Los astros en la posición correcta (en la época de Solomon Kane)

"Cuando los astros se hallaban en la posición correcta, Ellos podían precipitarse de mundo en mundo a través del firmamento; pero cuando los astros estaban en posición adversa, no podían vivir"
H.P. Lovecraft, La Llamada de Cthulhu.

Los cultos de los Grandes Antiguos siempre se han vuelto hacia los cielos buscando una señal del resurgir de sus dioses, durante la época de Solomon Kane hay varios eventos estelares que pueden interpretarse como señales de una nueva edad cósmica o heraldos de desastres por venir. 

Por simplicidad me voy a centrar en la astrología europea occidental (heredera en gran parte de una tradición helenística, con raíces en Persia y Egipto, trasmitida por romanos y árabes) pues otros países y culturas tienen sus propias tradiciones astrológicas que, pese a obvias similitudes, alargarían demasiado esta entrada.

Algunos pensadores, tanto católicos como protestantes, condenan la astrología como hechicería satánica (o casi) otros lo ven como un simple engaño, pero otros lo ven como un instrumento para conocer la voluntad divina. En general, la población y las instituciones son tolerantes con las ideas de influjos planetarios, estelares o zodiacales (por ejemplo en el campo de la medicina o la personalidad), la astronomía llamada natural. Lo que provoca controversia, en realidad, es la posibilidad de adivinar el futuro utilizando dichos conocimientos, lo que se suele llamar astrología judiciaria.

Como siempre la frontera entre superstición, magia y ciencia es difusa en esta época e incluso los grandes precursores de la ciencia (Copérnico, Kepler, Brahe...) están impregnados de ideas astrológicas, herméticas y cabalísticas. 

Sucesos previsibles: Conjunciones, oposiciones y eclipses

Tras milenios de observación  los astrónomos habían logrado una aproximación bastante precisa del movimiento celeste (aunque el heliocentrismo obligaba a ajustes extraños para explicar los movimientos aparentemente retrógrados de algunos astros) y mediante tablas (como las tablas alfonsíes y más tarde las tablas rudolfinas), instrumentos y cálculos podían prever cuando se produciría un eclipse (se dice que Colón uso este conocimiento para impresionar a los habitantes de Jamaica) o cuando los planetas se encontrarían en conjunción (visibles en el mismo grado y minuto en el cielo), agrupamientos (cuando dos o más planetas son visibles muy cerca unos de otros, normalmente dentro de una misma casa zodiacal) o se opondrían (dos planetas separados exactamente 180º) en el cielo.  

La concepción prevalente al principio del periodo, de tradición aristotélica, concebía el universo como una serie de esferas concéntricas, con la Tierra ocupando dicho centro y más allá las ocupadas por los siete planetas  (La Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), la esfera del zodiaco y la de las estrellas inmóviles o fijas. Más allá de estas esferas estaría el reino celestial, el Empíreo o, simplemente, la divinidad. La esfera terrestre y la lunar estarían formada por los cuatro elementos materiales mientras que las más elevadas estarían formadas por la mítica quintaesencia, o éter, incorruptible y distinto a la materia terrenal.

Pero ser movimientos previsibles y predecibles no significa que no se les dotara de significados profundos y todos los años se publicaban miles de panfletos en toda Europa buscando interpretar sus movimientos en forma profética. Por ejemplo el eclipse total de sol visible en partes de Inglaterra y Escocia el 25 de  febrero (o 7 de marzo según el calendario gregoriano, todavía no aplicado en Inglaterra) de 1598 señalaba el próximo fin del reinado de Isabel I. 

En el gran esquema astrológico renacentista tenían gran importancia las 12 Casas del Zodiaco (divisiones de 30º de la elíptica cada una identificada por una constelación) y también los 36 decanos (3 divisiones de 10º por cada casa, también con sus propias constelaciones epónimas) que forman   junto con los siete planetas la base del sistema. También se consideran las 28 Mansiones Lunares que son fundamentales en la tradición árabe o china pero secundarias en la astrología occidental (excepto quizás en la Península Ibérica, posiblemente por influencia árabe) así como el influjo de determinadas estrellas  individuales. 

Los planetas

Los planetas se asocian con símbolos, colores, metales, alimentos, plantas, animales y los humores del cuerpo humano (así tradicionalmente Saturno es melancólico, Marte  colérico, Júpiter sanguíneo y Venus flemático) o, incluso, con las jerarquías angélicas o los sefirot de la cábala.  Así utilizar un anillo de hierro o vestir ropas de color rojo podía ser una forma de magia simpatética para atraer las fuerzas celestiales de Marte o, al contrario, evitar esos metales o colores podría mantener alejada su influencia.

Esta tabla ofrece algunas equivalencias, tomadas principalmente de Cornelio Agrippa, pero, por supuesto, los distintos autores hacen sus propias interpretaciones (a menudo contradictorias) y sirve más como ejemplo que otra cosa.

Planeta

Metal

Color

Ángeles

Aves

Animales

Joyas

Luna

Plata

Blanco

Gabriel

Buho

Gato

Cristal

Sol

Oro

Amarillo dorado

Rafael

Cisne

León

Carbunclo

Mercurio

Mercurio

Naranja o azul claro

Miguel

Cigüeña

Mono

Ágata

Venus

Cobre

Violeta o  azul oscuro

Haniel

Paloma

Cabra

Esmeralda

Marte

Hierro

Rojo o violeta

Camael

Buitre

Lobo

Diamante

Júpiter

Estaño

Verde, azul o púrpura

Zadkiel

Águila

Ciervo

Zafiro

Saturno

Plomo

Negro o marrón

Zaphkiel

Avefría

Topo

Ónice


Gran parte del pensamiento mágico renacentista, y barroco, se basa en ese enorme cuadro de correspondencias y correlaciones y por ello las ideas astrológicas se manifiestan también en la medicina, la alquimia y el arte del periodo

Los seguidores de los mitos de inclinación hermética y cabalística sin duda realizan sus propias correlaciones y es posible que asocien planetas (y toda su simbología asociada) con deidades del ciclo, pero estas asociaciones son a menudo contradictorias y parciales.  

Por ejemplo, la identificación de Saturno con el Rey de Amarillo aparece en diversas fuentes, a veces usando el nombre hebreo del planeta (Kaiwan o Chiun) para referirse a la entidad (y de la misma manera las Híades que ocupan un lugar tan importante en su mitología reciben el nombre hebreo de Ash o Ayish) pero también el culto de Tsathoggua vincula a la deidad con el planeta, al que denominan por alguna variación de su nombre hiperbóreo  del mismo (Cykranosh). También la vinculación de Venus con Shub-Niggurath es clásica, pero otras identificaciones son más problemáticas. 

Sabemos que los seguidores de Sadogui en Averoigne dan cierta importancia a los ciclos lunares, y prefieren realizar sus ceremonias en luna nueva, especialmente si esta coincide con la fecha de la Noche de Walpurgis (30 de Abril al 1 de Mayo), algo que sucede cada 19 años (como ejemplo en 1565). 

Como siempre cuando los mitos interactúan con otros sistemas de creencias hay que tener en cuenta que las correspondencias nunca son claras y unívocas si no que parten más bien de la desquiciada mente de los sectarios, intentando ajustar las alienígenas deidades a sus ideas preconcebidas de divinidad y su propia cultura

En la literatura de los mitos Yuggoth aparece en ocasiones como un planeta situado más allá de los conocidos. Mucho después de la época de Solomon Kane los descubrimientos tanto de Urano (como 1781) como Plutón (1930) hicieron que algunos identificaran esos mundos con él. 

La idea de que las estrellas son otros soles que pueden tener a su vez planetas orbitando a su alrededor es ajena a la práctica totalidad de los astrónomos de la época. Solo Giordano Bruno (1548-1600) planteó esta posibilidad pero sus opiniones, además de conducirle a  la hoguera, no fueron demasiado populares ni crearon escuela.

Las estrellas behenianas

Cornelio Agrippa en su De Oculta Philosophia Libri III (1533) destaca las que llama behennii (singular behenius) 15 estrellas de especial significado oculto, tomadas de la tradición occidental y árabe:
 

- La Cabeza del Espectro (nombre moderno, Algol)
- Las Pléyades 
- Aldaboram (Aldebarán) 
- Hircus (Capella)
- El Can Mayor (Sirio) 
- El Can Menor (Proción)
- El Corazón del León (Régulo)
- La Cola de la Osa Mayor (Benetnasch)
- El Ala del Cuervo (Algorab)
- Spica
- Alchameth (Arturo)
- Elpheia (Alphecca) 
- El Corazón del Escorpión (Antares)
- El Buitre que Cae (Vega)
- La Cola de Capricornio (Deneb Algedi). 

Algunas de ellas son consideradas como buenos presagios,  como Aldebarán (sin embargo, muy asociada con los mitos del Rey de Amarillo junto con las cercanas Hiades) mientras que otras, especialmente Algol son consideradas portadoras de influencias nefastas o perniciosas

Algol, cuya nombre moderno deriva del árabe raʾs al-ghūl, la cabeza del demonio o, literalmente, del gul y que los autores griegos identifican con la cabeza de Medusa que porta la constelación de Perseo (a la que pertenece), es visible durante gran parte del otoño y del  invierno en el hemisferio norte. Su brillo es variable (aunque hay discrepancia sobre si este hecho era conocido antes del siglo XVII) aumentando y reduciéndose su brillo en ciclos regulares.

La reaparición anual de Sirio en el cielo nocturno, tradicionalmente, se asociaba a los días de más calor del verano (también asociado a un aumento de los incendios, las enfermedades y los ataques de perros) entre finales-mediados de Julio y finales de agosto o principios de septiembre. Estos eran conocidos en latín como dies caniculares (de donde deriva el castellano canícula y la expresión inglesa dog days para referirse a esos días). Aunque, debido a la precesión, la fecha del orto de Sirio (además de que esta varía lógicamente con la latitud) ya no se produce al principio de dicho periodo si no más bien (a mediados del siglo XVI) en pleno  agosto.

La estrella Fomalhaut, conocida como la Boca del Pez Meridional, es una de las estrellas más brillantes del cielo nocturno que no es mencionada en la lista anterior. Esta estrella es asociada al culto a Cthugha y los rituales e invocaciones a la deidad deben realizarse cuando la estrella es visible sobre el horizonte (durante el otoño en el hemisferio norte y en primavera en el hemisferio sur)

La Gran Conjunción de 1583 

Se denomina Gran Conjunción a la alineación de Saturno y Júpiter en el mismo grado y minuto del cielo nocturno.  Este evento se produce aproximadamente cada poco menos de 20 años. Las conjunciones y agrupaciones planetarias y el signo en que se producían eran considerados de gran valor astrológico ya al menos desde la obra del árabe Albumasar (Ya'far ibn Muḥammad Ibn 'Umar Abū Ma'shar al-Baljī 787-886) y el judío Messahala (Masha'allah ibn Athari, c.740–815), ambos traducidos al latín en el siglo XIII. Albumasar afirmaba que el mundo había sido creado con una conjunción de los cinco planetas en el signo de Aries (183102 a.c) y terminaría con otra en el signo de Piscis (176899 d.c.). 

Se considera que ambos planetas representan fuerzas cósmicas fundamentales y antagónicas: Saturno se considera un símbolo de destrucción y disolución (y el temperamento melancólico), mientras que Júpiter representa la fuerza opuesta de creación y crecimiento (y el temperamento sanguíneo). Por tanto su conjunción estelar solo puede señalar tiempos de crisis y cambio, a veces apocalíptico (por cierto, la próxima es el 21 de diciembre de este año, por si alguien quiere hacer predicciones). 



Pero la de 1583 era una Gran Conjunción con un significado especial, que requiere una explicación algo más compleja. Cada Gran Conjunción se produce aproximadamente 120º separada de la anterior en el  cielo, lo que significa que se produce sucesivamente en tres signos que forman un mismo trigón elemental (los signos del zodiaco están divididos en cuatro trigones relacionados con los cuatro elementos tradicionales: fuego, tierra, aire y agua). Pero, al no ser 120º perfectos y por tanto desplazarse lentamente, cada 240 años aprox. el fenómeno pasa a producirse en un trigón/elemento al siguiente*.  

En 1583 se produce uno de esos cambios de trigón, siendo el último en producirse en Piscis (signo del trigón de agua, junto con Cáncer y Escorpio) para el siguiente (1603) Aries (signo del trigón de fuego, junto con Leo y Sagitario) siendo además este el fin de un ciclo mayor, de 960 años aprox.*,  ya que Aries se considera el primer signo del zodiaco.  

*Aunque otro cálculo afirma que la progresión correcta es c.196 años para el cambio de trigón y c.800 para el reinicio del ciclo.

En la mente de muchos, además, se asocia esta conjunción con una  profecía de Johann Müller Regiomontano (1436-1476) que señalaba 1588 como el año del Fin del Mundo. Otros señalan que una Gran Conjunción de estas características marca el inicio de una nueva era religiosa y que traería el fin del Islam, la reunificación de las iglesias cristianas o el nacimiento de una religión nueva.

Si consideramos la denostada teoría elemental de los Mitos es posible que este momento tenga una significación especial para los Grandes Antiguos asociados a las fuerzas elementales implicadas. Quizás marque un inicio de una mayor actividad de aquellos relacionados con el elemento fuego (Cthugha) o quizás, haciendo la interpretación opuesta, una mayor influencia de los liberados poderes acuáticos (Cthulhu y los suyos). 

Sucesos imprevisibles: cometas y novas

Has de tener en cuenta que en Europa, para la inmensa mayoría (pese a la obra de Copérnico), el esquema del universo era aún una concepción geocéntrica, donde la Tierra ocupaba el centro de un universo formado por esferas concéntricas. Y, siguiendo a Aristóteles, se consideraba a los cielos como inmutables: más allá de la imperfecta esfera sublunar nada podía cambiar. Por ello los eventos celestes inusuales tenían una especial importancia, casi de violación del orden natural establecido. Precisamente la observación de algunos de estos fenómenos ayudaría a desechar (al demostrar que se producían efectivamente más allá de la Luna) esas ideas erróneas.


El  Gran Cometa de 1556

Los cometas tradicionalmente se habían creido más fenómeno meterologíco que celestial, aunque igualmente considerados una señal de perdición y mal agüero. Hay quien ha asociado la presencia de cometas a estallidos de la peste, sequías, terremotos y otros desastres naturales o cambios políticos, como la muerte de gobernantes o el nacimiento de futuros líderes

Por poner solo tres ejemplos muy diferentes: en Roma la aparición durante siete días de un brillante cometa en el 44 a.c. fue interpretado como señal de la deificación de Julio Cesar tras su muerte (y se le dedicó un templo propio como Sidius Julion o Astrum Cesaris),  un cometa (el que actualmente es conocido como cometa Halley) aparece en el famoso Tapiz de Bayeoux, sirviendo como señal celestial de la conquista normanda de Inglaterra en 1066, y el escriba Gerome de Perigon parece crear que un cometa avistado en el verano de 1369  trajo a a tierra a la llamada Bestia de Averoigne

El cometa de 1556 comenzó a ser visible en Europa occidental a finales de Febrero o principios de Marzo. En su máximo esplendor se afirma que llegó a un tamaño aparente similar al de la mitad de la luna. A veces también se le denomina como Cometa de Carlos V, este nombre deriva de una tradición que afirma que el emperador Carlos V decidió abdicar tras observar este fenómeno como una señal celestial para ello. 

En China el cometa fue también observado y considerado igualmente una señal de mal agüero, incluso asociando su aparición con el gran terremoto de Shaanxi, de enero del mismo año, que mató a, se calcula, más de ochocientas mil personas (considerado el más mortífero de la historia). El dominico portugués Gaspar da Cruz, que se encontraba en China en ese momento, escribió posteriormente una descripción del suceso, considerando el cometa una señal de desastre para todo el mundo, incluso como una señal del nacimiento del Anticristo. Otro terremoto, menor que el sucedido en China, se registró también en tierras otomanas el 10 de mayo, poco después de la visita del cometa y poco antes de un eclipse lunar.

La nova de 1572

A partir del 16 de noviembre de 1572 diversos observadores en Europa describen una nueva luz en la constelación de Casiopea, cuyo significado fue muy discutido. Incluso algunos se niegan a aceptar que se trate de una nueva estrella y lo llaman cometa, pese a sus evidentes diferencias. Su luz aumenta durante varias semanas, llegando a ser más brillante que Venus, para luego ir descendiendo lentamente hasta dejar de ser visible a finales de marzo de 1574


El gran astrónomo danés Tycho Brahe (1546-1601) no fue el primero en observar la nueva estrella pero si quien realizó las más precisas mediciones sobre la misma, demostrando por paralelaje (aunque no todo el mundo académico aceptó su demostración) que el fenómeno se debía producir mucho más lejos que la esfera lunar en su obra de 1573 sobre el fenómeno y por tanto su presencia anunciaba que si podía haber cosas nuevas en los cielos.

Otros autores como el británico Thomas Digges, los españoles Jerónimo Muñoz y Bartolome Barrientos o el checho Tadeáš Hájek publicaron sus propias obras académicas sobre el fenómeno, así como aparecieron abundantes panfletos y obras anónimas populares. 

Algunos teólogos, especialmente en el mundo protestante, vincularon la aparición de la estrella con la supuestamente inminente Segunda Venida y el Fin del Mundo, o que incluso era un ángel, o Dios mismo, mostrando su rostro.

John Dee llega a fechar algunas de sus cartas a partir del Anno Stellae (año de la estrella) en sustitución del tradicional Anno Domini (desde el supuesto nacimiento de Jesús) como si realmente fuera la señal de una nueva era y muchos la compararon con la estrella de Belén. 

Una interpretación común es que como la señal había sido visible durante 16 meses algo portentoso debía suceder a los 16 años de su aparición, señalando el año 1588 como el principio del Fin.

Gran Cometa de 1577

El Gran Cometa de 1577, con una cola muy brillante y espectacular, fue visto entre Noviembre de ese año y enero del siguiente, desde Perú en el oeste  hasta Japón en el este. Según algunos testimonios su brillo llegó a ser mayor que el de la luna en su momento de mayor cercanía a la tierra (en torno al 11 de noviembre) y algunos afirman que tenía dos colas. 

En Europa septentrional fue considerado como una señal del aumento del peligro otomano, pues se decía que su forma era similar a la de una cimitarra, mientras que en las mismas tierras otomanas se le asocia con una epidemia de peste aquel año. 

Otros autores señalan que fue su decisión de ignorar el augurio del cometa lo que condujo a la derrota, y a su misteriosa muerte (otro día, quizás, hablaremos del sebastianismo), al rey de Portugal, Sebastian I, en la batalla de Alcazarquivir (4 de Agosto de 1578) y finalmente a la anexión de Portugal por parte de Felipe II.

Otros cometas de menor tamaño son visibles en Europa en 1580, 1582  y 1585, aunque ninguno tan espectacular como los de 1565-1577 son igualmente vistos con una mezcla de miedo y fascinación. 

La nova de 1604

Otra nueva estrella aparece en la constelación de Serpentarius, el portador de la serpiente  (también conocida como Ofiuco), entre octubre de 1604 y el mismo mes de 1605. Su brillo aumentó tanto que llego a ser visible incluso durante el día, al menos durante tres semanas. Además su aparición coincidió con una  conjunción de Júpiter y Marte en una dirección muy próxima del cielo, por lo que muchos astrónomos tenían la vista fijada en dicha sección del cielo.

Johannes Kepler (1571-1630) estudió en profundidad la nova y publico su De Stella nova in pede Serpentarii (Sobre la nueva estrella en el pie del Portador de la Serpiente, 1606) y por ello a menudo esta es referida, en fuentes actuales, como Supernova de Kepler.


En los famosos manifiestos rosacruces, publicados poco después (ligeramente fuera de la época para SK pero muy adecuados para Máscaras del Imperio o el Hombre Abstracto, 1614-1615), se hace referencia directa a las novas (tanto la de 1572 como la de 1604) como señales del principio de una nueva era, la era de la reforma rosacruciana, e incluso sitúa a 1604 como la fecha en que el sepulcro oculto de Christian Rosencreutz (el mítico fundador del movimiento) habría sido desvelado al mundo.


Muchos seguirían recordando durante los desastres de la Guerra de los Treinta Años estás supuesta señales apocalípticas como muestra de que el conflicto no era otro que la guerra del fin de los tiempos y que, sin duda, el fin del mundo estaba cerca. En ese sentido podemos considerar también la fama casi mesianica, entre los protestantes, del rey Gustavo Adolfo de Dinamarca, identificado con el León del Norte o León de la medianoche (alemán Der Löwe aus Mitternacht) de una famosa profecía pseudo-paracelsiana (atribuida al médico alemán) enfrentado a los Habsburgo imperiales. 

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