jueves, 4 de noviembre de 2010

Lugar misterioso: Aztlán


En el año 1521, los conquistadores españoles acabaron con la gloriosa y sangrienta historia del imperio azteca. Este pueblo, al que habría que llamar más correctamente mexica, se había alzado hasta el poder absoluto en el valle de México desde el anonimato de un pueblo nómada cuando fundaron la ciudad de México-Tenochtitlán, en el lago Texcoco, en 1325.

Pero en sus historias y leyendas se habla de una ciudad anterior, del origen de su peregrinación: la ciudad de Aztlán o Aztatlan, el “lugar de blancura” o, quizás, “lugar de las garzas”. Descrita como una isla o una península junta a un cerro “jorobado” o “torcido”. Según el Códice Aubin (también conocido como Manuscrito de 1576 o Historia de la nación mexicana desde la salida de Aztlán hasta la llegada de los conquistadores españoles) en dicha ciudad los antepasados de los mexicas estaban sometidos a la tiranía de los señores del lugar, una élite a que el texto llama Aztecas Chicomoztocas. Otros códices cuentan que la ciudad era el dominio de la diosa madre Coatlicue, y bajo se egida sus residentes (o al menos la élite) no conocían la enfermedad ni la muerte. Sin embargo en sucesivas oleadas los diversos pueblos de lengua nahualt habrían dejado la ciudad, escapando quizás de la esclavitud, siendo los mexicas los últimos en hacerlo, impulsados y guiados por el dios Huitzilopoichtli. El calendario azteca da, incluso, una fecha para dicho abandono, equivalente al 24 de Mayo del año 1064.

Chicomoztoc: la caverna primigenia
El nombre de la élite gobernante de Azltán se refiere tanto a dicha ciudad (azteca significa en nahualt “pueblo de Aztlán”) como a otro lugar mítico más antiguo, Chicomoztoc. Así la versión más completa de la leyenda comienza narrando que los siete pueblos nahuas: Xochilmilca, Tlahuica, Acolhua, Tlaxcalan, Tepaneca, Chalca y Mexica, surgieron de las entrañas de la tierra, desde un lugar subterráneo conocido por la tradición como Chicomoztoc o “lugar de las siete cavernas”.

Esta conexión subterránea de la leyenda encuentra su paralelo en otros muchos mitos, de pueblos de todo el mundo, en que la etnia nace de la tierra como señal de su pertenencia a la región, de su autoctonía (y así encontramos mitos similares entre los incas, los aborígenes australianos e incluso los antiguos atenienses). Sin embargo en este caso ciertos indicios me llevan a pensar en una posibilidad más concreta y menos mítica. Me refiero al polémico documento titulado Relación de Pánfilo de Zamacona y Nuñez, hidalgo de Luarca en Asturias, tocante al mundo soterráneo de Xinaián A.D. MDXLV (conocida únicamente por una supuesta traducción, parcial, al inglés realizada en época contemporánea) Según la descripción dada en este discutido texto, este Xinaián o K’n-Yan es un vasto dominio subterráneo que se encuentra en algún lugar bajo el actual territorio de Oklahoma (quizás extendiéndose más allá) Este dominio estaría habitado por una raza de seres similar en apariencia a los nativos americanos, pero si hemos de creer sus leyendas se trataría en realidad de seres extraterrestres. Aunque su civilización se encontraba ya en clara decadencia en el momento en que Zamacona entró en contacto con ellos todavía poseían secretos desconocidos para el hombre moderno. Al parecer eran capaces de comunicarse mediante telepatía, además de conocer el secreto para materializarse y rematerializarse sin riesgo y otros muchos secretos tecnológicos. Además el documento de Zamacona contiene un detalle muy interesante: cuenta que los habitantes de Xinaián mantenían en el pasado tratos comerciales con un continente desaparecido, sea este la Atlántida, Lemuria u otro reino perdido sin determinar. En ese sentido debemos mencionar que Zamacona, o su traductor, hablan de que los habitantes de esta tierra subterránea utilizaban, para sus ídolos y para cilindros donde guardar sus escrituras sagradas, un metal al que denomina “metal de Tulu”; descrito como “oscuro, lustroso y magnético” utilizado para forjar ídolos y para guardar los textos sagrados. Este metal recuerda por su descripción y funciones al mítico oricalco que se describe en el Critias como una de las principales riquezas de la Atlántida.

Una conexión aún más tenue con una momia localizada en Mammoth Cave (Kentucky) , desaparecida poco después, y ciertos documentos desconcertantes que fueron propiedad de Tammany Hall en Nueva York (desvelados por el estudioso Alexander C. Irvine) ha llevado a algunos a proponer este gran sistema de cavernas como el origen primordial del pueblo azteca, sin que dicha teoría haya conseguido demasiado eco.

¿Aztlán=Atlántida?
Esta identificación es popular, incluso hoy día, en ciertos círculos que ven en la leyenda de Aztlán una confirmación del relato platónico. La conexión se basa, principalmente, en el parecido entre ambos nombres, pero por lo que sabemos ambos no están relacionados, siendo este un simple caso de homofonía que no necesita más explicación. Pero hay además dos grandes problemas para esta teoría: El primero, una cuestión básica de cronología. Todo parece indicar que los antepasados de los mexicas abandonarían Aztlán en torno al siglo XI d.c., una fecha demasiado tardía para referirse a la isla que habría sido destruida en una época ya remota para los griegos del siglo IV a.c. La segunda es que, más allá de la fonética, en realidad no hay muchos paralelismos entre ambas historias: la colina-isla de Atzlán no es destruida en un cataclismo en la leyenda americana, ni se hace mención a la gran guerra de conquista mundial que es el centro del relato del filósofo ateniense, ni la descripción platónica parece ajustarse a la representaciones mexicas.

Localización

Los mismos aztecas no tenían ya conocimiento de la verdadera localización de Aztlán antes de la conquista. Moctezuma I, el quinto emperador de los aztecas, envió en 1450, según Diego Durán, una expedición formada por 60 sacerdotes para encontrar la ciudad. Esta expedición misma también paso a convertirse en mito pues se dice que los sacerdotes fueron transformados en pájaros por la intervención de un ser sobrenatural y llegaron efectivamente a Aztlán. Allí habrían sido recibidos por Coatlicue

Ya poco después de la conquista española muchos se interesaron por buscar este lugar y se propusieron múltiples teorías sobre su localización. Fray Diego Durán, un monje del siglo XVI que recopiló una historia de los aztecas, situaba dicho lugar al norte, en el actual Estados Unidos pero sin concretar más (dice “ácia la parte del norte y tierra firme con la Florida”) El sacerdote jesuita Francisco Javier Clavijero, criollo nacido en Puebla en 1731, situaba en su Historia de México la localización del lugar de origen aún más al norte, más allá del río Colorado. Alonso de Posada, una fraile franciscano que vivió en Nuevo México entre 1656 u 1665, sitúa en dicha región Aztlán, vinculándola con otras legendarias ciudades perdidas llamadas Teguayo y Cíbola (de las que ya hablaré en otra ocasión) Algunos lugares propuestos en esta misma dirección han sido el yacimiento arqueológico de Aztalan en Wisconsin (llamado así por esta supuesta identificación) o las cercanías del actual Lago Powell (un lago artificial terminado en 1963), en el mismo río Colorado o incluso quien, como el mismísimo Alexander von Humbolt, lo identifico con el Gran Lago Salado al norte de Utah.

Sin embargo otros autores apuntan a que es posible que la ciudad se encuentre en lugares mucho más cercanos al valle de México, dentro del actual territorio mexicano, como la teoría propuesta por primera vez por Alfredo Cavero en 1884 que identifica Aztlán con la isla interior de Mexcaltitan, en el estado mexicano de Nayarit. Se trata de una región de marismas, muy amplia, a orillas del Pacífico. En ellas abundan las aves de toda clase y entre ellas las garzas y pájaros de los que hablan repetidamente los cronistas y las leyendas.

Por motivos que no puedo desvelar, la salud y la reputación de un buen amigo me obligan, no daré la localización exacta del yacimiento pero si puedo decir que ciertamente las ruinas de Aztlán se encuentran muy cerca de esta última localización, en una isla escarpada en la amplia región de marismas de la zona. Situada en el interior de un cráter volcánico parcialmente inundado una única entrada atraviesa el anillo de roca para conducir a la misma, cubierta casi totalmente por lujuriante vegetación sólo se puede apreciar (y con mucha atención) un casi borrado grabado que marca el camino.

Aztlán en el siglo XVI-XVII (The Savage Worlds of Solomon Kane)
En la época de Solomon Kane hace mucho que la ciudad de Aztlán es una sombra de su gloria pasada. Aunque sus edificios, grandes pirámides y templos recubiertos de oro, aún se alzan orgullosos sólo un puñado de habitantes, los únicos descendientes de los aztecas Chicomoztoca y sus esclavos, siguen residiendo entre esas fantásticas ruinas en un número que no alcanza los 350 individuos. De ellos unos 150 forman la élite de guerreros y sacerdotes, y sus familias, mientras que el resto son los esclavos que trabajan para ellos como agricultores, pescadores y sirvientes. La mayoría de estos esclavos descienden de esclavos desde hace muchas generaciones, pero un puñado han sido capturados recientemente siendo marineros y pescadores de las comunidades cercanas que se acercaron demasiado a la ciudad perdida. Por ello los paisanos de la región consideran esta zona como de mal agüero y la evitaran siempre que puedan, incluso evitaran hablar sobre sus temores si pueden evitarlo.

Sobre todos ellos gobierna la diosa encarnada Coatlicue, en realidad la última descendiente de una larga línea de sacerdotisas que guarda para sí el conocimiento mágico de muchas generaciones de antepasadas. La ciudad está repleta de tesoros almacenados en profundas cavernas y en los grandes templos, joyas de oro y piedras preciosas, artesanía en obsidiana de gran percepción y códices miniados que contienen muchos de los secretos perdidos de las antiguas civilizaciones americanas. Todos ellos hablan nahualt, pero algunos (especialmente entre los esclavos) saben o entienden también el castellano.

El plano de la ciudad es radial, con el templo mayor y residencia de la Diosa Encarnada, en el centro de una serie de caminos elevados y canales navegables. Para cultivar utilizan una especie de barcazas de suelo plano en las que depositan el rico légamo obtenido del fondo del lago para obtener ricas cosechas de maíz y otros vegetales. Tienen pocos animales domésticos pero a menudo cazan algunas de las abundantes aves del pantano. También han domesticado a varias especies que les sirven como animales de compañía, además de utilizar sus plumas, especialmente las blancas plumas de garza, en vestuario y decoración.

Los guerreros llevan armaduras ligeras de tela y plumas cubriendo todo el cuerpo imitando la apariencia de los animales, raramente utilizan escudos. Como armas ofensivas utilizan macanas, mazas, cuchillos, arcos y lanzas que manejan con gran habilidad, utilizando propulsores para aumentar la fuerza y distancia a la que pueden arrojar sus venablos. Algunos esclavos pueden ser equipados con hondas y mazas en caso de extrema necesidad pero sus señores no se fían lo bastante de su lealtad para permitirles el uso de armas normalmente. Usar las estadísticas de Guerrero Tribal (Tribal warrior) sustituyendo la pistola de chispa por arco o lanza, para la mayoría de los guerreros, y las estadísticas de un jefe tribal (Tribal Chieftain) con los mismos cambios para los comandantes (dos o tres a lo sumo)

Coatlicue (WildCard)

Attributes: Agility d6, Smarts d10, Spirit d8, Strength d6, Vigor d6
Skills: Fighting d6, Guts d10, Intimidation d8, Knowledge (Occult) d8, Magick d10, Notice d6, Persuasion d6, Taunt d8
Charisma: +2
Pace: 6; Parry: 5: Toughness: 5
Hindrances: Arrogant
Edges: Arcane Background (Sorcery); Attractive; New Powers; Strong Caster
Powers: Barrier, Beast Friend, Curse, Dispel, Fear, Transfer Soul
Weapons: Dagger (str+1d4)

Aztlán en los años 30 (Spirit of the Century)
En los últimos tres siglos la ciudad de Aztlán ha culminado su decadencia, hoy nadie reside en sus calles abandonadas y cubiertas por la vegetación y el lodo. Sin embargo el templo mayor sigue siendo utilizado en ocasiones. Cuando el fin de la ciudad parecía inminente, cuando la diosa encarnada había muerto y unos extranjeros habían mancillado el lugar, unos cuantos aztecas chicomoztoca sobrevivieron y abandonaron las ruinas. Inteligentes y capaces fueron capaces de mezclarse con la población local, formando una serie de linajes que han sobrevivido estos siglos. Temidos en muchos casos y considerados brujos (afirmación no demasiado lejos de la realidad en muchos casos) viven desperdigados en pueblos y comunidades de la zona, nunca demasiado lejos de su hogar ancestral, donde siguen reposando casi olvidados los tesoros de la antigua Aztlán. Regularmente, cuando el calendario de sacrificios así lo exige, todavía se reúnen los descendientes de los señores de la ciudad para sacrificar víctimas inocentes al recuerdo de su reina-diosa desaparecida. Si pueden eligen para sus crímenes a extranjeros y viajeros, gente que nadie echará de menos, pero si la fecha se acerca no tiene problemas en secuestrar a cualquiera que consideren adecuado.

Cualquier grupo de arqueólogos o simples curiosos que llege a la región haciendo preguntas llamará rápidamente la atención de estas familias y de su líder, el ahora anciano, Don Juan Reyes Casavieja. También es posible que los personajes sean investigadores que sigan la pista de algún desaparecido en la región. Casaviaja vive en una casa pobre y apartada, en las marismas, normalmente dedicado a la pesca. La gente del lugar lo conoce como un brujo y algunos le visitan para que les ayude con sus problemas cotidianos, pero la mayoría se mantienen apartados de él por su mala reputación y peor carácter. Sus parientes sin embargo se encuentran en todos los niveles de la sociedad local y algunos tienen incluso cierta influencia sobre el gobierno. Utilizaran sus armas modernas, machetes, escopetas y cuchillos, para hacer callar a los curiosos o entrometidos, pero para sus crímenes rituales siguen utilizando armas al estilo antiguo, especialmente sus cuchillos y macanas con discos de obsidiana. Raramente saldrán al descubierto prefiriendo atacar por la noche y en secreto, desapareciendo en las marismas que conocen tan bien si es necesario. La gente de la región cree que las marismas están encantadas y hablan de los fantasmas de los antiguos, creencia sobrenatural que es aprovechada por los descendientes utilizando ropas y pinturas de guerra similares a las antiguas.

El Viejo Don Juan

Aspectos: Guardián de Aztlán, “Brujo”, Anciano, Cabeza de familia, Espíritu fuerte, Manos temblorosas, Insensible, Vengativo
Habilidades: Ocultismo (Grande), Liderazgo, Intimidación (Bueno), Carisma, Coraje, Recursos (competente), Arte, Engañar, Educación, Supervivencia (Normal)
Proezas: Adivino, Conozco a un tipo que conoce a un tipo, Esbirros, Mantener la calma, Red de Secuaces, Remedios naturales

México en los años 30 es una nación en crecimiento que se recupera de un largo periodo de enfrentamiento civil. Primero la Revolución Mexicana (1910-1920¿?) y, posteriormente, la Guerra Cristera (1926-1929). Es aún un país pobre y la mayoría de la población sigue sin haber tenido acceso a la educación, y otros servicios básicos. Moverse por México es enfrentarse a grandísimos problemas de infraestructuras, una población desconfiada (las relaciones con Estados Unidos son tensas cuanto menos) y en el que aún quedan muchas armas, y rencillas pendientes, de los recientes conflictos. La mayoría de la población habla castellano pero además se reconocen más de cincuenta lenguas amerindias aún en uso en distintas partes del país; por ejemplo en el estado de Nayarit, aunque más hacia el interior que en la región en la que se encuentra Aztlán, se hablan dos lenguas de la familia uto-aztecas: el cora y el huichol.
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