie anterior, parece haber cierto esfuerzo de creación de un universo más o menos lógico en torno a los personajes.

Se dibuja un mundo en que hay otros héroes y villanos más o menos serios, especialmente el poderoso Superian (Brendan Hines) o el siniestro Overkill (Scott Speiser), aunque también podemos encontrar al perro justiciero Midnight (al que da voz Townsend Coleman, que fue el doblador del héroe del mentón de acero en la serie de dibujos), en que existe una organización encargada de tratar con estos (AEGIS, aunque no sabemos si es una acrónimo) y por algunos momentos podría parecer que nos encontramos en un rincón aislado, y un poco tonto claro está, de un verdadero universo de superhéroes.

El humor es más elaborado, más sutil y, también, más oscuro en muchas ocasiones, especialmente cuando gira en torno al villano. 

Para mi las diferencias entre ambas series tienen también mucho que ver con los cambios en la percepción pública del género mismo de los superhéroes en estos últimos 15 años. La forma en que el triunfo cinematográfico de los superhéroes a partir de 2008 ha generado unas expectativas diferentes de una parodia del mismo: en 2017 la visión del público general de los héroes enmascarados es necesariamente muy diferente y por ello el humor debe buscar cosas diferentes.

Dejando de lado consideraciones técnicas, y presupuestarias, la diferencia entre el disfraz de tela del Arthur de 2001, un guiño a los uniformes de lycra clásicos del comic, y el más elaborado mono tecnológico de su versión de 2017, que muestra la influencia del look paramilitar-futurista del cine.

Lo mismo podemos decir del deprimente origen trágico, que se ha convertido en una necesidad en la última década incluso para héroes que nunca necesitaron algo así, como bien puede contar Flash.
En esta estética urbana y más realista la locura y la inocencia del gran mamotreto azul es un soplo de aire fresco y ofrece un contraste aún más marcado con el entorno.

Pero es que en realidad su humor, sus discursos inspiradores pero sin sentido especialmente, resultan también algo anacrónicos, ya que parodia un rasgo (los grandilocuentes textos de apoyo y narración en off) que era común en el comic de hace unas décadas difícilmente vemos en estas adaptaciones y en sus homólogos de papel modernos, que en realidad ya comenzaba a ser raro en 2001. 

Ambas series son divertidas, aunque la más moderna es superior en casi todos los sentidos (aunque prefiero a Warburton en el papel principal), pero ambas son rápidas y agradables de ver. Las dos, especialmente la serie antigua, recomendadas para esos días, o año o décadas, tontos que todos tenemos.

Puntuación: 8/10