Cosas para ver: Gotham (temporadas 1 a 3)


La serie comienza con un tono policiaco bastante convencional, con la peculiaridad de situarse en la ciudad que en el futuro será el hogar de Batman, e intentos de drama más o menos serio. La trama principal de James Gordon (Ben McKenzie) junto con su compañero Harvey Bullock (Donald Logue), intentando limpiar la policía de Gotham, se ve interrumpida por los planes a largo plazo de los criminales, incluido el Pingüino (Robin Lord Taylor), Carmine Falcone (John Doman) y Fish Mooney (Jada Pinkett-Smith), y el drama familiar de Bruce Wayne (David Mazouz), del que Gordon parece sentirse responsable. De forma independiente el personaje de Selina Kyle (Carmen Bicondova) se cruza en esos distintos argumentos y, en cierta forma, los interrelaciona. 

En la parte policial quizás los misterios carecían de un gancho o una estructura conseguida, con resoluciones que no justifican el misterio. La influencia de Gotham Central está muy presente y elementos típicos de las series de policías: asuntos internos o las presiones de la fiscalía, por ejemplo, parecen jugar un papel importante. La comisaría, y sus distintos personajes, forman también una parte importante de la trama.

Con las temporadas, sin embargo este drama policial ha ido dejando paso a un ambiente más extraño y el tono dramático serio a otro casi burlesco, más exagerado e histriónico. El papel de los otros policías, excepción de la figura del comisario, se desdibuja (especialmente en la tercera temporada) y así personajes como Renee Montoya, Crispus Allen o Harvey Dent, desaparecen de un plumazo. 

Por ejemplo toda la historia de Barbara Kean (Erin Richards) pasa de lo dramático a lo absurdo, en un desarrollo de personaje que parece aleatorio, en su intento de ser sorprendente, con un injustificado descenso a la psicopatía y luego una exitosa carrera criminal (en que termina asumiendo el papel que en un principio tenía Fish Mooney). 

Tampoco las vueltas y revueltas del estatus del Pingüino, cuya posición al frente del crimen de Gotham nunca parece justificada por su capacidad, son igualmente increíbles. Pero quizás la evolución más extraña sea la de la ya mencionada Fish Mooney, cuyas desventuras a manos de científicos locos son difíciles de asumir en el marco planteado en los primeros episodios y transforman el personaje hasta el limite de no ser reconocible. 

El papel del joven Bruce Wayne es también incómodo y es resuelto a veces con torpeza, ya que lo más que podemos esperar es que se nos desvelen fragmentos de como se convertirá en Batman en el futuro... y, por lo que sabemos, el guión impedirá cualquier daño que pueda sufrir hasta entonces. Los secretos en torno al asesinato de sus padres, en el que aparece implicada más gente cada vez, se van volviendo más y más remotos y, en realidad, intrascendentes.

Al mismo tiempo Selina va perdiendo entidad como personaje independiente, convirtiendo sus aparciones y sus tramas en dependientes de las de Bruce Wayne y eliminando o dejando sin desarrollar elementos perfilados en un principio; por ejemplo su papel como protectora de otros niños de la calle parece quedar olvidado, especialmente cuando en un extraño giro deciden convertir en adulta (dando lugar a algunos momentos que, personalmente, me resultan bastante sórdidos) a Ivy Pepper (interpretada sucesivamente por Clare Foyle, Maggie Geha y, en la cuarta temporada, Peyton List).

En general la afición por los finales (de episodio, de temporada, etc.)  impactantes, y tramposos, también se va acentuando a lo largo de la serie. Personajes son congelados, disparados, tirados de ventanas, apuñalados... sólo para volver sanos y salvos en un episodio posterior, a veces justo a continuación, sin en la mayoría de los casos una explicación o justificación medianamente lógica o un esfuerzo por hacer creíble este paso. El hastío de ver como un personaje importante es asesinado, y saber que no durará mucho en este estado, me provoca una indiferencia pasmosa por lo que está pasando ante mis ojos. Por ejemplo el último episodio de la tercera temporada muestra la aparente muerte de, al menos cuatro personajes importantes, y mis apuestas son que ninguno de ellos permanecerán en ese estado mucho tiempo (he hecho un poco de trampa mientras escribía este artículo, así que ya sé la respuesta y he decir que casi acierto al 100%).

La serie sigue atrapada, voluntariamente, en la estética y la ética Nolaniana, que lleva a que los planes de los sucesivos villanos sean casi intercambiables y remedos del del Ra's al Ghul de la trilogía del Caballero Oscuro. En el plano estético, sin embargo, estas influencias y el cuidado trabajo de producción dan como resultado una serie visualmente muy conseguida, con un acabado muy cinematográfico, con ocasionales traspiés en su intento de adaptar elementos estéticos del comic a su propio lenguaje. La ciudad de Gotham se perfila como un lugar casi real, con su extraña mezcla de elementos contemporáneos y retro.

Hay otras cosas destacables, pese a los puntos negativos, el difícil  papel de Edward Nygma, pese al mismo esfuerzo recurrente por sorprender a toda costa, es dominado por Cory Michael Smith y sus inflexiones, convirtiéndose en mi personaje favorito. Por otro lado, aunque resulta difícil de asumir su papel como héroe de acción (y la manga ancha que la policía le concede), Alfred Pennyworth (Sean Pertwee) resulta el personaje que consigue hacer creíble la parte emocional de muchos episodios frente al jovencísimo Bruce Wayne. También el Sombrero Loco (Benedict Samuel) resulta divertido de ver en sus apariciones, aunque quizás no se le saque el máximo provecho. 


Puntuación: 4/10
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