Cosas para ver: Oro de Agustín Díaz Yanes


Película de aventuras históricas, un género lamentablemente escaso en la producción nacional, con un resultado modesto en lo cinematográfico y un fracaso en lo económico que quizás explique el motivo de que el género no se prodigue más.

Díaz Yanes ya realizó la también fallida Alatriste, al igual que esta que nos ocupa basada en la obra de Arturo Pérez Reverte. Pero donde la historia del soldado de los tercios cometía el error, gravísimo a mi modo de ver, de fundir los cinco libros en una única película de resultado confuso y desarrollo deslavazado, aquí escoge un episodio más breve, más contenido y consigue así un resultado más coherente, al menos.

Visualmente la película es correcta, hermosa en determinados momentos incluso, aprovechando escenarios naturales para situar a los personajes a continuación en el plano corto, encerrados entre los árboles y las rocas. Cuarenta exploradores, un grupo de individuos desesperados y patibularios, capitaneado por el notoriamente incompetente Gonzalo de Baztán (José Manuel Cervino) se adentran en la jungla en busca de una legendaria ciudad con los techos de oro. Con ellos viaja también (a pie, curiosamente) Doña Ana ( Bárbara Lennie)  y su criada (Anna Castillo) así como un odioso, y tedioso, sacerdote, el padre Vargas (Luis Callejo). Entre los exploradores destacan unos cuantos rostros conocidos, con papeles en algunos casos anecdóticos y secundarios.  

El vestuario y maquillaje muy interesante, crea unos personajes visualmente potentes. Pero, más alla de la apariencia, estos resultan de cartón piedra: un jefe incapaz de realizar ninguna acción que no sea una perfidia o una estupidez, unos personajes femeninos poco aprovechados y unos héroes cansados, típicamente Perez-revertianos, poco aprovechados. Interesante podría ser el veterano Bastaurrés (interpretado por José Coronado) o nuestro protagonista  por defecto Martín Dávila (encarnado en Raúl Arévalo), pero todos parecen estar ahí por cumplir, poco más que bocetos de personajes que no consigue despertar nuestro interés. 

El papel de las dos mujeres, especialmente de la desaprovechada Anna Castillo, es totalmente secundario. Doña Ana es más un mecanismo de la trama, una forma de aumentar las tensiones entre los personajes masculinos, que un personaje, por mucho que se intente dar un giro según avanza el argumento hacia una dureza que tampoco lleva a ninguna parte. 

En general los esfuerzos por hacer aumentar la tensión, por llevar al grupo al límite son tan notorios y exagerados, con un Don Gonzalo que parece incapaz de tomar una decisión a derechas y un segundo al mando, Gorriamendi (un Oscar Jaenada entregado a la sobre actuación), totalmente odioso. 

Curiosas me resultan las afirmaciones, en entrevistas y  demás, sobre la intención de librarse de la, tan mentada, Leyenda Negra (obsesión del pensamiento hispano) y que, sin embargo, la imagen de los conquistadores sea tan oscura, tan negativa en todos los sentidos. Y no por que nada de lo que digan o suceda no sea creíble si no por la incapacidad de ir más allá y mostrar algo más que esa visión de sangre y sudor.  Más allá de un conato de épica en el final, que resulta algo absurdo, se trata de un relato donde personajes violentos y desagradables se despedazan por un MacGuffin poco interesante.

Puntuación: 5/10