Cosas para leer: El Buscón en las Indias por Alain Ayroles y Juanjo Guarnido


Extraño proyecto este, ofrecer una continuación (la anunciada, pero nunca escrita, segunda parte) de La vida del Buscón de Quevedo, publicada originalmente en Francia (con un título, Les Indes Fourbes, que no hace referencia directa la Buscón, claro, obra menos conocida más allá de los Pirineos), pretende continuar donde el autor barroco terminó y lleva al protagonista más lejos, geográfica y conceptualmente, de lo que el autor original se atrevió. La longitud de la obra, el gran formato y una espectacular portada pintada al óleo también ayuda a separar esta obra de otras del mercado.

En el argumento se mezcla la pura picaresca con la aventura, mientras Pablos de Segovia se convierte en nuestra ventana a los estamentos de una sociedad corrupta y profundamente injusta. El hilo temporal se retuerce y recompone, siguiendo las engañosas palabras del mismo Pablos que se nos presenta como falso, mentiroso, cobarde y traicionero pero dotado del bastante carisma y encanto para que no podamos evitar sentir cierta simpatía por sus desvelos.

El dibujo de Juanjo Guarnido, responsable gráfico de la magnífica Blacksad, es simplemente apabullante, con un estilo que aúna el interés por el detalle realista con la expresividad de la caricatura o el dibujo animado, donde la influencia de Disney sigue estando presente y bien asimilada. El humor de muchas escenas se funde maravillosamente con la crudeza, o la fantasía, de otras, formando un conjunto armonioso y estéticamente impecable.

El color, en el que participa/colabora/asesora Alex Alice (Siegfried, El Tercer testamento), es un factor fundamental en el resultado final, especialmente en algunas escenas en que el dibujo lineal parece dejar su lugar a la mancha de color y a la luz en estado puro. Así consigue una magnífica recreación de ambientes y paisajes diversos y de una infinita variedad de tipos humanos según seguimos a Pablos en su viaje por el Nuevo Mundo. Me pregunto, curioso, si el público galo apreciará, o será consciente, de la presencia de tantos actores españoles de décadas pasadas entre el reparto de su aventura.

En cuanto a la narrativa secuencial la colaboración entre ambos autores, ya que Ayroles prepara guiones gráficos completos incluyendo una distribución preliminar de viñetas, juega con cambios de plano y transiciones muy conseguidas, ofreciendo una variedad de planificación y encuadre que se abre a los paisajes americanos cuando corresponde y que aprovecha la expresividad de los planos cortos también cuando es necesario.

Es necesario comentar que el guionista francés Alain Ayroles también alcanzó reconocimiento gracias a una serie protagonizada por animales antropomórficos, aunque en este caso situados en el siglo XVII, con De capa y colmillos (junto al dibujante Luc Masbou). Y se nota que el guionista domina la época y su cultura y que, también, ha estudiado con afecto la obra original para ofrecer una continuación a su modo y manera.

En este punto podríamos entrar en el debate sobre lo oportuno de la resignificación de la obra original, cuyas conclusiones y valores Ayroles y Guarnido trastocan profundamente; lógicamente esta no es la obra que pudiera haber escrito, o suscrito, Quevedo. Y no lo es por muchos motivos, entre ellos por la rígida conciencia aristocrática del autor original, y tiene innegables, y para mi agradecidas, concesiones a la sensibilidad contemporánea. Además es evidente una estructura narrativa muy moderna que ofrece giros de guión, saltos temporales y juego entre realidad y ficción que parecen impensables en el siglo XVII pero que son comunes en nuestra posmodernidad.

Así consigue escribir algo más que un simple pastiche, creando una obra respetuosa pero con personalidad propia y que no se lee como un ejemplo de simple imitación o gusto historicista.

Como otra curiosidad comentar que la idea original del guionista, según entre otras esta noticia, era escribir una obra muy diferente, una continuación del Quijote (necesariamente apócrifa debido al final de la segunda parte cervantina) situada en el altiplano Peruano y que fue el dibujante el que le convenció de cambiar de personaje. Algo de quijotesco sobrevive en la obra final, encarnado en varios de los personajes (con sueños imposibles de gloria, honores y batallas) que se cruzan en los caminos y las mentiras de nuestro protagonista, que por constraste adquiere toques de Sancho Panza.

Un cómic magnífico, sin peros.

Puntuación: 10/10

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