Cosas para leer: San Bartolomé Integral por Pierre Boisserie y Éric Stalner


La matanza de San Bartolomé es uno de los hechos fundamentales de las guerras de religión en Francia y este comic, a lo largo de sus 170 páginas, profundiza en aquellos sangrientos días para ofrecernos una crónica de esos dramáticos sucesos. Para ello utiliza como hilo conductor los infortunios del barón Elias de Salvaterra, un noble menor hugonote que participa en la comitiva que acompaña a Enrique de Borbón a París para su matrimonio.

Pierre Boisserie y Éric Stalner, firman el guión al alimón, mientras que Stalner se encarga además del dibujo. Son autores con una amplia experiencia en variedad de géneros que además ya han trabajado anteriormente en otras serie juntos como La Croix de Cazenac o Voyageur y parecen compenetrarse bien. 

La historia repasa las principales figuras del escenario político y sus intrigas. Guisa, Coligny, Borbón, Carlos IX, Margot o la reina madre juegan sus papeles y mueves sus fichas. Mientras un puñado de personajes menores, Salvaterra y su familia, la cortesana  Juana, algunos burgueses de París, sitúan el drama al nivel de la calle y muestran, a veces con crudeza, los resultados de dichas maquinaciones.

El dibujo combina algunos rasgos caricaturescos en los rostros con escenas sangrientas y una interesante recreación de calles y palacios. Los personajes históricos son también recreados, con rostros que no siempre recuerdan a los testimonios pictóricos conservados, tal es el caso de un Enrique de Guisa que carece de toda cicatriz facial (que le valió el apodo de Le Balafré ), por ejemplo. Como ya he mencionado algunos rostros adquieren un aire caricaturesco mientras que otros obedecen a una clasicismo idealizado. 

Con un prologo que sirve también como introducción histórica, algunos breves interludios en el pasado, y un epílogo, que sirve para cerrar el círculo, la acción se sitúa en ese espacio de días entre las fiestas de la boda y el final de la masacre. 

Este marco temporal limitado crea cierta sensación de encierro, de inacabable tensión supongo que intencionado. Lo que no sé si es  intencionado es la sensación de que a veces los personajes tienen poco que hacer en unos sucesos que parecen desarrollarse por su cuenta propia, sin que ninguno de ellos (ni los grandes ni los pequeños) puedan hacer nada para evitarlo. 

El final de la trama familiar de los Salvatierra, entretejida con los grandes acontecimientos, deja quizás algo colgada la conclusión de estos últimos, dejando demasiado en el aire algunos elementos bosquejados en sus páginas, y el destino de algunos personajes se establece fuera de página, de forma algo abrupta. 

La simpatía de los autores, lógicamente, cae del lado de las víctimas y, por ello, de los que se convierten en principales víctimas de estos trágicos acontecimientos: los hugonotes, y queda por tanto a los católicos el papel de verdugos.

Esta división no es universal ni simplista, no deja de haber personajes católicos positivos y sombras en algunos hugonotes, pero las circunstancias históricas elegidas convierten a la turba (católica) parisina, y a los líderes del bando ultra católico, en encarnación del fanatismo; pero también de la hipócrita utilización de la violencia para fines egoístas, bajo el disfraz de la fe, que los guionistas deploran.

Esta visión es común a muchas obras francesas que giran en torno a esta época, que se tiñen además de la admiración general, casi idealización, hacia el papel histórico de Enrique de Borbón, y puede verse tanto en los Pardaillan de Zevaco como en la Crónica del reinado de Carlos IX de Merimeé (por citar dos obras características).

Una de las razones es, posiblemente, la tradición laica francesa post-revolucionaria, pero también de la no menos importante visión nacionalista, que ve en las guerras de religión, y el fanatismo que las alimenta, un momento extremo de peligro para la supervivencia de la nación francesa (concepto, por otra parte, anacrónico para el siglo XVI) y al primer monarca Borbón como su salvador in extremis.

La historia de San Bartolomé es el drama de Francia... aunque más tarde la unidad religiosa se consiguiera a costa de la derrota militar y la expulsión de esos mismos protestantes, bajo la misma dinastía de Borbón.

La recreación de paisajes y ambientes arquitectónicos está muy conseguida, con los pasillos y escalinatas del Louvre, las casas particulares de algunos personajes y las callejuelas de París enmarcando algunos de los momentos más dramáticos. El vestuario, parte importante de la recreación histórica, sirve para distinguir a los recargados nobles católicos de los, quizás exageradamente, sobrios protestantes, pero también a la nobleza del pueblo.

Una curiosidad, que ya habréis notado en la reseña, es que todos los nombres propios franceses aparecen traducidos, incluido el patronímico del protagonista (Élie de Sauveterre en el original). Esto, que es común para los reyes, y algunos nobles, me resulta hay algo extraño, incluso un poco anocrónico en el uso. 

Por lo demás nada criticable en la edición integral realizada en España Ponent-Mont, apenas unos meses después de la aparición del tercer (y último) tomo en el país vecino, uniéndose a otras publicaciones similarmente situadas en los siglos XVI y XVII, y que tocan temas análogos, como el Maestro de armas (ya reseñado aquí), el Mosquetero (serie de la que realice una reseña para los amigos de la Soga), la monumental las Siete vidas del Gavilán (a la que debo, también, reseña) o la edición integral de la larga serie Los caminos de Malefosse.  

Puntuación: 7/10
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