Cosas para (re)leer: el Sueño Eterno de Raymond Chandler






En la novela hard-boiled, asociado especialmente a la revista pulp Black Mask,  siempre existen un puñado de nombres que se repiten como fundadores y máximos representantes del género: el pionero Carroll John Daly, Dashiel Hammet, James M. Cain, quizás mencionen también al más tardío Mickey Spillane o a Chester Himes y, por supuesto, Raymond Chandler. El personaje por antonomasia de
Chandler es un personaje que parece poco adecuado para convertirse en escritor de hard-boiled y en uno de los principales creadores del estilo literario. Aunque nacido en Chicago en 1888, desde 1900 a 1912 vivió en Gran Bretaña, estudiando en una prestigiosa escuela privada y trabajando durante un tiempo para el almirantazgo, aunque probó suerte como periodista y escribió algo de poesía ni sus circunstancias ni su estilo parecían prefigurar de ninguna manera su peso en la ficción policíaca. Tras servir en las trincheras de la Gran Guerra (e iniciar la instrucción como piloto en la RAF, interrumpida por el fin del conflicto) y solo recaló en la litaratura criminal tras perder su lucrativo trabajo en una empresa petrolera en 1932, con 44 años y, según sus propias declaraciones, imitando a Erle Stanley Gardner (el creador del famoso abogado Perry Mason)

El Sueño Eterno (en inglés The Big Sleep) es la primera novela de Marlowe, publicada en 1939 tras varios años escribiendo relatos en Black Mask. Como curiosidad para el aficionado lovecraftiano (en su acepción más amplia) cabe mencionar que uno de esos relatos, la historia de 1938 The King in Yellow hacía una referencia a la obra de Chambers. En ella el detective (que originalmente no era Marlowe) observa el cadaver, vestido con un pijama amarillo, del trompetista King Leopardi y eso le recuerda a un libro que leyó una vez, titulado, evidentemente, el Rey de amarillo.

El detective Philip Marlowe es, junto con el agente de la continental de Hammet, el patrón y modelo de todos los detectives privados que han poblado las pantallas y las páginas impresas, inteligente pero sobre todo astuto, envuelto en una constante ironía que oculta quizás al único personaje honrado en un universo corrupto.  
La novela está escrita, como gran parte del género, desde el punto de vista del detective, que nos cuenta el caso en primera persona, pero la narración ofrece poca profundidad psicológica y aún menos una perspectiva mental de la investigación, nunca va más allá de los acontecimientos; Marlowe pocas veces comparte sus sospechas o sus deducciones con los lectores, manteniéndose uno, o varios, pasos por delante de nosotros hasta la resolución final. Sabemos más sobre el físico, la mente y la historia de cualquiera de los personajes que cruzan sus camino con Marlowe que de la vida interior y el pasado del detective.

La novela se abre con una de las introducciones de personajes más memorables que se pueden realizar (tanto que ha sido imitada hasta convertirse en un tópico), cuando Marlowe conoce a su cliente, el anciano General Sternwood que desea contratarle para descubrir quién está detrás de un intento de chantaje contra una de sus díscolas hijas, Carmen. Marlowe no tardará en cruzarse con Carmen y con su hermana mayor, Vivian, que cree que su padre en realidad le ha contratado para localizar a su desaparecido marido, Rusty Regan.

En la trama se van mezclando diversos personajes, pornografos, asesinos y proxenetas, pero también agentes de la ley y algún político, mezclados en una trama en que pronto se multiplican los muertos y se mezclan lo más diversos delitos. Marlowe continúa investigando y no dejándose llevar por las tentaciones que surgen en su camino, enfrentandose con igual habilidad a las escenas de interrogatorio y a los ocasionales estallidos de acción. 

A veces se ha dicho, yo mismo lo he comentado en ocasiones,  que la novela de misterio se justifica a menudo por su final, la forma en que todos los hilos que ha manejado la trama se cierran y como se explica el misterio, en ese sentido la novela es un poco decepcionante: la gran resolución no es tal y, en realidad, no resuelve más que una pequeña parte de todas las tensiones y tramas planteadas a lo largo de las páginas anteriores. Pero en este caso lo que Chandler nos ofrece no es una historia de misterio, si no una historia sobre (y en torno) a ese misterio y, sobre todo, en torno a Marlowe, el mismo autor defiende en  la introducción de una de sus colecciones de historias Trouble is my business (1950)  que está ruptura de los principios del whodunit era una característica consciente, una técnica la ficción al estilo de la revista pulp, donde el "el misterio ideal sería uno que leerías aunque faltara el final"

Resulta curioso comparar la novela con la mítica adaptación cinematográfica de 1946, protagonizada por el Marlowe icónico de la pantalla, el gran Humprey Bogart, y dirigida por Howard Hawks. Algunos de los cambios, dar mayor importancia al papel de Vivian (maravillosa Lauren Bacall), cambiar el final para dar una mayor sensación de cierre, simplificar o eliminar tramas secundarias,.. derivan de necesidades narrativas pero lo más llamativo, para mi, son los elementos que no pudieron pasar el filtro de la censura. Las referencias a pornografía, a la homosexualidad o incluso a la desnudez desaparecen o se vuelven tan oblicuas que casi pasan desapercibidas.


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