lunes, 8 de julio de 2013

Cosas para leer: Legends por John Ostrander, Len Wein y John Byrne

 

Miniserie de DC de seis números publicada en 1986-1987,  editada por Zinco en su momento (1989) y reeditada por Norma en 2005 (la edición que comento) y por Planeta en la colección Grandes Sagas más recientemente. Se trata de un comic para el que han pasado los años y aunque guionizado por autores competentes e  ilustrado por uno de los mejores dibujantes de la historia del comic de superhéroes, posiblemente en su mejor momento creativo, bastante decepcionante.

Este fue el primer macroevento del universo DC post-crisis, presentado aquí  sin sus cruces con otras colecciones y reducido por tanto a su mínima expresión, el armazón básico de un argumento que pretendía ser mucho más grande.  Nos encontramos de primeras con un producto que resulta mucho menos ambicioso que la genial saga de Wolfman y Perez, tanto en escala (no se puede reinventar el universo cada dos años) como en resultado, aunque consigue el objetivo inmediato de entretenernos durante unos minutos y poco más.

En las páginas del comic se cruzan los caminos de diversos héroes de la editorial, en sus nuevas versiones, enfrentados a una conspiración de Darkseid para eliminar a los superhéroes de la Tierra, volviendo contra ellos a la opinión pública y haciéndoles dudar de su papel en el universo. Para ello envía a la tierra a su secuaz Glorious Geofrey, un pérfido manipulador  que comienza una campaña de difamación con un éxito arrollador, que culmina con una orden gubernamental que prohíbe actuar a los justicieros. Aunque la idea en su misma pueda ser atractiva, ecos de obras tan diversas como Watchmen o Civil War, la  forma de resolverla es plana y pueril. 

En general resulta un comic terriblemente anticuado, incluso más de lo que su fecha podría hacernos pensar. Apenas hay caracterización de los personajes principales, siendo los únicos que destacan mínimamente los secundarios Blue Beetle y Guy Gardner (futuros componentes de la descacharrante Liga de la Justicia de Giffen y DeMatteis), y en general la moralina de la historia (con subtexto político incluido) resulta algo estomagante y cursi.

No hay, por ejemplo, ningún amago de debate o consideración sobre distintas opciones o diferentes opiniones entre los héroes que dejen espacio a cierta polémica (o incluso a una aceptación renuente de a misma) ante la orden presidencial o ante la situación general. Los héroes aceptan la orden... hasta que dejan de aceptarla, sin solución de continuidad.   El uso del Capitán Marvel y sus dudas en su papel, tras creer que con sus poderes ha matado a un villano, también tiene cierto potencial pero el desarrollo no está a la altura de la idea e igualmente se resuelve de la forma más simplona posible.

Algunos de los problemas parecen derivarse de un problema de coordinación; el trasfondo de muchos personajes estaba todavía hasta cierto punto en el aire y resultaba arriesgado meterse demasiado en cuestiones de continuidad que los autores de las colecciones principales de cada personaje. Por eso la aparición anecdótica de Wonder Woman o la ausencia de una personalidad característica en Jason Todd, simplemente los cambios iniciados por George Perez o Dannis O'Neill no habían sido adecuadamente trasmitidos a Ostrander y Wein.

La mayoría de los diálogos son artificiosos y, en muchos casos, sobrantes; empeñados en volver a decirnos lo mismo que vemos en los dibujos o explicar cosas que no  necesitan explicación. Los continuos recordatorios de lo ya sucedido, a veces por medio de personajes que recapitulan los acontecimientos, a veces por medio de textos de apoyo,  resultan cargantes en la lectura de la miniserie como un todo (e incluso parecen excesivos para una serie mensual) Además, sin los cruces con otras colecciones, las apariciones del profesor Ivo, Cosmic Boy o el Señor de la Guerra (Travis Morgan), por poner varios ejemplos, quedan sin explicación y  sin ninguna conclusión, apareciendo y desapareciendo sin continuidad.

El dibujo de Byrne y el entintado de Kessel es uno de los pocos puntos positivos, aunque no este a la altura de otros de sus trabajos de la misma época (como su relanzamiento de Superman), consigue eficazmente retratar y distinguir a los diferentes héroes y villanos mucho mejor de lo que lo hacen los diálogos. 

También considero un acierto la temprana inclusión del Cuarto Mundo de Jack Kirby en este nuevo universo DC post-crisis y la transformación de Darkseid en uno de los principales villanos de esta continuidad, de una forma que nunca lo hizo en la anterior. También es un interesante añadidola creación de la versión moderna del Escuadrón Suicida, y la aparición de Amanda Waller, resulta refrescante, y daría como resultado posteriormente una serie muy interesante, guionizada por el mismo John Ostrander.

Entre las diversas curiosidades mencionar la presencia en muchas de las páginas del por entonces presidente Reagan, hablando de tú a tú con un Superman que nunca ha parecido más servil (excepto quizás en las páginas del Regreso del Señor de la Noche), el uniforme menos revelador de Canario Negro, de escasa vida editorial,  la presencia de un villano trasunto del editor de marvel Jim Shooter (Sunspot), la forma en que Batman abandona a su pupilo ante una multitud enfurecida o la constatación del intento de rebajar el poder de algunos héroes en esta "nueva continuidad", especialmente Flash. También es peculiar, teniendo en cuenta el tema de la miniserie y los otros personajes presentados, la aparición menor y a casi improvisada de Wonder Woman. 

Puntuación: 3/10
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