domingo, 12 de febrero de 2017

Cosas para leer: Poco mejor que una bestia por Tom King,Gabriel Hernandez Walta y Michael Walsh


Llega finalmente a las librerías el segundo tomo de la colección de la Visión, cerrando las tramas planteadas en el primer tomo y dejando a los personajes en una nueva situación coherente pero fundamentalmente diferente a la anterior y plantando semillas para una continuación quizás algo más esperanzada que el tono desencantado que nos dejan estos magníficos 12 números.

El primer número de este tomo rompe la unidad estética de la colección, siendo dibujado por Michael Walsh en un estilo que intenta imitar, el del dibujante regular tarea en la que es ayudado por la misma colorista que acompaña a Hernández Walta, Jordie Bellaire. Se trata de un número que resuelve una de las dudas abiertas en los números anteriores, a quien pertenecen los esquemas neuronales de Virginia. Al mismo tiempo sirve como repaso de los momentos fundamentales de la historia de la Visión, mostrando el cariño del guionista por ciertos fragmentos de la continuidad del personaje. La forma en que una escena repetida en dos momentos distintos del tiempo enmarca el número sirve como ejemplo del estilo minucioso, preciosista incluso, de escritura de King.

Vuelve al dibujante regular en el siguiente número y, aparentemente, se nos presenta como un momento de paz en el tono general de la serie, introduciendo en la serie al personaje menos conocido de la amplia familia del vengador carmesí: Victor Mancha. Pero lo que parece un descanso es sólo otro paso más hacia el final previsto, ¿o no?, por Agatha Harkness en el número anterior. El tema de la predestinación, la programación en el caso de los personajes que nos ocupan, juega un papel fundamental en esta etapa. 

El uso general de los textos de apoyo como contrapunto y contradicción de lo que nos muestran los dibujos, esa sensación de disonancia, sigue siendo un elemento fundamental en la narración, que conduce los sucesos a una conclusión trágica aunque lógica. Quizás a veces el uso de la estructura es demasiado "perfecto", quizás incluso un poco artificioso, cómo cuando el relato se cierra con una vuelta a uno de los elementos presentados, magníficamente, en el primer número de la colección. 

El dibujo de Hernández Walta continúa sirviendo para retratar la extraña vida suburbana de esta peculiar familia, la arquitectura de la vivienda sirve como marco de los momentos más dramáticos. Aunque en este tomo encontramos algo más de acción tradicional siguen siendo los momentos cotidianos, con el discordante elemento fantástico, los que destacan por encima de todos. La fuerza visual del dibujo se ve ayudado por el color de Jordi Bellaire, que utiliza distintos esquemas de color para representar distintos momentos narrativos.  

Puntuación: 9/10
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