Viajando: La Guerra del Chaco

El Chaco no es hermoso. La vegetación no cautiva la vista con un verde exuberante, los bosques de palmera y las matas de caña cansan por su monotonía, los lagos son pequeños y escasos. Aquí el Pilcomayo no tiene afluentes. Ninguna elevación, ninguna montaña desde donde uno pueda tener una panorámica de la región. En el interior del Chaco no hay ni una piedra, ni siquiera guijarros. Por todas partes el suelo es de polvo y lodo. 
Erland Nordenskiöld (antropologo sueco), 1912


Entre el 9 de septiembre de 1932 y el 12 de junio de 1935, Bolivia y Paraguay se enfrentaron en una cruenta guerra por el control de una región remota del centro de  Sudamerica, el Chaco Boreal (parte de un área más amplia conocida como Gran Chaco). Un pedazo de tierra aparentemente de escaso valor y escasamente poblada, que costó sin embargo la vida de más de cien mil soldados, muchos víctimas de las enfermedades y de la sed. 

Geografía física
De relieve fundamentalmente plano, algunas sierras de poca altitud, con dos áreas ecológicas bien diferenciadas: la parte oriental más boscosa, aunque más caracterizada por densos arbustos que por árboles de gran altura; la parte más occidental de pradera herbácea que, en la estación seca, llegan a tomar aspecto desértico.


La parte en disputa se enmarca entre una serie de ríos: el Paraguay al este, el Pilcamayo al sur  y hacía el noroeste el Parapeti. El Paraguay es navegable y la ciudad de Puerto Casado en sus riveras es el principal medio de contacto del Chaco con el mundo exterior.

Entre Mayo y Octubre el tiempo es terriblemente seco en  toda la región:  el agua superficial es especialmente escasa, con algunos ríos, generalmente en dirección oeste-este, y los llamados "esteros" o "bañados", humedales que sufren grandes fluctuaciones estacionales, salpicando el territorio. De Octubre a Mayo se producen, por contra, grandes aguaceros que vuelven los escasos caminos impracticables y pueden provocar inesperadas riadas e inundaciones.

La única explotación económica de cierta importancia en los años 20 era la producción de taninos a partir del quebracho, un tipo de árbol común en la zona oriental. Este negocio está controlado de forma absoluta por la empresa Carlos Casado SA (de la que deriva el nombre de la ciudad antes mencionada)

Geografía humana
Su población indígena se divide en varios grupos lingüisticos y culturales (tupi-guaraníes, zamucos, matako-matas y otros) y decenas de tribus o pueblos diferenciados. En general su cultura se ha mantenido aislada del exterior excepto por la adaptación del caballo en las actividades bélicas y cinegéticas, especialmente al sur del área. Algunos pueblos son seminómadas y viven principalmente de la caza y recolección mientras que otros son sedentarios y practican la agricultura.

Debemos mencionar a los llamados chiriguanos (o ava), de habla tupi-guaraní, relativos recién llegados a la zona (en el siglo XVI, desde el área amazónica) que establecieron durante un tiempo un verdadero reinado de terror sobre los chané (originalmente de lengua arrawak , aunque hoy hablan guaraní) a las que sometieron, utilizando incluso la antropofagia ritual (que era conocida como avá-porú) para establecer su dominio. En los siglos recientes tuvieron un largo historial de rebeliones contra los "blancos", su último gran estallido se produjo en 1892 y terminó trágicamente, con la masacre de Kuruyuki.

Durante la guerra muchos nativos, especialmente chiriguanos pero también chorote (o manjui) y nivaclé (o chulupí) (ambos del grupo linguístico matako-mata) fueron reclutados, a veces a la fuerza, por ambos bandos como exploradores, guías y asistentes. Comunidades enteras, por otra parte, decidieron abandonar el territorio en disputa durante la guerra y desplazarse hacia el Chaco argentino.

Ya en el siglo XVIII los misioneros jesuitas enviados a la región registran horrorizados la cantidad de "hechiceros y hechiceras" que practican sus artes entre una población que había permanecido prácticamente aislada (dejando de lado la adopción de los caballos en su cultura) del exterior hasta entonces. La pervivencia de creencias politeístas y animistas, mezcladas con conceptos de los misioneros católicos y anglicanos, han dado lugar a ideas sincréticas bastante extrañas.  Por ejemplo los chiriguanos han añadido a su panteón la figura del diablo cristiano bajo el nombre de Añá-Tumpa, señor de los añas (espíritus malignos) y reina en el inframundo conocido como Añarentá.

A esta escasa población nativa, aumentada por las misiones religiosas y por un puñado de colonos durante el siglo pasado, se ha añadido muy recientemente otro curioso grupo de habitantes:  comunidades de menonitas (secta protestante de habla alemana, anti-modernista, similar a los más conocidos Amish) que han comenzado a establecerse en el Chacho a partir de 1927, como respuesta a una invitación del gobierno paraguayo. En ese año se funda la colonia de Menno, por parte de 1300 miembros de esta comunidad, llegados principalmente de Canadá.

Razones del conflicto
Bolivia y Paraguay eran entonces dos naciones pobres, inestables políticamente y que, además, habían sufrido importantes mermas de su territorio el siglo anterior: Bolivia había perdido su corredor al océano frente a los chilenos, en la llamada Guerra del Pacífico, y Paraguay había sido aplastada por una Triple Alianza de Brasil, Argentina y Uruguay (perdiendo casi la mitad de su antiguo territorio). Sin embargo Paraguay seguía contando con una salida fluvial al comercio internacional, el río Paraguay (afluente del Paraná y que sirve de frontera oriental al territorio) de la que Bolivia carecía.

Bolivia reclamaba el territorio basándose en derechos históricos (el territorio había pertenecido a Real Audiencia de Charcas, entidad que había dado origen a la república Boliviana) mientras que Paraguay, además de argumentos históricos igualmente difusos, contaba con cierto control de facto de la región, que tenía además una mayor conexión geográfica y humana con este país que con el altiplano boliviano. 

Desde finales del XIX ambos países habían sembrado la zona de pequeños puestos, fortines, a veces poco más que una decena de casas con una empalizada y un puñado de soldados, con un par de ametralladoras y quizás un poco de alambre de espino y una trinchera.

En 1879 se había llegado a un acuerdo de partición, por mediación del gobierno norteamericano, que había establecido una linea fronteriza que dividía el Chaco en dos zonas. Pero, aunque ninguna de ambas naciones reconoció realmente dicha división (ni otros intentos de demarcación posteriores), en principio no parecía haber un buen motivo para lanzarse a un conflicto total en la región.

Sin embargo en 1928 se descubrió petroleo en la parte más occidental del Chaco, a los pies mismos de los Andes, y las promesas de más yacimientos, impulsadas principalmente por la norteamericana Standard Oil, sirvió de acicate para la guerra.

Además el control de los puertos fluviales del río Paraguay, podía proporcionar a Bolivia acceso al comercio internacional, para exportar dicho petroleo sin depender de otras naciones. Además la crisis internacional del 29 había afectado al país andino en gran medida, debido a la bajada brutal del precio del estaño (que era la principal exportación del país). 

Durante los siguientes cuatro años ambos países intentaron conseguir  de nuevo el reconocimiento internacional de su soberanía sobre la región, fortificaron algunas posiciones, reforzaron sus ejércitos y llegaron a producirse algunas escaramuzas, que fueron creciendo paulatinamente en intensidad y violencia. Los intentos de mediación fracasaron sucesivamente y el estallido de la guerra parecía ya inevitable al iniciarse la siguiente década. El inicio formal del conflicto lo marca la ofensiva paraguaya iniciada en septiembre de 1932, cuyo punto principal fue la reconquista del fortín Boquerón, tomado recientemente por los Bolivianos.

El ejército boliviano
En principio la guerra parecía prometerse sencilla para Bolivia, que contaba con una población casi tres veces mayor, riqueza minera acumulada y un ejército mejor equipado, con armamento moderno incluyen subfusiles alemanes, aviones más numerosos y de mejor calidad y tanquetas ligeras. En realidad muchas de las opiniones anteriores a la guerra auguraban una victoria total y fulgurante del país andino sobre su vecino.

Sin embargo la mayoría de sus soldados eran reclutas forzados, provenientes  del altiplano, y estaban poco acostumbrados a las características del terreno: a la altitud, a la vegetación y al clima del Chaco. Además muchos de estos reclutas, que sólo hablaban quechúa o aymara, eran incapaces de entenderse con los oficiales, que hablaban únicamente español. Los blindados se demostraron de escasa utilidad en el terreno agreste, además de poco prácticos debido a las dificultades para el suministro de gasolina (que en gran parte debía ser utilizada para mantener el vital suministro por camión de agua a las tropas) e insoportables en las altas temperaturas veraniegas.

Al mando del ejército boliviano se encontraba el ministro de la guerra y jefe del estado mayor Hans Kundt (1869-1939). Nacido en Alemania, había llegado a Bolivia en 1911 para reorganizar el ejército según el modelo prusiano. Pero sus ideas militares estaban fundamentalmente anticuadas y condujo a sus hombres como si las duras lecciones de la Gran Guerra (donde había servido, de vuelta en su país natal) nunca hubieran sucedido: ordenando cargas frontales contra posiciones fortificadas, no aprovechando su superioridad aérea, etc. Fue destituido el 12 de Diciembre de 1933, sustituido por el general Enrique Peñaranda.

El ejército paraguayo
En el otro lado del conflicto el ejército menos numeroso y peor armado (a veces sólo con machetes y rifles ligeros), contaba, sin embargo con una serie de ventajas logísticas y organizativas. La mayor, la posibilidad de usar el río Paraguay y su red de ferrocarriles para movilizar sus tropas más rápido y con mayor eficiencia, hasta Puerto Casado y de allí a las zonas de lucha.

Además buena parte de sus tropas sí estaban acostumbradas a ese tipo de terreno, demostrando una mayor movilidad y una mejor adaptación al mismo pese a contar con equipamiento por lo general inferior. 
Esta inferioridad armamentística era tal que, al principio del conflicto, se organizaron varias campañas públicas para  obtener fondos comprar armamento y, más adelante, se convirtió en costumbre que los soldados paraguayos cambiaran sus armas, en cuenta era posible, por las capturadas al enemigo. 

Los oficiales paraguayos, que en algún caso habían servido bajo ordenes francesas en el reciente conflicto mundial, demostraron además una superior capacidad táctica, organizando movimientos envolventes que les permitieron derrotar a tropas bolivianas superiores en número y armamento. Al mando del ejército se encontraba José Félix Estigarribia (1888-1940).

Las hostilidades
Durante los siguientes tres años la guerra continúo, con ambos países sufriendo terribles bajas y penalidades, así como un endeudamiento y una inflación crónicos.

Tan importantes, o más, que los combates fueron las labores logísticas:  el establecimiento de carreteras, la construcción de puestos avanzados y fortines en el territorio ocupado...  el suministro de combustible, medicamentos, municiones y, sobre todo, agua, se convirtió en fundamental para continuar luchando, y en eso los paraguayos demostraron su superioridad y así pudieron vencer en prácticamente todos los combates durante la guerra, especiamente tras el fracaso de la ofensiva Boliviana sobre Nanawa en julio de 1933.

A menudo importantes contingentes bolivianos se vieron aislados, sin suministros y rodeados en territorio hostil, lo que llevaba inevitablemente a la rendición. Al final del conflicto había unos 30000 prisioneros bolivianos en manos de Paraguay, frente a unos 3000 en la situación contraria. 

Poco a poco las tropas Bolivianas fueron perdiendo territorio, excepto la mínima franja de tierra al pie de los Andes y la fortaleza de Villa Montes (defendida por el más capaz de los generales bolivianos, Bernardino Bilbao Rioja).  Pero los paraguayos comenzaban a enfrentarse por entonces con los mismos problemas de suministro (habiendo alargado sus lineas a través del territorio ocupado) que sus enemigos sufrían en los primeros compases de la guerra.

Estas derrotas aumentaron la tensión de las instituciones civiles y los militares en Bolivia, donde ambos se culpaban entre si del fracaso, y en diciembre de 1934 el gobierno de Daniel Salamanca fue derrocado por un golpe militar que marcó un peligroso precedente para el futuro. 

Voluntarios, mercenarios y asesores
Pero en el conflicto no sólo lo lucharon los nativos de ambas naciones, si no que conllevó la llegada de asesores militares, voluntarios y "mercenarios" de muchas partes del mundo. Quizás esta sea la posición más adecuada para los personajes jugadores, que puede estar trabajando para cualquiera de los bandos o quizás actuando por cuenta propia o en pro de alguna organización, legal o ilegal, internacional.

En el ejército boliviano podemos encontrar no sólo alemanes si no también asesores checoslovacos y también algunos chilenos y una mezcla de aventureros y desesperados de cualquier nacionalidad (presentes en ambos bandos). 

Por otra parte, Argentina proporcionó apoyo en forma de equipo y municiones, y contactos internacionales, a Paraguay. Algunos poco cientos de ciudadanos argentinos llegaron también a alistarse en su ejército, y también hubo un número significativo de oficiales rusos blancos, exiliados que en algunos casos habían pasado por la Legión Extranjera francesa. 

Como nota anecdótica en EEUU el popular, y polémico, Huey Long (1892-1935), senador y antiguo gobernador de Luisiana, era un gran defensor a Paraguay y culpaba a la Standard Oil de financiar e incitar a Bolivia para continuar la guerra por su interés privado en el, supuesto, petroleo de la región.  Otros rumores apuntan a una participación similar por parte de la Royal Dutch-Shell (empresa petrolífera anglo-holandesa) en apoyo de Paraguay por intereses similares.

A partir de 1932 el ejército paraguayo contó además con la aportación de asesores y equipo de la Italia fascista. 

El embargo internacional
La Sociedad de Naciones intentó establecer un embargo de armas para las dos naciones y abrir negociaciones de paz. Pero el éxito fue cuanto menos limitado ya que las compañías armamentísticas, y muchos contratistas privados, veían este conflicto como un negocio perfecto y hacían todo lo posible por seguir llevando su material a los contendientes. 

Una posible historia puede llevar a un grupo de personajes, contratados quizás por la SdN, a intentar evitar la llegada de material bélico de contrabando, quizás fomentado por alguna organización criminal a gran escala con nefandos intereses en aumentar la carnicería o prolongar el conflicto. O si lo prefieres, y los personajes son más del tipo mercenario, pueden ser ellos los aventureros dedicados a intentar superar el bloqueo en su propio beneficio. 

Las rutas principales para introducir armas en Bolivia eran desde Mollendo en Perú (que era conocido por la tendencia a que "desapareciera" parte del cargamento al pasar por allí), desde el puerto de Arica en Chile o desde Brasil hacia Puerto Sanchez (en el extremo noreste de sus posiciones). Argentina, por otra parte, permitió casi con total libertad la entrada de armas con destino a Paraguay a través de su territorio durante la mayor parte del conflicto. 

Históricamente, una de estas "aventuras", por ejemplo, implicaba la compra de cuatro bombarderos Curtiss-T32 "Condor" II por parte de los bolivianos; los aviones se compraron utilizando como tapadera una compañía falsa, con sede en Florida, llevando sus pilotos legalmente los aviones (supuestamente para uso civil pese a estar equipados con torretas y ametralladoras de tipo militar) hasta Arica y desde allí cruzando, ya ilegalmente, la frontera para entregarlos a sus compradores. Aunque en este caso los aviones fueron interceptados en Perú en la campaña puede ser que los personajes tengan éxito donde estos fracasaron.

Balance de la guerra
La guerra provocó una gran mortandad, pero además sumió a ambos países en las deudas y profundas
crisis económicas y políticas. El alto el fuego en 1935 mostraba dos países exhaustos, diezmados y desmoralizados. Bolivia había perdido a unos 60000 hombres (además de los 30000 prisioneros), Paraguay había sufrido numéricamente menos bajas, en torno a 40000, pero su menor población (en torno a un millón de personas) significaba un impacto mayor de las mismas. 

Paraguay, la vencedora del conflicto, obtuvo el control final sobre la mayor parte del territorio en los tratados firmados en Buenos Aires en 1938, mientras que a Bolivia se le concedió una mínima parte así como el control de un acceso al río Paraguay. 

Sin embargo una parte del ejército paraguayo consideró que Estigarribia, y el gobierno civil de Eusebio Ayala, habían terminado la guerra demasiado pronto, dando demasiadas concesiones al enemigo y dieron un golpe militar en 1936. 

Las promesas de riquezas petrolíferas no se cumplieron volviendo poco después el Chaco a una condición no muy distinta a la anterior a 1928.

Un conflicto curiosamente similar, aunque en menor escala, sacudió las pequeñas repúblicas de Nuevo Rico y San Teodoro, al nortedeste del subcontinente también durante la década de los 30.

Otros datos de interés
La guerra no es el único motivo por el que los personajes pueden verse atraídos al Chaco, pero esta sin duda complica cualquier visita durante el periodo.

Con los mencionados más arriba chané, pero fuera del Chaco propiamente, ya en las estribaciones andinas, se asocia el yacimiento arqueológico conocido como Fuerte de Samaipata. Se trata de una gran obra con terrazas excavadas en la roca, en lo alto de un cerro, posiblemente fuera más un centro ceremonial que otra cosa. En él se encuentran  diversos petroglifos y relieves de figuras animales (jaguares y serpientes) que, según algunos, representan constelaciones, indicando su utilidad como observatorio astronómico.


También cuenta con ruinas incas, que establecieron allí el límite oriental de su imperio, y posteriormente los españoles construyeron efectivamente un fuerte en esta ubicación (abandonado a mediados del siglo XVII) en sus guerras contra los chiriguanos.

Existen leyendas sobre tesoros, bestias míticas un sapo que escupe fuego, una serpiente gigante) y cámaras secretas bajo la mole de roca. Esta vinculación con la serpiente es destacada por algunos investigadores, que señalan la conexión con los secretos de los antiguos hombres-serpiente, de la más antigua época lemuria y con el mundo subterráneo, lo que ha hecho afirmar a algunos que unas ruinas aún más importantes se ocultan bajo el cerro.

Cabe mencionar en este sentido como las leyendas de los pueblos conocidos como chamacoco (ayoreo o yshyr), que hablan de la existencia de una serie de océanos subterráneos de donde proceden los ahnapsûro. Seres míticos, cubiertos completamente de plumas y escamas, y se suponen fundadores de la cultura chamacoco.

Quizás otros yacimientos similares puedan encontrarse en el interior del inexplorado territorio del Chaco. Es posible que los símbolos de Samaipata guarden en si mismo la clave, si supiéramos interpretarla, de estos otros yacimientos desconocidos.

También puede ser de interés la presencia en el Chaco Austral (es decir, en la parte Argentina de la región) de un conjunto de cráteres y fragmentos meteóricos que parecen corresponderse con un impacto producido hace unos 5800 años. Un gran objeto se fragmentaría en la atmósfera dejando un rastro de varios cráteres, separados por kilómetros, en dirección general norte/sur y varios meteoritos de composición ferrosa. Estas masas de metal, un hierro de gran calidad, atrajeron la atención ya de expediciones en el siglo XVI y XVII pero aún en el siglo XX siguen encontrándose nuevos fragmentos.

En Mythos Expeditions (para el Rastro de Cthulhu) se describe una expedición en busca de meteoritos caidos mucho más recientemente en el mismo Chaco Boreal. En la campaña Two-Headed Serpent (para Cthulhu Pulp) el capítulo inicial se sitúa también en la zona.