viernes, 8 de enero de 2010

Cosas para ver: Solomon Kane

Vaya por delante que soy un fan de Howard y un fan del espadachín puritano que nos ocupa, que he leído sus relatos un buen montón de veces y en este película esperaba, pese a las poco prometedoras declaraciones de todos los implicados, ver a ese personaje sobre el que había leído. Lamentablemente la película tiene muy poco de los relatos, prácticamente nada y quizás por contraste entre lo que esperaba (más bien deseaba) ver y lo que he visto quizás no he visto otras virtudes que podría tener el film.

La película comienza en algún lugar impreciso del norte de África, allí nos encontramos a Solomon Kane y sus hombres en el año 1600 (con una Union Flag al viento) saqueando una ciudad no nombrada. Vemos un cruento combate y pronto, demasiado pronto para mi gusto, entra en escena el elemento sobrenatural, un ser demoniaco aparece y reclama el alma de Kane por sus múltiples pecados. Este asustado, en una forma muy poco característica del personaje, decide "esconderse" en un monasterio en Inglaterra (si, un monasterio en Inglaterra, en 1600… en fin) donde se convierte en un hombre de paz y se tatúa cruces y símbolos de protección por todo el cuerpo (de nuevo…) pero debe abandonarlo cuando el abad, siguiendo al parecer un sueño enviado por Dios (...), le expulsa. En su peregrinación conoce a un grupo de puritanos que se dirigen al Nuevo Mundo, con los que trabará una amistad que le afectará profundamente, especialmente con el cabeza de familia interpretado por Pete Postlethwaite. También conocemos algo más de la infancia y el pasado del personaje (de nuevo nada que ver con el Solomon de Howard) hasta que los villanos hacen su aparición.

Estos villanos son una especie de ejército formado por bandidos poseídos por alguna clase de poder sobrenatural y comandados por un individuo de aspecto siniestro, mudo y con una máscara de piel humana. Estos secuestran a la hija de los puritanos y es entonces cuando Kane más se parece al personaje original, durante unos minutos al menos. Aquí también se introduce la escena que más me gustó de toda la película y la que creo más en consonancia con el Kane literario, cuando este se refugia en lo que parece una iglesia abandonada y descubre al medio loco pastor y a su "rebaño". Poco más que contar sobre la trama sin hacer demasiados spoilers aunque la verdad es que para mí fue perdiendo interés en cada nueva supuesta revelación. Aparece un nuevo grupo de personajes, que apenas consigue desarrollar personalidad, se imita una de las escenas más míticas de Conan el Bárbaro y se produce el sorprendentemente poco emocionante combate final (poco emocionante y además un poco estúpido)

La ambientación de la película resulta encomiable para el presupuesto utilizado, aunque para mi gusto inciden demasiado en la parte fantástica y demasiado poco en la parte histórica de la misma. Los villanos y su ejército parecerían más a gusto en la Tierra Media de Peter Jackson (que no en la de Tolkien) que en la Inglaterra entre los siglos XVI y XVII. Y es que en ningún momento parece haber habido ningún esfuerzo de documentación en ese sentido, confiando en la famosa "historia versión Hollywood" para dejar caer unos pocos tópicos sin demasiada elaboración. Recordemos que aunque en los relatos de Howard nos encontramos con civilizaciones perdidas y similares el autor los sitúa en regiones remotas, desconocidas, no en el patio trasero de Isabel I y que en general el tejano intentaba documentar adecuadamente sus aventuras históricas (al menos mientras se movían en terreno conocido)

James Purefoy físicamente no queda mal como Kane, si bien yo siempre me lo había imaginado más pulcro, más delgado y mucho menos expresivo, pero lamentablemente el personaje da tantos bandazos y cambios de carácter que no parece saber muy bien a qué carta quedarse (además se pasa demasiado tiempo inconsciente para mi gusto) La trama familiar que le endilga el guión tampoco ayuda, cayendo en puros tópicos completamente innecesarios que es mejor ni mencionar pese a la aparición en el poco agradecido papel de padre de Max von Sydow. No queda nada del imperturbable justiciero de los relatos, ni del alma viajera, ni siquiera de su compromiso religioso (aquí ya digo es más que nada puritano de vestimenta, y casi de casualidad)
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