lunes, 20 de diciembre de 2010

Cosas para leer: Hellboy, la Cacería Salvaje


La colección de Hellboy ha cambiado mucho a lo largo de los años; a cualquier que coja este último tomo, o el anterior La oscuridad llama, lo primero que le llamará la atención es el cambio en el dibujante: Mike Mignola, el creador que nos fascinó a todos sobre todo por la fuerza visual de su estilo, su capacidad de sugerir volúmnes y formas con unas pocas lineas y manchas de color, ha dejado los lápices en manos de un autor, igualmente hábil que combina elementos distintivos del "estilo Mignola" con su propio ojo para el detalle y la caracterización aunque quizás carezca de la fuerza del autor original. El dibujo de Mignola ha evolucionado hacia la abstracción a lo largo de su carrera, con una estilización cada vez más marcada de los personajes y los escenarios que ha llegado a extremos que parecen propios del descuido, y resulta curioso que precisamente eliga a un dibujante mucho más detallista para tomar su relevo. El creador de la serie sigue realizando las portadas, siguiendo su estilo más común, montaje de elementos variados, con un paleta limitada de colores y sobre fondo negro.

Pero para mí el cambio es mucho más profundo que este de dibujante. El mismo nucleo de la historia se ha desplazado, en parte dejando de lado las raices pulp para volcarse cada vez más en el folklore tradicional, dos elementos que en las primeras historias estaban más o menos equilibradas. Comparemos los elementos que componen la primera miniserie del personaje, Semilla de destrucción: nazis, deidades lovecraftianas, demonios, exploración ártica/hiperbórea..., cierto que ya en la segunda miniserie a estos elementos se unen otros, la presencia de Hécate o de Baba Yaga, más mitológicos, pero aún esos elementos pulp continuaban siendo fundamentales. Sería sobre todo a partir de la historia titulada el cadaver cuando comienza este giro faérico de la historia. En estos dos últimas miniseries, por otro lado, los elementos principales son las hadas, entendido esto en un sentido amplio y no en el sentido reestrictivo que esta palabra suele tener en castellano, y en el último caso la leyenda artúrica.

Personalmente soy muy aficionado a leer material sobre mitología, los cuentos de hadas y la leyenda artúrica, todos ellos son temas que me encantan y que resulta interesante ver en un comic. Pero siempre me ha parecido que mezclar ese material con otros elementos del género de terror es muy difícil, sin hacer que unos u otros elementos queden supeditados a los otros y que se pierda la sensación meramente terrorífica y entre en terrenos más propios de la fantasía épica. Mignola lo intenta pero genera una historia con dos texturas muy diferenciadas, cuyo encaje no termina de funcionar.Desde un punto de vista meramente argumental parece contradecir algunos de los presupuestos de la serie, o al menos complicarlos exceisvamente, como lo hacen las explicaciones divergentes sobre el papel de Hellboy en el plan general. Está, es necesario decirlo, mejor escrito que esas primeras miniseries, y parece que efectivamente Mignola tiene ahora un plan para acabar con su historia y con su héroe, un plan al que todo se dirige y que es algo que podíamos dudar anteriormente.

Puntuación: 6/10
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