martes, 15 de junio de 2010

Bestiario: abominables


Pese a que existen multitud de testimonios sobre la existencia de grandes antropoides desconocidos por la ciencia convencional en casi todo el mundo, este artículo pretende centrarse en un subgrupo más concreto de estos seres que presenta caracteres comunes y un área geográfica limitada, si bien extensa. Nos referimos al ser llamado yeti, abominable hombre de las nieves, simio de las nieves u hombre salvaje de Mongolia entre otros muchos nombres.

Distribución
El área en que se han visto ejemplares de esta esquiva especie abarca una región amplia del centro de Asia, aunque la densidad de población de la especie es, debemos suponer, muy baja. Esta región abarca partes de Nepal, Bután y otros reinos del Himalaya, Tíbet, la India, Afganistán, China, el Turkestán Ruso y Mongolia. Existen rumores y leyendas sobre ciudades construidas o habitadas por estos seres, posiblemente ruinas de civilizaciones anteriores que han ocupado como morada. La variedad lingüística del área explica, en parte, la multitud de nombres que se le aplican a la criatura otra razón es el uso de terminología diferente para lo que se perciben como distintas variedades. Una lista parcial de nombres se incluye a continuación:
                 Tíbet:                  dzu-the, yehteh, mi-go, kang admi, mirka, dre-mo
                 Mongolia:           almas, albasti, khün görüessü
                 Turkestán ruso:   almast (kazajo), snezhniy chelovek (ruso)
                 Afganistán:          barmanou
                 India:                  mande barung, ban manush
                 China:                yeren

Características
Debido a las dificultades para estudiar a estos seres, ningún ejemplar (o cuerpo completo) ha sido estudiado de forma científica. Por ello debemos rastrear los testimonios disponibles para intentar obtener una imagen lo más coherente posible.

Aunque su estructura anatómica general es simiesca muchos testimonios llama la atención sobre sus similitudes con nuestra propia especie, principalmente una forma de andar más erguida, un proganisto menos marcado que el de los verdaderos simios y ojos con conjuntivaba blanca son los rasgos más llamativos de esta similitud .

El "típico" abominable es de gran estatura, aunque los testimonios difieren mucho en este aspecto, siendo la cifra más comentada en torno a los dos metros, llegando en ocasiones a los dos metros y medio. El rostro es basto, con ojos pequeños y rojizos, una nariz chata pero algo más pronunciada que la del gorila y una boca ancha de la que sobresalen unos grandes colmillos. A menudo se describe una cabeza alta, con forma cónica quizás señalando la presencia de una acusada cresta sagital. El vello que cubre todo su cuerpo, excepto el rostro, las manos y los pies, es más largo y denso que el de otros simios, de color gris o bien castaño rojizo (quizás se trata de un cambio estacional) Tiene brazos largos y grandes manos, que casi llegan a las rodillas cuando está erguido, tienen garras o uñas gruesas; cuando corre puede apoyar las manos en el suelo para alcanzar mayor velocidad, pudiendo superar fácilmente a un hombre en carrera, pese a sus piernas comparativamente cortas y arqueadas.

Posiblemente omnívoro, no son desconocidos los casos en que se han descrito hábitos antropófagos, pero por las circunstancias de dichos casos puede tratarse de un rasgo aprendido y no natural de la especie. Al parecer, pese a que su inteligencia podría ser mayor que la de las especies de simios conocidas, no utilizan instrumentos (más que ocasionalmente mazas simples) y tampoco conocen el fuego. Algunas teorías relacionan a estos abominables con ruinas prehumanas presentes en la región, lo que podría indicar un descenso de inteligencia o una decadencia cultural de los mismos hasta su actual estado causi-bestial.

Son principalmente nocturnos y su vista se ha adaptado maravillosamente a la penumbra, descansando durante el día en cavernas y otros lugares oscuros. En general parecen evitar a los humanos, excepto como presa. Normalmente sólo se han registrado avistamientos de abominables individuales o pequeños grupos familiares, muy raramente se habla de concentraciones mayores, de hasta un par de decenas de individuos.

Leyendas
En las conocidas Crónicas Nemedias se habla de una especie de Simios Grises, que comparten muchos de los rasgos descritos aquí para referirnos a los abominables. Según dicho texto, recopilado en fecha desconocida en Irlanda, estos simios habitaban regiones bañadas por el "mar de Viyalet", también que algunos habrían sido domados y adiestrados por los sacerdotes de la lejana Kithai y en ciertas festividades bailaban en los templos. La coincidencia, incluso en detalles, con la descripción proporcionada por varios testimonios contemporáneos me lleva a creer que puede tratarse de la misma especie.


Otros, rebuscando igualmente en tomos de difícil comprobación prefieren utilizar como fuente el libro de Eibon y señalan el parecido de estos abominables con los voormis descritos como los habitantes prehumanos del país. Hay que tener en cuenta que según este libro estos seres, creados por la brujería de los hombres serpiente, poseyeron en algún momento su propia civilización y cultura antes de ser reducidos a su condición bestial. Se dice que adoraban a Tsatthogua e Ithaqua. Incluso se hace referencia a un documento, hoy desaparecido, llamado las Tablillas de los Voormis en que se contendría parte del conocimiento de esa antiquísima civilización.

En la leyenda tibetana sobre el origen de la población del país se afirma que estos descienden de la unión entre un mono llamado Pha Trelgen Changchup Sempa, identificado como el bodhisattva de la compasíon disfrazado, con la ogresa de las rocas Ma Drag Sinmo.

Teorías modernas
En 1935 el paleontólogo alemán Ralph von Koenigswald descubrió, etiquetado como diente de dragón en un apotecario chino, un diente fósil de lo que identificó como un simio de tamaño gigantesco, hasta entonces desconocido, al que bautizó como gigantopiteco. Se trataría en su opinión, aunque la evidencia fósil es muy limitada, de una especie que alcanzaría los 3 metros de altura, con un peso de más de 500 kg., estrechamente emparentados con el hombre y de alimentación principalmente herbívora. Desde entonces el gigantopiteco ha sido utilizado para explicar la presencia de estos curiosos antropoides pese a los problemas claros, principalmente el tamaño del simio y sus costumbres alimenticias que se contradicen con los datos extraídos del estudio de los abominables.

Algunos estudiosos del caso han intentado vincularlos más estrechamente a nuestra propia especie, incluyéndolos teóricamente en el género homo (utilizando nombres diversos como homo pongoides o homo troglodytes) , si bien no se ponen de acuerdo sobre en qué punto ambas ramas, el hombre moderno y el abominable, se habrían escindido. En 1907 el doctor Alexander Sexton publicó sus hallazgos de lo que califico como un homínido fósil desconocido descubierto en Manchuria el año anterior, al que otros han postulado como verdadero antepasado de los abominables. Sin embargo la destrucción de ese supuesto cuerpo hace prácticamente imposible aseverar nada con convicción absoluta. Algunos testimonios tradicionales, apuntan que los abominables pueden cruzarse con humanos y que los hijos nacidos de esta unión, normalmente forzada, suelen convertirse en chamanes, visionarios o brujos.

Diversos indicios parecen apuntar en contra de esta clasificación dentro de nuestro propio género, ni su dentición, ni su estructura ósea y muscular nos permiten afirmarlo. Es posible sin embargo que la presencia de grupos aislados de neanderthaloides (especialmente en el turkestan ya que la descripción de los llamados almas en ocasiones presenta rasgos mucho más humanos) haya contribuído a la confusión en torno a los abominables y su filiación.

No podemos dejar de nombrar la excéntrica teoría denominada zermatismo por su creador, el polifacético artista polaco Stanislaw Szukalski. Según él toda la cultura, arte y lingüística humana procede de una fuente primordial, a la que llama protong. Leyendo, a través de los rastros dejados en culturas posteriores, esta fuente Szukalski afirma que la humanidad se encuentra enfrascada en una lucha constante entre los verdaderos humanos y los Yetinsyny, o híbridos nacidos del cruce de los yetis con humanos. Estos serían seres crueles y tiránicos pero también grandes artistas si se conduce en esa dirección sus impulsos.

Capacidades paranormales
En muchas leyendas estas criaturas están vinculados a la magia sencilla de la tierra, particularmente a antiguas religiones animistas, principalmente la religión bon en el Tíbet y, en menor medida, al tengerismo en áreas de cultura turca.

Por esta condición los restos de los abominables muertos en dicha región a menudo son convertidos en reliquias, guardados en monasterios y, en ocasiones sacados en procesión o usados en festivales y bailes.

Un puñado de testimonios vinculan al menos a una parte de los yetis del Himalaya con el valle secreto de Shangri-La e incluso los convierten en sus guardianes, dotados por ello de poderes psíquicos y mayor inteligencia. Es posible que realmente un clan de estas criaturas se estableciera en las cercanías de dicho lugar en un periodo indeterminado, llegando a cierta forma de relación simbiótica con los habitantes humanos, viéndose afectados por el peculiar aura o energía que el lugar desprende, aumentando ciertamente su inteligencia y dotándolos de ciertas capacidades mentales.

Abominables para SotC
El yeti o alguna de sus variantes es una presencia común en muchos reglamentos de rol, incluso en varios mundos de fantasía yetis, o versiones apenas disfrazadas, pueblan diversas regiones heladas y/o montañosas.

La carta a continuación intenta reflejar la criatura según aparece en las leyendas pero sobre todo en la literatura pulp, principalmente utilizando a Robert E. Howard como guía. Utilizando las reglas de daño para personajes en vez de la de secuaces fácilmente pueden representar un mayor peligro para los personajes jugadores (esto es especialmente adecuado para cuando aparece un único yeti) Un yeti con su "magia" más desarrollada es posible, mejorando la habilidad Ocultismo (Mysteries) a Buena y añadiendo stunts como Psychic o Words on the Wind (u otros, si existen en la campaña stunts "mágicos") y añadiendo algún aspecto para indicar dicha alteración.

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