La filmografía pulp sigue creciendo y aquí añadimos unos cuentos ejemplos más de cine para despertar la imaginación de masters y jugadores.
En esta entrada vamos a tocar repetidas veces un asunto que se hace inevitable al hablar del cine de la era pulp (y en realidad también del cine posterior hasta demasiado recientemente) como es el yellowface y el brownface (y su pariente más popular, el blackface). Estas prácticas industriales, utilizar actores occidentales (aunque a menudo provenientes de áreas o grupos étnicamente ambiguos, al menos para el público americano) para representar personajes pertenecientes a otras etnias, principalmente asiaticas, con un maquillaje e interpretación más o menos (normalmente más menos que más) realista, respetuosa o sutil. No pretendo condonar esta práctica: estas políticas son indefendibles y nunca debieron haberse llevado a cabo e he intentado (he intentaré en el futuro) destacar la participación de verdaderas minorías en el cine de la época, algo que aunque raro no era totalmente desconocido.
Sin embargo, al repasar históricamente algunas de estas películas poseen un interés, o unos valores cinematográficos, que pueden extrapolarse (creo) más allá de las mismas y, tratándose de películas antiguas creo que es posible observarlas con la bastante distancia para apreciar tanto sus evidentes defectos como algunos de sus posibles méritos. También creo que hay una distancia entre las representaciones realmente malintencionadas (como el Mickey Rooney de Desayuno con diamantes o el festival de tópicos que es el Hacha justiciera) de aquellas en que, más allá de la mirada orientalizante se intenta un acercamiento, si no siempre acertado, al menos con simpatía hacia el personaje representado.
Aventureros en serie
En el apogeo de la era pulp el cine era un entretenimiento popular y masivo, que requería un flujo constante de películas que alimentaran las sesiones dobles y atrajeran al público regularmente a sus butacas. Así surgieron los seriales, que eran emitidos en cortos capítulos semanales antes de las películas, pero también las series de películas protagonizadas por un mismo personaje.
En su mayoría se trata de personajes salidos de la literatura de género, y por tanto de las revistas pulp, con una tendencia a argumentos sujetos a una fórmula más o menos repetitiva, cercana casi siempre al género de misterio, pero sin las oscuridades propias del noir. Esto, aunque puede agotar al espectador casual, garantizaba que el espectador pudieran recibir una dosis regular de su personaje favorito, con unos ingredientes muy similares y sin sorpresas de ninguna clase. Pero, cuando se hacían con eficiencia, ofrecían entretenimiento genérico con regularidad.
Varios personajes protagonizaron así películas, en su mayoría baratas producciones de serie B, que normalmente se proyectaban junto con una serie A más prestigiosa (además de precedidos por un serial, un noticiero y un corto de dibujos animados). En esta entrada me voy a centrar en cuatro series; tres de ellas tienen como protagonistas a detectives asiáticos (aunque mayormente interpretados por anglos) y un ladrón de guante blanco devenido en héroe.
Las primeras, y poco exitosas, películas sobre el personaje contaron con actores japoneses en el papel del detective (y el actor chino-americano E. L. Park, en la producción de 1929; Tras la cortina) pero sería en 1931, con el sueco Warner Olland como Chan, que las películas se convertirían en un éxito masivo. Este actor interpretaría el papel en 16 películas a menudo acompañado de Keye Luke (que en 1972 pondría voz al mismo Charlie Chan en una serie de animación) como Lee Chan, "hijo número uno", que actúa como su ayudante; Hijo número uno mucho más americanizado que su padre (incluso habla con argot) y tiene ínfulas de seductor, normalmente frustrado.
A la muerte de Olland, en 1938, la Fox contrataría para el papel a Sidney Toler, que realizaría otras 11 películas producidas por este estudio. A su vez cuando los estudios perdieron interés en el personaje, en 1942, Toler compró los derechos cinematográficos del mismo y continuó protagonizando sus aventuras, aunque ahora con menor presupuesto y producidas esta vez por una empresa menor, Monogram, hasta 1947. Otras seis películas, protagonizadas por Roland Winters, fueron rodadas después de ese año. También hubo una serie televisiva a finales de los 50, probando la longevidad del recuerdo del peculiar detective.
La serie de Charlie Chan
El investigador chino-americano Charlie Chan fue una presencia habitual en las pantallas de cine y en las librerías durante la era pulp. Se supone que su creador literario, Earl Derr Biggers, se inspiró en un policía que conoció en Honolulu, llamado Chang Apana, aunque otros dicen que nunca llegó a conocerle en persona y que la inspiración fue más bien remota. Es un personaje muy de su época, posiblemente, hoy día sus films serían imposibles de llevar a cabo, por la carga racista que rodea toda la serie.
En el cine, Charlie Chan es un investigador de origen chino, pero residente en Hawai: se trata de un personaje de aspecto torpe y que a menudo parece distraído o poco inteligente, debido entre otras cosas a su particular forma de hablar inglés (con fuerte acento y salpicando la conversación de pintorescos y absurdos proverbios); sin embargo tras esa apariencia se esconde una gran inteligencia y un fenomenal genio deductivo. En muchas de las películas el detective es ayudado por alguno de sus múltiples retoños, ya que es además padre una numerosísima familia, con consecuencias usualmente cómicas.
Las primeras, y poco exitosas, películas sobre el personaje contaron con actores japoneses en el papel del detective (y el actor chino-americano E. L. Park, en la producción de 1929; Tras la cortina) pero sería en 1931, con el sueco Warner Olland como Chan, que las películas se convertirían en un éxito masivo. Este actor interpretaría el papel en 16 películas a menudo acompañado de Keye Luke (que en 1972 pondría voz al mismo Charlie Chan en una serie de animación) como Lee Chan, "hijo número uno", que actúa como su ayudante; Hijo número uno mucho más americanizado que su padre (incluso habla con argot) y tiene ínfulas de seductor, normalmente frustrado.
A la muerte de Olland, en 1938, la Fox contrataría para el papel a Sidney Toler, que realizaría otras 11 películas producidas por este estudio. A su vez cuando los estudios perdieron interés en el personaje, en 1942, Toler compró los derechos cinematográficos del mismo y continuó protagonizando sus aventuras, aunque ahora con menor presupuesto y producidas esta vez por una empresa menor, Monogram, hasta 1947. Otras seis películas, protagonizadas por Roland Winters, fueron rodadas después de ese año. También hubo una serie televisiva a finales de los 50, probando la longevidad del recuerdo del peculiar detective.
Curiosamente la popularidad del personaje en China llevó a la producción de una serie propia de películas de Charlie Chan en Shanghai y Hong Kong, con seis aventuras producidas entre 1937 y 1950. No he visto ninguna de ellas, es posible que sean películas perdidas y no queden copias, pero algunas tienen títulos tan sugestivos como Charlie Chan contra el príncipe de las tinieblas. En esta serie, aparentemente, el detective era acompañado no por un hijo si no por una hija, llamada Man-na.
Curiosamente también hay un Charlie Chan español, el madrileño Manuel Arbó que rodó en 1931 la versión en español de Charlie Chan Carries on, con el título de Eran trece (1931, David Howard). Estas versiones internacionales, rodadas con actores españoles de forma complementaria a la versión en inglés para el mercado hispanohablante, fueron un breve intento de adaptación de Hollywood a su alcance mundial, que luego se solventaría más eficientemente con la adopción del doblaje. Por azares de la conservación, además, es la única versión de la película que se conserva y la original, la primera en la que Warner Olland interpretó al personaje, se ha perdido.
Hasta ahora sólo he visto un puñado de esta larguísima serie de películas: unas cuantas con Olland en el papel y un par de las de Toler, y prefiero con mucho las primeras. Especialmente me gusta la ligeramente absurda Charlie Chan en el Circo (Charlie Chan at the Circus, 1936, Harry Lachman) que lleva al detective asiático y a su hijo a investigar el asesinato del dueño de un circo itinerante.
Hasta ahora sólo he visto un puñado de esta larguísima serie de películas: unas cuantas con Olland en el papel y un par de las de Toler, y prefiero con mucho las primeras. Especialmente me gusta la ligeramente absurda Charlie Chan en el Circo (Charlie Chan at the Circus, 1936, Harry Lachman) que lleva al detective asiático y a su hijo a investigar el asesinato del dueño de un circo itinerante.
Las películas suelen combinar la acción y la investigación detectivesca, en que nuestro protagonista sirve como precursor de la escuela Colombo (aparentemente no enterándose de nada y dejando que los villanos se enreden solos en sus planes) y cuenta con ciertos arquetipos recurrentes. Uno de los más habituales es la pareja joven, a menudo con una notoria diferencia de clase entre ambos, en que uno de sus miembros es acusado injustamente del crimen y que cargan el peso del argumento sentimental (con obligatorio final feliz) de la la película.
Estas películas, y el personaje en si, cuentan con bastante mala prensa actualmente por considerarse un ofensivo estereotipo racista, pero yo personalmente estoy dividido, aunque tiendo a no verlo como tal, al menos no completamente. Charlie Chan es, obviamente, un personaje simpático para el público, un héroe sin lugar a dudas, y sus defectos (su aspecto torpón, su aparente dificultad con el inglés) no están tan lejos de los de otros detectives inusuales, en los que sus defectos personales no representan ningún alegato contra su cultura. Ni Hercules Poirot es un ejemplo de un belga típico ni la misantropía de Holmes un modelo para los británicos.
Estas películas, y el personaje en si, cuentan con bastante mala prensa actualmente por considerarse un ofensivo estereotipo racista, pero yo personalmente estoy dividido, aunque tiendo a no verlo como tal, al menos no completamente. Charlie Chan es, obviamente, un personaje simpático para el público, un héroe sin lugar a dudas, y sus defectos (su aspecto torpón, su aparente dificultad con el inglés) no están tan lejos de los de otros detectives inusuales, en los que sus defectos personales no representan ningún alegato contra su cultura. Ni Hercules Poirot es un ejemplo de un belga típico ni la misantropía de Holmes un modelo para los británicos.
En ese sentido si realmente queréis ver un ejemplo realmente desafortunado de yellowface (paralelo al blackface para representar a afroamericanos) os recomiendo ver la ya mnecionada El hacha justiciera (the Hatchet Man, 1932, William A. Wellman), que tiene el mérito de ser una de las pocas películas que presta atención a los tongs producidas en el Hollywood de la época pero que cuenta con todo un reparto de actores principales con falsos ojos rasgados y un uso agresivo de los peores estereotipos posibles.
La serie de Mr. Moto
Muy similar en tono y connotaciones molestas es la serie sobre Mr. Moto. Un investigador, y a veces espía, de origen japonés, creado literariamente por John P. Marquand y que protagonizó ocho películas, rodadas a toda velocidad entre 1937 y 1939. Por supuesto a partir de ese año la presencia de un protagonista japonés en el cine americano se fue haciendo más y más improbable, cuando sus compatriotas se irán convirtiendo en villanos de toda una variedad de filmes prebélicos y belicistas, ambientados mayoritariamente en China. Curiosamente muchas veces esos japoneses estarán interpretados en realidad por actores de origen chino (como a menudo hace Richard Loo ¡incluyendo interpretar al mismísimo emperador Hirohito!).
El papel protagonista recayó en el gran Peter Lorre, húngaro de nacimiento, que es lo mejor de unas películas por lo demás bastante facilonas y que caen repetidamente en fórmulas manidas. Su actuación es ciertamente divertida, y trasmite la idea de que el Mr. Moto, amable y casi inofensivo, que vemos es básicamente una falsa fachada, mientras que detrás se oculta no solo un cerero investigador si no un peligroso luchador y un despiadado enemigo si se le provoca. Las películas de Mr. Moto tienden un poco más a la acción que las de Charlie Chan, con el uso de las supuestas habilidades de artes marciales de nuestro protagonista en contadas, pero significativas, ocasiones.
Algunas tienen momentos interesantes, trucos o macguffins facilmente adaptables a una partida pulp y, es mi opinión, algunos de estos son referencias directas para Indiana Jones y el templo maldito. Por ejemplo, puede verse en las escenas del club Obi Wan, del principio de dicha película, un claro paralelismo con los momentos finales de Think Fast, Mr. Moto (1937, Norman Foster). En otra de las películas de la saga, Thank You, Mr Moto (1937, Norman Foster), nos presentan también un mapa misterioso que lleva a un tesoro antiguo con un puzzle arqueológico (y la carrera entre distintos competidores) que encajaría perfectamente en las aventuras de Indy.
La serie de Mr. Wong
El tercero en discordia podría ser Mr. Wong, también creado en relatos (aparecidos en la revista slick Collier's entre 1934 y 1940), en este caso por Hugh Willey, que tuvo su reflejo cinematográfico con el rostro maquillado de Boris Karloff en cinco películas y, de nuevo él, Keye Luke en una sexta.
En esta último, titulada Phantom of Chinatown (1940, Phil Rosen), también aparece la actriz Lotus Long (Lotus Pearl Shibata), una actriz americana de origen japonés y hawaiano, que interpretó una variedad de papeles étnicos a lo largo de su carrera.
Por cierto Karloff es un ejemplo muy curioso de ambigüedad racial llevada a sus últimas consecuencias. El actor, de nombre real William Henry Platt, era británico (e interpretó un buen número de papeles leídos como anglosajones) pero con una buena parte de ascendencia proveniente de la India. Su piel oscura, sus rasgos exóticos, le permitió interpretar papeles dentro de un amplio abanico que incluye desde griegos a egipcios o, como aquí, chinos (también, recordemos, interpretó a Fu Manchu) o incluso nativos americanos. pero raramente a habitantes del subcontinente.
Mr. Wong, James Lee Wongo como nombre completo, es un detective chino-americano, graduado en Yale, que realiza también sus propias investigaciones contra traficantes, tongs y conspiraciones varias. También ha conseguido cierta "fama" local en España por la utilización de fragmentos de sus películas para los doblajes cómicos de Muchachada Nui, pero son películas bastante pobres en todos los aspectos.
La serie de El Santo
Interesante para: Ladrones de buen corazón.
Otro personaje que contó con su propia serie de aventuras cinematográficas fue El Santo, aunque se trata, de lejos, de una serie menos exitosa y prolífica que la de Charlie Chan.
Simon Templar, alias El Santo, es también un personaje creado por la literatura, surgido en este caso de la pluma del británico Leslie Charteris en un gran número de aventuras. Templar es una versión puramente inglesa del ladrón caballeresco, continuando la tradición de Raffles, que dirige sus crímenes contra los malvados y los corruptos, tiene además un impecable buen gusto y un sentido del humor a prueba de bombas. A menudo (especialmente en el cine) sus actividades son más propias de un detective al uso, aunque siempre con una relación difícil con los representantes oficiales de la justicia.
Simon Templar, alias El Santo, es también un personaje creado por la literatura, surgido en este caso de la pluma del británico Leslie Charteris en un gran número de aventuras. Templar es una versión puramente inglesa del ladrón caballeresco, continuando la tradición de Raffles, que dirige sus crímenes contra los malvados y los corruptos, tiene además un impecable buen gusto y un sentido del humor a prueba de bombas. A menudo (especialmente en el cine) sus actividades son más propias de un detective al uso, aunque siempre con una relación difícil con los representantes oficiales de la justicia.
La primera incursión cinematográfica del personaje tendría lugar relativamente tarde, en 1938, cuando se estrenó Sombras de Nueva York (The 'Saint' in New York, 1938, Ben Holmes), protagonizada por Louis Hayward. A continuación George Sanders interpretaría a Simon Templar en seis películas consecutivas estrenadas durante 1939, 1940 y 1941 (comenzando con El Santo ataca de nuevo y acabando con el Santo en Palm Springs) mientras que en el mismo año 1941, Hugh Sinclair interpretaría al personaje en Las vacaciones de El Santo y de nuevo en 1943 en El Santo conoce a El Tigre. Después de un parón Hayward volvería a interpretar al personaje en la última producción de la RKO en 1953, El retorno de El Santo (The Saint's Return, 1953, Seymour Friedman) en un intento tardío de resucitar la serie, sin éxito.
Posteriormente, ya a finales de los 60, Roger Moore interpretaría el personaje en una película (the Fiction Makers, 1968) y una exitosa serie televisiva que reviviría el interés por el personaje para una nueva generación, adaptándolo a su nuevo entorno y dulcificando sus historias. La versión de 1997, protagonizada por Val Kilmer, es demasiado terrible como para hablar más de ella en profundidad.
Los filmes del Santo de los 30-40 son películas ligeras, entretenidas pero igualmente olvidables, sometidas a una fórmula con una serie de elementos constantes: un secundario cómico (a menudo el representante de la ley), un interés romántico siempre diferente (aunque Wendy Barrie interpretara este papel tres veces, siempre se trataba de personajes distintos) y un villano al que enfrentarse, enredados en un misterio, normalmente no demasiado profundo, pero si aparentemente complejo.
Nunca se realiza demasiado esfuerzo de explicar quién es el personaje o qué hace entre una película y otra, confiando supongo en su fama, ni siquiera cuando se cambia el actor que lo interpreta, lo cual resulta a veces un poco desconcertante. Por ejemplo, en Las vacaciones de El Santo no sólo tenemos un nuevo actor en el papel principal, además aparece como acompañante inseparable de El Santo un personaje de los libros, Monty Hayward, que no había aparecido en las películas anteriores, sin ninguna explicación ni introducción y completamente integrado en la acción, y que igualmente desaparece después sin más justificación.
Nunca se realiza demasiado esfuerzo de explicar quién es el personaje o qué hace entre una película y otra, confiando supongo en su fama, ni siquiera cuando se cambia el actor que lo interpreta, lo cual resulta a veces un poco desconcertante. Por ejemplo, en Las vacaciones de El Santo no sólo tenemos un nuevo actor en el papel principal, además aparece como acompañante inseparable de El Santo un personaje de los libros, Monty Hayward, que no había aparecido en las películas anteriores, sin ninguna explicación ni introducción y completamente integrado en la acción, y que igualmente desaparece después sin más justificación.
ELLA (La que debe ser obedecida)
Al igual que Las Minas del Rey Salomón, de cuyas múltiples versiones cinematográficas hable brevemente en una entrega pasada de esta filmografía, la novela Ella de H. R. Haggard ha contado con múltiples versiones cinematográficas, incluyendo cuatro versiones mudas y al menos tres películas sonoras que siguen, más o menos, el argumento de la novela. Como viene siendo costumbre el respeto a la obra original varía, pero nunca es excesivo: personajes que son eliminados, pasajes alterados, nuevas tramas insertadas y localizaciones cambiadas son moneda corriente. Por supuesto una mayor fidelidad no significa una mejor obra, ni mucho menos, y en el caso de Ella posiblemente mi versión favorita sea también la que más profundamente altera el argumento, la versión de 1935.
La diosa de fuego
(She, 1935, Lansing C. Holden y Irving Pichel)
Esta película de la RKO se trata de una versión libre de la historia; tan libre que traslada la mítica ciudad de Kôr desde las selvas africanas hasta el extremo norte de Siberia y además elimina de un plumazo toda referencia al origen antiguo de la familia Vincey, y simplifica la historia familiar sobremanera: ahora es un tal John Vincey del siglo XV el primero en llegar a la fantástica ciudad de Kôr y el enamorado original de Ella (Helen Gahagan), que en este caso es conocida como Hash-A-Mo-Tep en vez de Ayesha. También se introduce a un segundo personaje femenino Tania (Helen Mack), dando lugar a un triangulo amoroso, y se intenta dar una explicación pseudocientífica, con ciertas resonancias a algunas afirmaciones de Tesla, sobre la naturaleza de la Llama de la Vida.
Randolph Scott interpreta (bastante sosamente) al protagonista, Leo Vincey, mientras que Nigel Bruce, conocido sobre todo como el Watson en las películas de Sherlock Holmes protagonizadas por Basil Rahtbone, hace el papel de Holly; mientras que Gustav von Seyffertit interpreta al primer ministro de Ella, el taimado Billali.
En determinados aspectos visuales la película guarda similitudes con King Kong, igualmente producida por Merian C. Cooper, pero, al contrario que aquella, esta fue un fracaso de taquilla y durante años se creyó una película perdida.
Cuenta con algunas escenas de acción más que dignas, personalmente me gusta el encuentro de nuestros héroes con los primitivos habitantes de las cavernas y su "extraña" manera de recibir a los visitantes, y los diseños de algunos escenarios son muy llamativos e interesantes, huyendo hábilmente de identificarlos con una cultura antigua concreta, pero con reminiscencias de varias.
Si hubiera de elegir una escena dudaría entre la coreografía que precede al sacrificio humano, aunque quizás se hace demasiado larga, y la primera escena en que se nos presenta a Ella, al principio sólo una voz y sombra tras una cortina de vapor en lo alto de una impresionante escalinata.
Una más que adecuada película de aventuras bastante olvidada, aunque de argumento bien conocido para los aficionados a la literatura.
(She, 1965, Robert Day)
Treinta años después, la productora británica Hammer realizó esta nueva versión de la historia, algo más fiel a la novela original en algunas partes, pero igualmente introduciendo profundos cambios, especialmente en el final.
En esta ocasión nos encontramos a Leo (John Richardson), el arqueólogo Holly (Peter Cushing) y su sirviente Job (Bernard Cribbins) como tres soldados recién licenciados en la Palestina de 1918. Leo es reconocido por los servidores de Ayesha, como la reencarnación del antiguo amante de esta, Kallikrates, gracias a unos medallones que llevan con su imagen. Así es atraído por la hermosa Ustane (Rosenda Monteros) y llevado a presencia de la inmortal reina (Ursula Andress) que le entrega un mapa indicando la localización de su mítica ciudad (llamada aquí Kuma) y le promete que al llegar dicha ciudad obtendrá todo lo que desee. Christopher Lee interpreta el papel de Billali, que desea para sí mismo la inmortalidad, que Ayesha reserva a su amante, y que por ello terminará traicionando a su señora.
Se trata de una película sorprendentemente aburrida y ramplona, los personajes (excepto muy contados momentos de Billali y Holly) resultan simplemente idiotas, especialmente un Leo que parece guiado únicamente por impulsos hormonales. Por supuesto Ursula Andress resulta de una belleza espectacular, pero desgraciadamente incapaz de mostrar ninguna emoción en pantalla. Ocho años después se produjo una secuela La venganza de la Diosa de Fuego (The Vengeance of She, 1968) que consigue superar a esta en todos sus errores, sin aportar nada de valor.
(Ceiling Zero, 1936, Howard Hawks)
Película de aviación protagonizada por James Cagney y Pat O'Brien, y dirigida por Howard Hawks. Cagney interpreta el papel del irresponsable piloto Dizzy Davis, un caradura extrovertido, mujeriego y desobediente, mientras que O'Brien es Jack L. Lee, el director de una línea aérea y antiguo compañero de escuadrilla de Davis. Ambos interpretarían papeles similares en otras películas también interesantes, Dizzy Davis no es demasiado distinto del Brian MacLean de Capitanes de las nubes (Captains of the Clouds, 1942, Michael Curtiz) y O'Brien repetiría como director de una línea aérea en China Clipper (1936, Ray Enright).
Como en muchas otras películas de aviación de los 30 (todo un subgénero desgraciadamente olvidado) observamos el enfrentamiento entre dos concepciones de la aviación: los pilotos como aventureros y pioneros del aire, de los primeros tiempos, se ven superados por una nueva generación de pilotos más técnicos y responsables y por unas normas de vuelo cada vez más rígidas, según la aviación comercial se va convirtiendo en algo respetable y seguro.
Además de los peligros y aventuras de los aviadores (con el clima como principal enemigo en esta ocasión), también seguimos los avatares románticos de los personajes, mientras Davis intenta conquistar a la joven piloto Tommy Thomas (June Travis) y Lee descubre que hubo una relación en el pasado entre el díscolo piloto y su flamante esposa Mary (Martha Tibbetts).
El guion está basado en una obra de teatro escrita por Frank Wead, y adaptada por el mismo; Weal era un antiguo piloto, que se convirtió en escritor tras quedar paralizado en un accidente doméstico. La película se resiente de su origen teatral, con muy escasos planos aéreos (concentrados además en la primera parte). Como muestra de esa condición, casi de teatro filmado, tenemos la tensa escena en que, desde tierra, intentan guiar a un piloto perdido en la niebla, resuelta sin apenas verse el avión más que en unos breves planos y con nuestra atención centrada en los operadores de radio en tierra.
Piloto de pruebas
(Test Pilot, 1938, Victor Fleming)
El director es también el de, entre otras muchas, Lo que el viento se llevó y el Mago de Oz, así que nos encontramos ante un director que no puede ser más clásico ni más competente.
Esta película nos muestra también varios aspectos de la vida de los pilotos durante el tiempo de paz, aunque con una nota bélica al final, al fin y al cabo nos encontramos ya en 1938 y las tensiones europeas no hacen presagiar nada bueno.
Jim Lane (Clark Gable) es un piloto mujeriego, despreocupado y bastante irresponsable que trae de cabeza a su buen amigo y mecánico Gunner Morris (Spencer Tracy) Cuando Lane intenta batir un récord de velocidad cruzando los EEUU de costa a costa, el avión tiene un problema técnico y se ve obligado a aterrizar en un campo en medio de Kansas, allí conoce a Ann Barton (Myrna Loy); tras una encantadora tarde juntos, deciden casarse en ese mismo momento.
Durante la primera media hora de la película el tono es ligero, de comedia verbal, pero posteriormente la película se vuelve más dramática, siendo el punto de inflexión una carrera de las National Air Races, rodada con gran habilidad pese a las limitaciones técnicas de la época (pero que hoy pueden parecer algo pobres), que termina trágicamente. A partir de ese punto la película se vuelve más seria, pero aún con ocasionales destellos de humor.
Los tres actores protagonistas están enormes en sus papeles, especialmente Tracy, que hace un papel muy difícil, sutil y lleno de elocuentes silencios, especialmente en cuanto a su relación con el personaje de Gable, que muchos no dudan en calificar de romántica, aunque no correspondida.
Como anécdota apuntar que pocos años después, en 1942, Gable se alistaría en las fuerzas aéreas, convirtiéndose en artillero de un bombardero no muy distinto a los que aparece probando en la parte final de esta cinta por lo que se puede calificar esa parte como parcialmente profética.
(Flying Tigers, 1943, David Miller)
Algunos elementos del guion recuerdan a Sólo los ángeles tienen alas (ya comentada en el blog), pero en este caso en medio de un escenario bélico y contando con grandes escenas de combate aéreo (lo mejor de la película) sustituyendo los peligros naturales que dan emoción a la primera.
En este caso los protagonistas son los históricos Flying Tigers, un escuadrón de voluntarios americanos que entrenó y colaboró con las fuerzas chinas durante la invasión japonesa del país. En la película se alarga y dramatiza el tiempo de servicio del escuadrón, en realidad no entraron en combate con las fuerzas japonesas hasta después de Pearl Harbor, para destacar su papel como antecesores de la participación americana en la Guerra Mundial.
John Wayne hace una correcta actuación como el líder responsable del escuadrón, Jim "Pappy" Gordon, en su habitual tono lacónico, permitiéndose tan sólo algunas contadas sonrisas. John Carroll interpreta al alocado Woodrow "Woody" Jason, que llega al escuadrón interesado sólo en el dinero, pero que termina tomando valientemente partido contra los japoneses. Hay una trama romántica que es más bien secundaria y que, como suele ser habitual, adopta la forma de un triangulo, con los dos protagonistas masculinos enfrentados por la misma mujer, en este caso la enfermera Brooke Elliott (Anna Lee)
El discurso de Roosevelt tras Pearl Harbour, que escuchamos por la radio junto con los personajes, representa uno de los momentos dramáticos álgidos de la película, que desgraciadamente en otros está lastrado por algunos excesos cómicos.
Al contrario que en otras películas de similar ambientación, como Infierno en la Tierra (China Girl, 1942, Henry Hathaway), los japoneses son representados con cierto respeto, aunque se cargan las tintas en la práctica habitual de los pilotos japoneses de disparar a los pilotos que saltan en paracaídas. Aparecen sin los estereotipos (grandes dientes, orejas de soplillo y gafas aún más grandes) que suelen ser habituales en el cine propagandístico de la época.
Como ya he comentado las escenas de combate aéreo destacan sobre toda la película, combinando imágenes reales (algunas extraídas de documentales japoneses), con acción de maquetas y planos de los actores en sus carlingas ante el fondo de nubes.
Persecución en el norte
(Northern Pursuit, 1943, Raoul Walsh)
Resulta especialmente curioso ver esta película, en la que Flynn interpreta a un falso agente nazi, debido a las historias, o más bien rumores, sobre la actuación de Flynn durante la segunda guerra mundial, unas veces acusado de simpatizante y espía nazi (y así inspira el personaje de Neville Sinclair en Rocketeer) y otras como doble agente para el MI6.
En esta película Flynn interpreta a un policía montado del Canada, Steve Wagner, de origen alemán, y que, en una patrulla rutinaria, captura a un aviador nazi solitario (interpretado por Helmut Dantine) Este es el único superviviente de una misteriosa misión, de la que no sabremos nada hasta, casi, el final de la película. Cuando dicho oficial se fuga del campo de prisioneros, Wagner se convierte en agente doble, haciéndose pasar por simpatizante nazi para entrar en contacto con el militar alemán, descubrir su objetivo (objetivo, por cierto, bastante increíble si se me permite decirlo) y, sí es posible, detenerlo.
La película resulta algo lenta al principio, cuando no parece tener muy claro hacia donde se dirige el argumento, y tiene todas las limitaciones de haber sido rodado fundamentalmente en los estudios y no en escenarios naturales. Comparte con otras películas tempranas de propaganda prebélica un tono de exaltación del vecino del norte y de la Commonwealth que es extraño ver en un film americano, mucho más dado a la idealización de su propio país.
(The Abominable Snowman, 1957), Val Guest
Con guion de Nigel Kneale (famoso creador del profesor Quatermass) y protagonizada por Peter Cushing, para la productora Hammer. El guión se basa en una serial televisivo del mismo Kneale, titulado simplemente The Creature (1955), que el mismo adapta para su versión cinematográfica.
La historia comienza en un remoto monasterio en el Himalaya, posiblemente Nepal, donde se encuentra un botánico británico, John Rollasson (Cushing); allí está junto a él con su mujer, Helen (Maurenn Connell), y su ayudante clasificando especies desconocidas. Pero pronto descubrimos que el botánico tiene otra obsesión. que le ha llevado a este monasterio en concreto, demostrar la existencia del misterioso yeti (debemos suponer, pues, que la botánica es sólo una de sus especialidades). Por ello ha acordado reunirse en este apartado monasterio con otro expedicionario con el mismo objetivo, Tom Friend (Forrest Tucker) y su grupo. Cuando el grupo sube a las montañas comienzan a surgir las tensiones entre el idealista Rollanson y Friend, mucho más interesado por el valor económico del hallazgo que por su valor científico.
Aunque la película está ambientada en los 50 pocos cambios son necesarios para retrotraer la acción a los años 20 o 30 (mientras la veía no podía dejar de pensar en lo fácil que sería convertirla en un escenario de la Llamada de Cthulhu, diluyendo el tono moralista de la cinta) o incluso jugar una especie de precuela con una versión más joven del personaje de Cushing (que de compartir edad con el actor habría nacido en 1913, pudiendo ser en los 30 un ambicioso universitario), buscando en otros lugares del globo pistas que confirmen su teoría sobre misteriosos antropoides.
La película cuenta con unos bien tratados decorados y ambientación, además de una más que adecuada banda sonora. Aunque la mayoría se rodó en estudio también cuenta con algunos planos aéreos tomados en los Pirineos que consiguen no desentonar demasiado y cumplen como sustitutos del verdadero Himalaya. Sin embargo quizás el abominable hombre de las nieves en sí, tras toda la preparación, resulte una pequeña desilusión para los aficionados al terror.
(Der Tiger von Eschnapur, 1959, Fritz Lang)
La Tumba India
(Das indische Grabmal, 1959, Fritz Lang)
Se trata de una adaptación de una novela de Thea von Harbou (esposa de Lang entre 1922 y 1933, autora de los guiones de Metropolis y M, entre otras) de 1918 que ya había sido adaptada al con anterioridad en 1921, versión en la que Lang colaboró en la redacción del guion, y 1938. Nos encontramos con unos films coloristas de aventuras rodado en gran parte en la misma India, aunque con actores occidentales maquillados en los papeles principales. A Paget, sin embargo, apenas se la maquilla (más allá de un pelucón y recargada sombra de ojos) y se ofrece una débil excusa de una ascendencia parcialmente irlandesa (que además tranquilizaría las preocupaciones racistas de algunos al unirla con un occidental)
En el primero, un arquitecto alemán, Harold Berguer (Paul Hubschmid), es contratado por el maharajá de Esnapur, Chandra (Walter Reyer), para construir hospitales y escuelas en su principado. Mientras se dirige a Esnapur, Berguer conoce a una hermosa bailarina del templo Seetha (Debra Paget), a la que rescata de un tigre, y ambos quedan fascinados el uno por el otro. Lo que no sabe es que el maharajá Chandra está igualmente prendado de la bella bailarina y planea hacerla su esposa. Esta cuestión, unido al carácter posesivo del maharajá, provocará el enfrentamiento entre los dos hombres que constituye el principal motor de la acción. Mientras tanto un argumento secundario es el de una conspiración entre los notables del principado para deshacerse de Chandra, al que consideran corrompido por influencias occidentales, utilizando a Seetha para ello.
En la segunda parte la hermana (Sabine Bethmann) y el cuñado (Claus Holm) de Berguer, también él arquitecto, se añaden como personajes principales. En este momento el Maharajá ya no busca construir mejoras para su pueblo, si no una gran y fabulosa tumba "digna de un gran amor" para ejecutar y enterrar a Seetha por "traicionarle" (ecos del Taj Mahal sumados a los tópicos de la crueldad oriental).
El argumento es una continuación directa del anterior (incluso se ofrece un resumen de la primera película al principio), no son tanto dos películas como una misma forzada a dividirse por su longitud excesiva. El argumento parece algo alargado y por momentos se hacen aburridas, con escenas que parecen no ir a ninguna parte y que podrían haberse eliminado sin grandes cambios, pero que posiblemente tenga relación con su estructura propia del folletín o del serial de aventuras original.
Esta película es una fantasía orientalista algo tardía, en si misma más propia de los años 30 (o incluso antes) que de finales de los 50. Posee todas las características de este tipo de ficción, incluso tópicos como el número de la cuerda. La ambientación se define cargando las tintas en el exotismo, la sensualidad y la barbarie de los personajes indios, frente al "civilizado y heroico" personaje occidental. La iniciativa de Seetha es mínima, como si su papel central en el triángulo que motiva la trama sea independiente de sus propios sentimientos.
Una de las escenas centrales de cada una de las dos partes son los bailes de Sheerta en el templo, más propios de la fantasía occidental que de ningún ritual oriental, especialmente el segundo. En algunos momentos de este además los efectos especiales son algo vergonzantes.
Al parecer en EEUU ambas películas fueron cortadas y montadas como un único film titulado Journey to the Lost City, pero la verdad no quiero imaginarme los cambios que tuvieron que hacer para conseguir una historia adecuada a ese titulo.
Sin embargo, cuenta con escenarios realmente espectaculares, algunos rodados en verdaderos monumentos gracias a la amistad de Lang con el auténtico maharajá de Udaipur, y otros más o menos correctamente recreados en estudio. Algunas escapadas son lo bastante entretenidas para mantener nuestra atención, y hay planos visualmente fascinantes, pero en general se ve como una película anacrónica, anticuada en sus presupuestos estéticos y narrativos de forma que las concesiones a su época de rodaje (los peinados y vestuarios de los personajes alemanes, por ejemplo) acentúan aún más la sensación de irrealidad y absurdo.
El terror de los tongs o El Terror de la mafia china
(Terror of the Tongs, 1961, Anthony Bushell)
Se trata de una curiosa película de la Hammer, dirigida por Anthony Bushell, en la que Christopher Lee interpreta a Chung King, el malvado líder de un tong, en un papel que prefigura sus posteriores actuaciones como Fu Manchú.
Ambientada en Hong Kong a principios del siglo XX la película nos narra el enfrentamiento entre un capitán de barco británico, Jackson Sale (Geoffrey Toone), y la siniestra organización conocida como el Tong del Dragón Rojo, que han asesinado a su única hija.
Sale, en su lucha, contará con la ayuda de, entre otros, una entregada chica oriental, interpretada sin embargo por la francesa Yvonne Monlaur, a la que ha rescatado de las garras de la secta.
El argumento así resumido no es muy distinto del de otra película de la Hammer ligeramente anterior Los estranguladores de Bombay (Stranglers of Bombay, 1960, Terence Fisher) que narraba el enfrentamiento entre un oficial británico y los thugee en la India de 1800 y que se había convertido en un éxito de taquilla inesperado que pretendían repetir, sin conseguirlo por cierto, con este Terror de los tongs.
La acción es entretenida, los escenarios creíbles y bastante logrados, y como ya he comentado resulta divertido ver a Lee interpretando al malvado de turno; aunque en este caso sus planes estén lejos de la grandilocuencia y megalomanía del Doctor de las Muertes Extrañas, si tiene algo de su encanto sibilino y su intrigante sonrisa. En el lado más negativo debemos contar que el protagonista es singularmente aburrido y la banda sonora en ocasiones resulta excepcionalmente cargante. Una película divertida sin más pretensiones.
El carnaval de las águilas
(The Great Waldo Pepper, 1975, George Roy Hill)
Ya hable sobre esta película, de pasada, en la entrada dedicada al barnstorming y los espectáculos aéreos ambulantes, pero no viene mal recuperarla para la filmografía. Dirigida por George Roy Hill (que también dirigió a Redford en Dos hombres y un destino), este participo además en el guion.
Waldo Pepper (Robert Redford) es un hábil y atractivo piloto acrobático itinerante, lo que es un barnstormer, que gusta de adornarse contando hazañas bélicas en que, en realidad, no participó. Es genial la escena en que está contando una batallita para impresionar a una chica y resulta que el novio de esta, otro piloto, es realmente quien vivió ese combate.
A lo largo de la película seguimos, tanto la historia personal de Pepper, como la de los espectáculos de barnstorming en sí. En un principio Waldo es un solitario que actúa de forma independiente, vagando de pueblo en pueblo por el corazón rural de los USA, para luego unirse a un circo aéreo y, finalmente termina trabajando como especialista en el cine, en una película sobre los ases de la Gran Guerra.
Es en el rodaje de una película cuando se encuentra con Ernst Kessler (Bo Brundin), un antiguo as alemán, que solía aparecer en sus falsas hazañas. Este es ahora un hombre destrozado por lo que vivió en la guerra e incapaz de adaptarse a la vida en tierra, que pese a su verdadero historial de heroísmo se ha visto reducido a la misma labor de especialista, de recrear como ficción los combates en los que tantos de sus compañeros perdieron la vida. Kessler y Pepper se encuentran entonces con su última oportunidad, cada uno a su manera, de obtener cierta "gloria" y redención.
Es en el rodaje de una película cuando se encuentra con Ernst Kessler (Bo Brundin), un antiguo as alemán, que solía aparecer en sus falsas hazañas. Este es ahora un hombre destrozado por lo que vivió en la guerra e incapaz de adaptarse a la vida en tierra, que pese a su verdadero historial de heroísmo se ha visto reducido a la misma labor de especialista, de recrear como ficción los combates en los que tantos de sus compañeros perdieron la vida. Kessler y Pepper se encuentran entonces con su última oportunidad, cada uno a su manera, de obtener cierta "gloria" y redención.
Es una película de tono más bien desencantado y triste, pero los personajes (especialmente el protagonista) merecen mucho la pena.

















Muy grande (Y en todos los sentidos) este último Post. Si me permites que te lo diga, a seguir así...
ResponderEliminarMaravillosa colección de películas y muy trabajada la entrada.
ResponderEliminarDe todas las películas comentadas, me gustaría destacar la de She de 1935, obra de Haggard, el de Las Minas del Rey Salomón. Aunque he podido ver la versión antigua, también me quedo con la de los años sesenta, que pudimos ver en Sesión de tarde, allá por los setenta para no volver a ser emitida.
Fue la segunda película que vi, siendo un tierno infante.
Gracias por los amables comentarios, espero que os gusten las entradas de filmografía (ya me he dado cuenta de unos cuantos olvidos)
ResponderEliminarValentin: a mi personalmente la de los sesenta no me hizo demasiado tilín, pero la del 35 me parece una lamentable olvidada.
Aprovecho para recomendar junto con Cadvalon "The Abominable Snowman". A mi es que Kneale me supera, pero aparte de ser cierto que a ratos es una partida perfecta de La Llamada de Cthulhu me parece que junto a Carpenter es uno de los pocos acercamientos efectivos al mundo de Lovecraft en el cine.
ResponderEliminarPor otra parte hasta me siento culpable por haberte pasado yo esa joya que parece ser "The Hatchet Man"... :P
Bueno Azi, the hatchet man no es la peor que he visto preparando esta filmografía, pero es que el casting... buff, esos pseudochinos dan mucho pavor.
ResponderEliminarBueno, me ¿alegro? de que no fuera lo peor... ;) De todos modos un día de estos que me dé cuenta te abro una wave con las películas de la época que tengo perdidas por aquí por si te falta por pillar alguna, más que nada de terror y tal, que las de avioncitos me quedan más lejos. :P
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